Afrontar un problema, si de verdad se quiere resolver, requiere varias cosas. Primero, conocimiento sobre el asunto; abordaje racional de él, incluyendo estudiar el contexto en que se produce, tanto desde el punto de vista geográfico como histórico; y evitar en lo posible las evaluaciones subjetivas o que tienden a subjetivizar el referido problema.
El asunto de Ceuta hay que enmarcarlo en el complejo escenario por el control, desde hace muchos siglos, del Estrecho de Gibraltar. Es decir, en el paso del Mediterráneo al Atlántico y de África a Europa, y viceversa. Es una obviedad, pero apenas se hace referencia a esta consideración.
Las dificultades en el Estrecho de Ormuz han puesto en guardia a los EEUU y a sus aliados en el mundo, revalorizando la importancia de otros estrechos, y por supuesto el de Gibraltar, por el que transita actualmente el 10% del tráfico marítimo mundial y una gran parte del tráfico militar. Por ejemplo, la flota rusa del Mar Negro, para llegar al Atlántico, tiene que atravesar el Estrecho.

En nuestra opinión, lo ocurrido en Ceuta la semana pasada, y que aún da coletazos, es un ensayo general planificado por Marruecos y consentido de forma absoluta por el Gobierno español. Se ha organizado un debate alrededor de si el ingreso a Ceuta de más de 60.000 personas (la cifra exacta aún no se conoce) fue con o sin la colaboración expresa del Reino alauita. Allá quienes quieran enredarse o invertir su tiempo en esta cuestión de puro despiste. A pocas luces que se tengan, y por pocos conocimientos sobre la realidad del Reino alauita y en general sobre la política exterior de los Estados español y marroquí, no se puede llegar a otra conclusión que la enunciada al inicio de este párrafo. Lo demás son ganas de perder el tiempo o despistar al personal. En este sentido, dentro de las declaraciones institucionales, parecen de lo más decente y sensato las realizadas por el actual Presidente de la Ciudad Autónoma de Ceuta.
En su primera declaración al llegar a Ceuta, Pedro Sánchez se refirió a la situación como “una auténtica invasión”, pero aparte de hacer esa declaración verbal, toda su actitud se orientó como si estuviéramos ante un gran movimiento de decenas de miles de personas, esencialmente marroquíes (sobre todo del norte de ese país), para pasar el fin de semana en la ciudad.
Parece ser que están investigando si entre las personas que pasaron la frontera había agentes de los servicios de inteligencia marroquíes o yihadistas anteriormente expulsados del Estado español. Lo primero es una evidencia, sería estúpido hacer una maniobra de esas características y no infiltrar en ella a miembros de la policía y el ejército vestidos de paisano. Una finalidad estratégica principal de esta operación sería recoger datos sobre la capacidad de resistencia ante una invasión entre las fuerzas teóricamente encargadas de frenarla, así como la repercusión sobre la población civil.
Parece ser que la jueza de la Audiencia Nacional María Tardón ha iniciado un procedimiento para investigar si ha habido un impulso a ese movimiento por parte de alguna mafia, a instancias de una denuncia de la organización Iustitia Europa. Por supuesto que hay mafias detrás de esta operación: no cabe la menor duda de la responsabilidad de la mafia asociada al Régimen y a la monarquía marroquí, y seguramente también, y mano a mano, de las mafias vinculadas al Estado español. Tenemos que poner en muy primer lugar los, al menos, cien muertos que ha habido en esta operación política impulsada por el Estado marroquí y consentida por el español. Sobre alguien tendrá que caer la responsabilidad por esos fallecimientos, que no son puros fallecimientos, sino crímenes.
El avance y el aumento del peso específico del Estado marroquí en el escenario internacional, aupado por los Estados Unidos y en alguna medida por el resto del mundo occidental, se está produciendo en paralelo a la decadencia y pérdida de influencia del Estado español. No vamos a entrar ahora en las razones del asunto, pero dudar de ello es una huida de la realidad. Marruecos cada vez pinta más en el escenario geoestratégico y España cada vez menos, cosa que no es de extrañar teniendo en cuenta que el propio Presidente del Gobierno lleva ya unos días de vacaciones a pesar de la dimensión de la crisis. Su dejación alcanza niveles no solo de irresponsabilidad, sino de criminalidad.
Según diversas informaciones, en las últimas horas bastante matizadas, el CNI no había detectado ningún movimiento que pudiera inducir a pensar en esa “auténtica invasión”, tal como la definió el Presidente del Gobierno en un primer momento. Pero es imposible que sean tan torpes, y de hecho la Ministra de Defensa y algunos medios han cuestionado esa versión. Está claro que Sánchez y sus aliados más estrechos en el Gobierno son capaces de cubrir de mierda a cualquiera de las instituciones del Estado con tal de salirse con la suya.
El Estrecho de Gibraltar y su entorno, además de ser -como decíamos- un espacio por el que transita un porcentaje importantísimo del tráfico marítimo, es un lugar clave para el narcotráfico. En esa zona geográfica tiene el narco una ruta fundamental para el transporte hacia Europa de su mercadería; desgraciadamente esa actividad ha colonizado y degradado significativas partes de Andalucía.
Ceuta está ubicada en territorio africano, y más particularmente enclavada en territorio marroquí. Antes o después tendrá que pasar a la jurisdicción de ese Estado. Empeñarse en negar tal realidad bajo argumentos aparentemente patrióticos es una más de engañar a la opinión pública. De la misma forma es obvio que Gibraltar tiene que pasar a jurisdicción del Estado español, por mucho que los británicos se opongan y el Gobierno español no haga nada para lograr ese objetivo. Sería muy conveniente que el proceso de obtención de la soberanía de Ceuta por parte de Marruecos y el de Gibraltar por parte del Estado español fueran simultáneos. Ello seguramente limitaría algunos de los problemas subjetivos que inevitablemente se van a producir en ese proceso y favorecería la negociación en su conjunto.

Sería fundamental empezar a pensar, en serio, con rigor, con plazos, con información y documentación, en un proceso de negociación que afrontase conjuntamente la cuestión de las ciudades autónomas bajo soberanía española en el Norte de África, en Marruecos, y la situación de Gibraltar como una colonia del Reino Unido, por mucho que los “llanitos” intenten negar tal realidad (también curiosamente con la complicidad del Gobierno español). En ese proceso, que obviamente será largo y complejo, se deberían tener en cuenta y respetar todos los intereses en juego, incluyendo por supuesto los de la población que vive en estas ciudades, pero con un fin inevitable: la resolución del problema actual, que objetivamente y desde el punto de vista estratégico no nos genera ningún beneficio. Las negociaciones para la reincorporación de Hong Kong o Macao al Estado chino son un ejemplo que se podría y debería estudiar, aunque los dirigentes políticos tienen alergia a estas actividades intelectuales.
Para ir finalizando este editorial, sobre cuyo tema de fondo tendremos que volver, aportamos algunos datos sobre Gibraltar y Ceuta:

