Las familias y las empresas ya están sintiendo las consecuencias de la crisis provocada por la guerra fuera de nuestras fronteras.
Desde finales de febrero, los precios del gas han aumentado un 140%.
Los precios del diésel se han duplicado. En total, si hablamos de combustibles fósiles importados, este aumento cuesta a Europa 100 mil millones de euros adicionales, y a cambio no obtenemos ni una molécula de energía adicional.
Por lo tanto, todos nos enfrentamos a un aumento de los costes.
Las empresas están bajo una gran presión, y a las personas les resulta cada vez más difícil pagar sus facturas. Y, por supuesto, la situación puede empeorar aún más con la llegada del invierno.
Debemos actuar ahora: proteger a aquellos que más necesitan ayuda y asegurar que salgamos de esta crisis más fuertes de lo que entramos.
Para ello, es necesario abordar los problemas estructurales que son la base de la crisis actual.