Los 11 acusados se enfrentaban a una pena, tal y como reclamaba finalmente el ministerio fiscal en sus conclusiones definitivas, de dos años y seis mes de prisión –inicialmente se reclamaban cinco años para cada uno de ellos–.
La jueza considera que no incurrieron en actos violentos ni intimidatorios cuando impidieron durante horas que un mercante gasero entrara y fondeara en la dársena de la localidad valenciana.

La magistrada de la Plaza 8 de la Sección Penal del Tribunal de Instancia de València ha absuelto a los 11 activistas de Greenpeace acusados de desórdenes públicos por bloquear la entrada de un buque gasero en Port de Sagunt el 26 de octubre de 2021.
Según ha avanzado el Tribunal Superior de Justicia de la Comunitat Valenciana (TSJCV), la sentencia, que puede ser recurrida en apelación, establece que no concurren en los hechos «actos de violencia o intimidación idóneos para alterar gravemente la paz pública en los términos exigidos por el tipo penal».
Las defensas reclamaban la libre absolución de los acusados y, subsidiariamente, que se aplicara la atenuante de dilación indebida al haber pasado cinco años desde la comisión de los hechos al juicio.
Greenpeace celebra la decisión de la jueza
La organización ecologista Greenpeace ha aplaudido la absolución de sus 11 activistas acusados y, su portavoz, Eva Saldaña, ha señalado que nunca debieron llegar hasta aquí.
«Hoy respiramos con inmenso alivio y alegría, pero también con la convicción intacta de que nunca debimos llegar hasta aquí», ha añadido la portavoz. También, ha explicado como esta sentencia es «una victoria» de 11 personas que han soportado «cinco años de injusta incertidumbre».
Sin embargo, para la organización este triunfo no es individual, sino «una victoria colectiva que frena la criminalización del activismo y refuerza el derecho a la protesta en un momento crítico para la democracia».
Público en apoyo de los acusados
El juicio quedó visto para sentencia tras más de siete horas ininterrumpidas de vista a finales de septiembre, que se siguió en la sala Tirant 1 ante el numeroso público que se concentró en apoyo a los enjuiciados, de ocho nacionalidades. Cuatro de ellos son españoles. Entre los asistentes a la vista se encontraban relatores especiales de Naciones Unidas.
La protesta de Greenpeace se produjo el 26 de octubre sobre las 10 horas, cuando el buque Esperanza de la organización ecologista se se acercó a Port de Sagunt. Una hora más tarde arriaron cuatro lanchas y se aproximaron el carguero Merchant, proveniente de EEUU con 125.000 m3 de gas natural, en el que realizaron dos pintadas en el casco: «No + gas» y «No + más gas».
Mientras las patrullas del Servicio Marítimo Provincial (SMP) de la Guardia Civil intentaban paralizarlas, el Esperanza entró en el puerto, consiguió fondear en la dársena 2, que quedó totalmente bloqueada, y uno de los activistas se encadenó a las anclas obligando al carguero a abortar su maniobra de acceso y dirigirse de nuevo a fondeo. El carguero, que tenía prevista su entrada a las 12 horas, finalmente accedió a las 23.35 horas y finalizó sus operaciones a las 20.28 horas del día siguiente.
Los encausados coincidieron en declarar durante el juicio que fue una acción pacífica amparada por su derecho de protesta, sin violencia y sin voluntad de causar ningún daño ni de enfrentarse a las autoridades.
Así, el capitán del barco de Greenpeace declaró también que fue «una protesta pacífica para proteger el medio ambiente» e incluso realizó una llamada de atención a los gobiernos para que actuaran, y añadió que «nunca» hubo intención de enfrentarse a la autoridad ni, «en absoluto», de causar perjuicio a otros buques. De hecho, afirmó que la seguridad de los barcos fue mantenida todo el tiempo mientras duró la protesta.
Colgado del ancla
Ernesto, el activista que se encadenó al ancla, explicó que se enteró de que había falta voluntarios y se unió, pero señaló que desconocía qué iba a hacerse la acción ni la trayectoria del barco. Fue cuando llegaron a Sagunt cuando se enteró «sobre la marcha» de que se iba a realizar la acción de protesta y decidió colgarse al ancla. «No llevaba nada preparado y utilicé un candado de bicicleta, no un cepo», apuntó.
Afirmó que se le acercaron los agentes en varios ocasiones, pero que en ningún momento le ordenaron de forma directa bajarse, solo se lo preguntaron y les replicó que había perdido la llave y, de hecho, definió como «cordial» la relación con la Guardia Civil.
Otro de los acusados, Francisco, explicó en la vista que las protestas de Greenpeace son «decisiones colectivas» pero «siempre son pacíficas«: «Ninguna intención de daño solo voluntad de protesta». Además, apuntó que un buque del tamaño del Merchant «ni se inmuta» por unas lanchas.
En ese sentido, una de las activistas y marinera de la organización ecologista indicó que es «peligroso» estar cerca de barcos grandes pero recalcó que su intención nunca fue detener la maniobra, que se tomaron medidas de seguridad y se respetó la distancia de seguridad, por lo que descartó que existiera riesgo alguno.