Buenas tardes, compañeras y compañeros.
Un año más, este 23 de abril nos volvemos a encontrar en Villalar, tejiendo juntas ese hilo morado que atraviesa nuestra historia. Un hilo construido por generaciones de Mujeres Castellanas que no se resignaron, que lucharon, y que hoy nos permiten estar aquí, alzando la voz con fuerza.
Vivimos un recrudecimiento de la violencia estructural hacia las mujeres en todas sus formas. No hablamos de hechos aislados, hablamos de una auténtica guerra contra las mujeres, una ofensiva constante contra nuestros derechos, nuestras vidas y nuestra dignidad.
Y debemos ser claras: toda esta violencia no es casual. Toda esta violencia es la herramienta necesaria para sostener un sistema que se basa en nuestra opresión. Un sistema capitalista-patriarcal que nos explota como mujeres y como clase trabajadora, que necesita nuestra precariedad, nuestros cuerpos y nuestro silencio para seguir existiendo.
Lo vemos a nivel internacional, en un contexto de guerra y militarización creciente. Las mujeres seguimos siendo utilizadas como botín de guerra. Pero también vemos cómo las mujeres organizadas resisten. Las mujeres palestinas, las iraníes, las libanesas… son ejemplo de dignidad y lucha, mujeres que están respondiendo a la agresión imperialista junto a sus pueblos. En muchas ocasiones han intentado usar el feminismo como arma arrojadiza sobre pueblos soberanos, como es el caso de Irán o Nicaragua. Apoyar a estos pueblos es apoyar el feminismo antiimperialista.
Lo vemos también en cómo se normalizan niveles extremos de violencia y explotación sexual. Casos como el de Epstein son la expresión más cruda de todo un sistema que mercantiliza nuestros cuerpos, especialmente los de las niñas, y que protege a quienes sostienen ese negocio, sostenido en buena medida por el sionismo.
Y lo vemos aquí, en nuestro propio contexto, donde el llamado “Gobierno del Progreso” vuelve a demostrar sus límites y sus contradicciones en lo que respecta a los derechos de las mujeres: casos de corrupción, políticas de igualdad que se quedan en lo superficial, medidas y leyes que fallan en la protección real de las mujeres, intentos de instrumentalización del movimiento feminista…
El patriarcado sabe transformarse, adaptarse, vestirse de progreso para seguir operando. Porque mientras no se ataque la raíz, mientras no se cuestione el sistema capitalista-patriarcal, la violencia y la opresión de las mujeres seguirá reproduciéndose de diferentes maneras.
Llevamos años reivindicando la historia de nuestro pueblo. Una historia que no es la de los poderosos, sino la de quienes fueron silenciadas, la de los olvidados, la de los nadie. Sabemos que construir memoria colectiva es hoy más importante que nunca: porque estudiar la historia, revisarla y resignificarla nos permite dotarla de sentido para el movimiento popular, para el antifascismo y para el feminismo.
Tenemos que nombrar a María Pacheco, que recogió el testigo de la lucha comunera y resistió en Toledo cuando ya habían intentado apagarla; a las mujeres que el 2 de mayo de 1808, en Madrid, se organizaron y plantaron cara al invasor. Nombrar a quienes, con convicción, defendieron a su pueblo cuando todo parecía perdido. Y nombrar, también, a todas aquellas mujeres que sostuvieron la resistencia antifascista. Mujeres que hicieron posible frenar el golpe de Estado, una victoria que durante décadas se nos ha arrebatado del relato oficial. Este año, cuando se cumplen 90 años de aquel momento, no solo recordamos: reivindicamos su memoria como parte de nuestra lucha.
Seguimos reivindicándonos como herederas de ese hilo morado de la historia. De mujeres que lucharon antes que nosotras y de las que hoy siguen haciéndolo en cada barrio, en cada pueblo, en cada espacio. Porque las mujeres castellanas hemos sido, somos y seremos rebeldes.
Y hoy, más que nunca, reafirmamos la necesidad de un feminismo revolucionario, comunero y antiimperialista. Un feminismo que no se conforme, que no negocie nuestros derechos, que no se integre en las estructuras que nos oprimen. Un feminismo para transformar la raíz del problema.
Queremos una Castilla libre de todas las formas de violencia hacia las mujeres. Una Castilla donde vivir con dignidad no sea un privilegio, sino un derecho. Una Castilla comunera donde la vida esté en el centro.
Porque sin nosotras no hay Castilla. Porque sin nosotras no hay revolución.
¡Por una Castilla comunera para vivir!
¡Viva Castilla Comunera!
¡Viva Castilla feminista!

