Los precios amenazan la economía española en el cuarto año de inflación superior a la europea

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España encadena tres años de subidas de precios más altas que las europeas, una desventaja que se mantendrá en 2027

España está a punto de entrar en su cuarto año consecutivo de subidas de precios más elevadas que las registradas en el conjunto de la eurozona, una situación que ya supone una amenaza para la economía del país al lastrar el poder adquisitivo y las exportaciones, entre otros problemas. Desde octubre de 2023, la inflación ha superado la media europea y la mayoría de análisis dan por sentado que esta desventaja se mantendrá en 2027, con los efectos de la guerra de Oriente Próximo todavía presentes. Funcas espera que el IPC suba un 3,6% este ejercicio y un 2,9% el próximo (cuatro décimas más de lo previsto para la zona del euro), con un pico superior al 4% que se alargará hasta noviembre en el mejor de los casos y hasta el próximo verano en el peor. En cualquier escenario, los salarios afrontarán una pérdida de capacidad de compra relativamente elevada en comparación con los socios comunitarios.

Cuando se trata de vender productos al exterior, España cuenta con cierta ventaja al tener un nivel de vida y unos precios inferiores a los de competidores más ricos de países europeos como Alemania. Sin embargo, esta distancia «se va recortando», advierte Rafael Pampillón, profesor de economía de la Universidad CEU San Pablo y del IEB, que constata que, en esta espiral alcista, «nuestros productos pierden competitividad». «La brecha se explica sobre todo por la energía y por una demanda interna más fuerte. España es muy sensible al petróleo y al gas; cuando la energía rebota, nuestro índice reacciona con rapidez».

 

Además, como la economía española crece por encima de la zona euro, crea empleo y recibe población, «aumenta la demanda de consumo, de alquileres y de servicios», lo que a su vez «hace aumentar los precios». El economista apunta también a factores domésticos, como el hecho de que los costes laborales avancen más que la productividad, la falta de vivienda, la regulación que limita oferta en algunos mercados y la «política fiscal todavía expansiva para una economía que crece». Aunque admite que «no todo es culpa del Gobierno, porque el shock energético es exterior», sí subraya que la política económica «puede amortiguarlo o amplificarlo». En el caso de las subidas de precios, «España también se situó claramente por encima de la zona euro», lo cual «deteriora la competitividad», ya que «si nuestros precios suben sistemáticamente más, nuestras empresas pierden margen o deben cobrar más».

Freno a las exportaciones y menos poder adquisitivo

«La pérdida de competitividad se nota en las exportaciones de mercancías, que están prácticamente estancadas, no crecen, y las importaciones sí crecen al 4,5% o 5%», añade el profesor de CEU e IEB, que detecta menos impacto en el turismo y la exportación de servicios en general, mientras que «en bienes sí que hay una pérdida de competitividad clara». «España venía creciendo en exportaciones desde el año 2012 o 2013 hasta ahora», indica. El frenazo exportador afectará especialmente a aquellos sectores donde hay más competencia, como la gasolina, el queroseno o el petróleo refinado.

En el caso del turismo, las cifras siguen siendo expansivas, pero algunos destinos competidores podrían comer terreno a España gracias a precios más competitivos. «Turquía, Grecia y Túnez están más cercanos al Golfo y son más peligrosos, pero Italia, por ejemplo, puede ser un destino turístico donde podemos tener más competencia», augura Pampillón. En el caso del tomate, aceite y vino de alta calidad, existe una ventaja exportadora que difícilmente se esfumará por las presiones inflacionarias.

Más allá de la competitividad empresarial en el exterior, la creciente inflación «supone una pérdida de poder adquisitivo para los ciudadanos», puesto que los salarios pactados por convenio crecen al 3% y la inflación ya está por encima del 4%, umbral que se seguirá superando «hasta diciembre o incluso hasta los primeros meses de 2027». Todo ello en un contexto en que «la electricidad está por las nubes y la situación no parece que vaya a mejorar», mientras que el encarecimiento «se va a filtrar al resto de productos que no son energía».

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