El estirón militar de los países miembros de la OTAN —acuciados por el presidente estadounidense, Donald Trump—, la realidad de la amenaza rusa en el frente oriental y la tensión en Oriente Próximo impulsaron en 2025 el crecimiento del gasto en defensa en Europa Central y Occidental a su record desde la Guerra Fría, según los datos publicados este lunes por el Instituto Internacional de Investigaciones para la Paz de Estocolmo (Sipri). En la tabla de los países del mundo que más han aumentado el dinero dedicado a esta partida destaca uno: España.
Cuando más arrecian las críticas de Washington contra el Gobierno español por su falta de compromiso en la defensa común, los datos dan un espaldarazo a Madrid. España encabeza la lista de los 15 países que más incrementaron su gasto militar el pasado año, con un aumento del 50% (hasta alcanzar los 34.200 millones de euros), una cifra récord en los registros de este instituto especializado en el análisis de conflictos y armamento.
Tras varias décadas de caída prolongada de los presupuestos en defensa, en un clima de distensión tras la Guerra Fría, los tambores de guerra en varios frentes internacionales, pero sobre todo en Europa, han vuelto a impulsar el rearme mundial en los últimos diez años. Según las cifras recogidas por el Sipri, el gasto creció desde 2016 en un 41%. Solo el pasado año, el incremento fue del 2,9%, hasta los 2,4 billones de euros.
Dicho de otro modo, la inversión en defensa supone ya el 2,5% del PIB mundial. Con un dato relevante en esta ocasión: la senda es creciente, como lo ha sido en los últimos 11 años, pero en 2025 esa subida fue casi siete puntos inferior a la del año anterior. Esto, en gran medida, por culpa de Estados Unidos.
Sirva la paradoja: en medio de las fuertes presiones a las que Trump somete a sus socios transatlánticos para que multipliquen su carga militar, el gasto en defensa de la primera potencia del mundo cayó un 7,5% durante el pasado año. La cifra absoluta (810.000 millones de euros) está, no obstante, muy por encima de la de sus perseguidores (China, Rusia, Alemania e India) y multiplica por 24 la de, por ejemplo, España.
El freno en seco a la asistencia financiera a Ucrania durante la actual Administración de Trump, a años luz del apoyo material y en metálico prestado durante el mandato del demócrata Joe Biden, ha causado un gran tijeretazo al gasto militar estadounidense. Mientras esto sucedía, Pekín aumentó su inversión en defensa en un 7,4% —y ya van 31 años consecutivos creciendo—.
“Es probable que la disminución del gasto militar estadounidense en 2025 sea efímera”, considera Nan Tian, director del Programa de Gasto Militar y Producción de Armamento del Sipri. Lo presupuestado por el Congreso estadounidense para 2026 supera el billón de dólares (850.000 millones de euros) y podría seguir creciendo si se aprueba la última propuesta presupuestaria del presidente Trump, en medio de ciertas turbulencias tras el fracaso de la operación militar contra el régimen iraní, que ha expuesto los límites de los arsenales de Estados Unidos y la necesidad de impulsar reformas en su fuerza naval.
El pasado junio, durante la cumbre de la OTAN en La Haya, el presidente estadounidense, con la inestimable colaboración del secretario general de la organización, Mark Rutte, logró que los aliados se comprometieran a llevar hasta el 5% del PIB el gasto en defensa. Todos firmaron, pero España logró acordar una senda de flexibilidad: no está obligada a alcanzar la cifra impuesta por Washington, aunque sí a gastar más para cumplir con los objetivos de capacidades militares requeridos por la OTAN.
El club transatlántico ha hecho los deberes y ha multiplicado su gasto, con países a un ritmo vertiginoso como Polonia, que dedica ya el 4,5% del PIB, o Letonia, con un 3,6%. La suma de todos los socios supone ya el 55% del dinero mundial dedicado a la defensa.
Según las tablas reunidas por el Sipri, España dedica al apartado militar más del 2,1% del PIB (un punto más que en 2016). En la última década, el gasto español —en el que se incluye lo desembolsado por el Ministerio de Defensa pero también por organismos asociados, contribuciones a fondos europeos, etcétera— ha crecido un 122%. El estirón del pasado año, del 50%, es notable. Con un parón en 2024, este capítulo del presupuesto ha ido creciendo desde 2020, año en el que el signo era negativo.
Entre los 15 países que más dedican a defensa, España está, por tanto, a la cabeza en crecimiento. Por debajo en el listado hay países con menor gasto absoluto pero mayor incremento, como Bélgica (59%). Por encima en cifras totales están potencias como Alemania (97.000 millones de euros) que, con un 24% de aumento, lleva tres años consecutivos con subidas de doble dígito.
La caída del gasto estadounidense en el primer año del segundo mandato de Trump, a la que se une el retroceso general en el continente americano, se ha visto de algún modo amortiguada por el crecimiento en Europa, de un 14% durante 2025 (735.000 millones de euros). De este empujón responde aún en gran medida la guerra abierta al este de los Cárpatos.
Rusia, pese a registrar su peor incremento desde que lanzó la gran ofensiva contra la vecina Ucrania en febrero de 2022, aumentó el gasto en su maquinaria militar en un 5,9%, una cifra nada desdeñable a tenor de que su industria se ha volcado en el encargo y producción de armamento más barato, como los drones de ataque.
Al otro lado del frente, el Gobierno ucranio de Volodímir Zelenski ha situado a su país en el séptimo lugar de la clasificación de los que más crecen (20%). El dinero dedicado a la guerra ya supone un 40% del PIB del país, según los datos del Sipri, un esfuerzo enorme que depende en gran medida de asistencia extranjera como el préstamo de 90.000 millones aprobados recientemente por la Unión Europea.
Finalmente, el Sipri destaca una caída del 4,9% en el gasto militar de Israel, con varios frentes abiertos, entre ellos, la ofensiva lanzada contra Irán en cooperación con Estados Unidos; la de Gaza, que no cesa pese al alto el fuego; y el frente de Líbano, en el que sigue golpeando a la milicia Hezbolá en plena tregua. Los registros del centro de análisis con sede en Estocolmo muestran, no obstante, que el Estado judío dedicó el pasado año a su defensa un 97% más que en 2022, el año previo al inicio de la última gran ofensiva contra Hamás, y un 120% más que en 2016.