Una nave destartalada y a la deriva

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Lo que podríamos llamar “crisis” generada alrededor de la entrada en Ceuta de decenas de miles de ciudadanos/as marroquíes y algunos subsaharianos, ha puesto de manifiesto por enésima vez, pero en esta ocasión con una intensidad extrema, la incapacidad del Régimen y de su actual Gobierno de afrontar con un mínimo de rigor y seriedad cualquier problema que requiera algo más que puro postureo mediático. Podríamos decir que están totalmente fuera de juego. Y hablamos del Régimen y no sólo del Gobierno, porque si éste estuviera compuesto por las llamadas fuerzas de la oposición, las cosas serían en lo esencial similares. A Pedro Sánchez en particular habría que recordarle que es en circunstancias como las actuales cuando se demuestra capacidad de liderazgo y gobernanza, pero está metido en su cueva y de vez en cuando se conecta por internet. Menuda vergüenza.

Lo de Ceuta, como otros muchos problemas (incluyendo la situación económica, por mucho que intenten ocultarla y maquillarla con publicidad engañosa), no se resuelve en las tertulias periodísticas ni en los medios de comunicación a través de mercenarios o similares. Esto les sirvió durante un tiempo, pero ya se ha acabado.

A este respecto, aportamos dos datos sobre la economía que consideramos de interés. La deuda pública en España alcanzó en junio el 101.5% sobre el PIB, es decir, 1,763 billones de euros, subiendo un 4,2% con respecto al mismo mes del año anterior. Por otro lado, el déficit comercial se disparó un 30% hasta junio: hubo un aumento de las importaciones hasta los 233.914 millones, es decir, un 5,2% más, cuando las exportaciones solo crecieron un 2%, hasta los 201.133 millones. Dicho en cifras concretas, el Estado español tiene un saldo comercial negativo en los primeros seis meses del año de 32.781 millones de euros.

El Gobierno cada día está más aislado y tiene en su contra a sectores cada vez mayores de la sociedad, y no esencialmente a la gente que se identifica con la derecha. Es simplemente de sentido común al descubrir cómo roban y mienten como bellacos.

Cientos de personas levantaron chozas en la Playa del Trampolín

Los primeros días después de la entrada de decenas de miles de personas en Ceuta, decían que únicamente habían quedado en la ciudad alrededor de 1.500 jóvenes, contra toda evidencia empírica. Casi tres semanas después admiten que serán más bien unos 8.000 o 9.000. No hace falta tener “servicios de inteligencia” profesionales para comprobar esto, simplemente hay que tener voluntad de conocer y transmitir la verdad.

Lo de Ceuta pone de manifiesto una realidad que muchos quieren olvidar, pero ahí permanece, y en situaciones críticas se expresa con claridad: los diferentes posicionamientos de clase ante cualquier problema, especialmente ante uno como éste. En los barrios populares de Ceuta la gente está haciendo lo posible para dar una acogida humanitaria y con solidaridad de clase a la gente que ha quedado abandonada por las instituciones, especialmente a las mujeres jóvenes. Es una evidencia que ha habido numerosas violaciones, y aún más agresiones sexuales. Únicamente las mujeres de los barrios populares han demostrado una actitud solidaria ejemplar. Ninguna organización progre ha hecho nada al respecto.

Como señalábamos en nuestro primer editorial sobre esta cuestión, el asunto de Ceuta así como el de Melilla es un problema estructural que no se resolverá hasta que su soberanía sea devuelta a Marruecos. Pero ello tiene que ir enmarcado en un proceso global de entrega de la soberanía de Gibraltar al Estado español. Sólo de esta manera el plan puede tener legitimidad y contar con amplios apoyos sociales. A los ciudadanos/as de Ceuta y Melilla habría que darles alternativas, incluyendo la reubicación en territorio peninsular, sí así lo desean. Seguir engañando a la gente sobre lo “españolísimas” que son las ciudades de Ceuta y Melilla -y con argumentos tan ridículos como que el Régimen actual marroquí no existía cuando esas plazas fueron conquistadas manu militari por Portugal y Castilla- es una auténtica majadería y denota ignorancia sobre la realidad histórica. Desde 1667 los territorios que hoy abarca el Estado de Marruecos y algunos más están gobernados por la dinastía alauí, que ahí permanece, y antes estuvieron administrados por otras. Los problemas complejos hay que afrontarlos con rigor y seriedad, y además de resolver las cuestiones inmediatas -algo que obviamente no se está haciendo- hay que elaborar un plan estratégico para dar una solución cabal y definitiva a esta cuestión.

Migrantes desalojados de la playa del Trampolín en Ceuta. EFE/Reduan

Mucha gente se pregunta, nosotros/as también, el porqué del temor casi patológico del actual Gobierno español al Régimen alauita, temor que le ha llevado a hacer todo tipo de concesiones antidemocráticas a las pretensiones de Marruecos (empezando por la aceptación de la “solución marroquí” para el Sáhara, que consiste en la autonomía del territorio dentro del Reino alauita, cuando la posición tradicional española fue la de apoyar la decisión de la ONU basada en un proceso de autodeterminación, con la consiguiente consulta a la población saharaui sobre su deseo sobre el futuro de su pueblo). Se suele relacionar ese temor con el espionaje telefónico realizado contra importantes personajes del actual Gobierno, como el propio presidente, el ministro del Interior, la ministra de Defensa, etc. Da la impresión de que queda poco por conocer respecto a la vida de estos personajes, y la trascendencia de lo que pudiera aparecer tampoco sería espectacular. Nos tememos lo peor y más bien creemos que la cuestión pueda tener que ver con el atentado del 11-M de 2004 y las implicaciones en él del aparato de seguridad marroquí y algunas fracciones de la propia seguridad española.

Niñas en Ceuta

Es conveniente recordar que la Iª Restauración borbónica cayó en buena medida condicionada por las complicaciones que el ejército y la clase política española de la época tuvieron en Marruecos. Tal como van las cosas, no es para nada descartable que esta crisis lleve a un extremo debilitamiento del Régimen que facilite su caída.

El Régimen no es que esté haciendo aguas por todas partes, es que está en pleno proceso de hundimiento. Algunos, como el ministro de Transportes, parece que intentan oxigenarse un poco abanderando una confusa posición antimonárquica. Maldito favor le hace el personaje a la causa republicana; sólo puede contribuir a deslegitimarla entre algunos sectores. Es un buen exponente de la propia autoperspectiva que tienen sobre cómo el buque que hasta ahora les daba cobijo está naufragando.

Un comentario al respecto de la situación de los miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado trasladados a Ceuta. Desde Comuner@s consideramos que hay que hacer cambios profundos en las fuerzas policiales, pero eso no es óbice para que no merezcan unas condiciones laborales y de vida dignas allá donde les desplacen y un mínimo respeto como seres humanos, desde la alimentación a la higiene, etc.

Tiendas de campaña militares tumbadas por el viento en el Embolsamiento de Ceuta, La Vanguardia

Para finalizar este tercer editorial sobre el tema, una última consideración sobre los problemas de salud, que por cierto también están afectando a los miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado. Desde el Gobierno y el Ministerio de Sanidad están ocultando los problemas existentes (cuestión habitual por parte de este Ejecutivo) como la epidemia de sarna que afecta a docenas de personas y que se va extendiendo. También se expanden las gastroenteritis y otras afecciones relacionadas con las condiciones de hacinamiento e insalubridad en que se encuentran miles de personas, incluyendo los problemas de salud mental. Parece ser que se han detectado algunos casos de tuberculosis, pero como la información sobre ello es muy poco detallada es difícil de evaluar; en todo caso, la tubercolosis, a diferencia de la sarna, es una enfermedad de difícil transmisión. No hay que olvidarse tampoco de que la violencia de género es también un gravísimo problema de salud.

Izquierda Castellana, 20 de agosto de 2026.

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