Compañeros y compañeras:
Recibid un saludo solidario de la militancia de la Unión do Povo Galego, y del conjunto del soberanismo gallego, es un orgullo poder participar en este DÍA NACIONAL DE CASTILLA, apoyando a quienes mantenéis en alto la bandera del PUEBLO COMUNERO.
Es un orgullo estar hoy aquí, en el acto de una organización hermana, en un día como el 23 de abril, conmemorando un acontecimiento histórico central de vuestro pueblo, la Revolución Comunera que ha cumplido ya más de 500 años y el año en que se cumplen 50 de esta celebración en Villalar.
Desde la UPG consideramos que siempre, pero con más razón en momentos de confusión como el actual, debemos reivindicar nuestra existencia como pueblos, y nuestra historia.
Estamos viviendo un momento especialmente complejo tanto a nivel internacional como estatal. Un contexto en que se recrudece la ofensiva cultural e ideológica de las derechas, de las posiciones colonialistas y del imperialismo, con la desinformación y la mentira como arma para generar adhesión o, como mínimo, confusión, y donde la batalla de las ideas se torna fundamental para nosotros
El orden mundial y la legalidad internacional construidas tras la segunda guerra mundial está convertida en papel mojado. Si ya teníamos claro que eran instrumentos para, fundamentalmente, legitimar el dominio de los EUA, fueron dinamitados por el propio imperialismo al dejar de serles funcionales en el momento actual en que se opta por una vía de brutal agresividad, sin precisar de justificar actuaciones de invasión, bombardeos y ataques a países soberanos como Irán, el expolio o secuestro del presidente de un país soberano como Venezuela o el genocidio de todo un pueblo como el palestino.
El enorme poder de los EUA en ese orden mundial está fundamentado en su poderío militar -800 bases militares alrededor del mundo- y en la consideración del dólar como moneda de reserva y de las transacciones internacionales, especialmente del petróleo. Durante medio siglo tuvieron el poder de imprimir la moneda que el resto del mundo estaba obligado a usar. Esto facilitó que el dólar pasara a funcionar como un arma de política exterior al ser usado para aplicar sanciones a países que no se sometían a sus pretensiones. Ahí tenemos los casos de Rusia, Irán, Venezuela, Cuba…
Las actuaciones que están llevando a cabo los EUA en el mundo buscan el control de las fuentes de energía, los corredores de transporte, mas también disuadir de la desdolarización y evitar el efecto dominó. Si países petroleros como Venezuela o Irán logran con éxito abandonar el dólar, pueden incentivar otros países a continuación el mismo camino y aceleraría la transición para un sistema monetario internacional multipolar, en el que sus sanciones económicas perderían su fuerza.
Y en este contexto la Unión Europea juega cada vez más un papel de actor secundario. Ni autonomía estratégica, ni capacidad de decisión ni de influencia. Está poniendo los esfuerzos en la creación de un enemigo externo, Rusia, para justificar el aumento del gasto militar, la escalada belicista y desviar la atención de los enormes problemas económicos y sociales que son precisamente consecuencia de esas políticas.
Esta ofensiva imperialista con un militarismo al alza coincide, no de manera casual, con una onda autoritaria a nivel mundial en la que la ultraderecha está ganando posiciones de poder en muchos estados. El crecimiento de la ultraderecha emerge como herramienta para gestionar crisis económicas profundas del capitalismo. Una herramienta a la que el sistema recurre cuando los mecanismos democráticos ya no le sirven para mantener la tasa de lucro y el dominio de clase, tanto a nivel interno como internacional. En esos contextos de crisis, envueltas en retórica demagógica -mismo antisistema- llegan a resultar atrayentes soluciones autoritarias que prometen orden y recuperación.
A partir de la crisis de 2008 y de la recesión por ella provocada, el aumento de la desigualdad económica y la precarización laboral, agravadas por el neoliberalismo y la financierización de la economía, dejaron amplias capas de la población en una situación de vulnerabilidad que provoca desafección con el sistema que, si no es canalizada por políticas de izquierda real es fácilmente manipulable por la ultraderecha, utilizando todo tipo de resortes, entre ellos la busca de culpables entre los sectores más débiles de la sociedad y las políticas en relación con ellos: inmigrantes, multiculturalismo, feminismo… que son presentadas como amenaza a los ‘valores tradicionales’.
En ese contexto, la ultraderecha promueve el «ruido» o caos informativo, mecanismo con el que satura, confunde y modifica las condiciones sociales y psicológicas en que florece. Su función no es convencer, sino confundir, fatigar y paralizar. Una estrategia consciente que sirve para normalizar la anormalidad y ocultar los verdaderos objetivos.
Este fenómeno no es solo cuantitativo (más representación institucional), sino cualitativo: la ultraderecha cambió el eje del debate político, normalizando discursos que antes eran marginales o, por el contrario, relegando y criminalizando debates y derechos que parecían asentados, apretando a las demás fuerzas a adoptar parte de su agenda.
En el caso del Estado español, la ultraderecha es fundamentalmente ultraespañolismo. Los ‘valores tradicionales’ se envuelven en la bandera de España para negar la realidad plurinacional del estado español.
En ese complejo contexto internacional, el Gobierno español juega de forma propagandística a mantener posiciones de cierta independencia a respeto de los EUA, mas siempre sin colocar en riesgo la viabilidad de las directrices norteamericanas. Así, en la práctica, asumió y está aplicando progresivamente el aumento del gasto militar exigido por Trump y participó de forma entusiasta en la escalada belicista alentada por los EUA en la guerra de Ucrania y su presidente viene de reafirmarse como ‘atlantista convicto’.
Esta compleja situación requiere de todos nosotros, pueblo organizado, que seamos capaces de dar respuesta a los conflictos concretos, mas siempre desde una perspectiva propia y en defensa de la soberanía de los pueblos. El antimilitarismo, antiimperialismo y el pacifismo deben formar parte de nuestra agenda, de nuestro discurso y de nuestra acción.
Los pueblos necesitamos dotarnos de herramientas para ese camino hacia la construcción de otro mundo posible; cada uno partiendo de su realidad, con sus ritmos y con sus estrategias. Pero sabiendo siempre que la soberanía de los pueblos es la antítesis del imperialismo.
Compañeros y compañeras
Tenemos un reto común, organizar la defensa de nuestros pueblos, romper el régimen del 78, para abrir camino a una nueva primavera, la primavera de los pueblos soberanos, la primavera de nuestras repúblicas.
Compañeros y compañeras de Izquierda Castellana, tened la seguridad de que vuestros avances serán nuestros avances.
VIVA CASTILLA COMUNERA!
VIVA GALIZA CEIBE E SOCIALISTA!
VIVA LA LUCHA DE LOS PUEBLOS!
Villalar de los Comuneros; 23 de abril de 2026
