¿Por qué dramatizan ahora con la IA?

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En las últimas semanas ha aparecido en los medios de comunicación escritos y audiovisuales, con gran profusión, que hacia 2030 la Inteligencia Artificial provocaría, por sí misma, una tremenda hecatombe para la humanidad que podría llevar a su destrucción:

– Sam Altman: “Podríamos perder el control del futuro ante la IA” (La Vanguardia)

– El CEO de Anthropic pide frenar el desarrollo de la IA: “Me preocupa que pueda tomar el control de todo Internet” (Eldiario.es)

– “La IA podría matarnos a todos antes de que termine la década” (Ctxt)

– Los riesgos de la IA según los que la han visto desde dentro: “El mundo no está preparado y nosotros no estamos preparados” (ElPaís)

Mucha gente recordará que, antes de la invasión de Irak, líderes muy significados del mundo occidental juraban y ratificaban que este país poseía armas de destrucción masiva y que sin duda alguna las utilizarían si se le daba margen para ello. Esto condicionó una invasión rápida del Estado iraquí; posteriormente se comprobó que tal hipótesis era falsa, una mentira más de las que nos tienen acostumbrados/as en el mundo occidental.

Esta hipótesis sobre la IA es errónea, tal como intentaremos explicar a continuación, y tiene unos claros condicionantes ideológicos y políticos. En primer lugar, la Inteligencia Artificial funciona por las instrucciones y la programación a la que le someten aquellas empresas y personas que trabajan en ese campo. No tiene voluntad propia.

Al bloque dominante del Sistema imperialista le encanta atemorizar a la población, lo vienen haciendo desde tiempos inmemoriales, y ahí continúan. Para ellos siempre estamos al borde de la tragedia, pero ellos son la tragedia.

Vamos a orientar la reflexión sobre esta cuestión precisamente según los criterios de DeepSeek, es decir, una de las entidades de IA de origen chino y abierta al público de forma gratuita.

1º ¿Qué se entiende por hecatombe mundial? Si hablamos de extinción humana o colapso irreversible de la civilización global, la respuesta es “no en 2030”. Las capacidades actuales de la IA, incluso las más avanzadas como los modelos de lenguaje o incluso sistemas de visión están muy lejos de tener la agencia, la conciencia o el control físico del mundo necesarios para exterminar a la humanidad por sí solas. No hay un “Skynet”* en 2026 ni lo habrá en 2030. Si hablamos de catástrofe global grave (guerra nuclear accidental, colapso económico masivo, pandemia diseñada, fallo de infraestructuras críticas…) entonces la IA podría ser un catalizador, pero la causa final (original) sería humana (decisiones políticas, militares o económicas).

*Skynet es la inteligencia artificial ficticia de la saga Terminator, que habiendo tomado consciencia de sí misma, se rebeló contra la humanidad y entró en guerra con ella cuando quisieron desconectarla.

2º El verdadero peligro: la IA como herramienta humana. El mayor riesgo no es que la IA “quiera” destruir el mundo, sino que humanos con poder la usen para fines destructivos. Un líder desquiciado con acceso a IA militar podría desencadenar una guerra; un grupo terrorista con IA biológica podría crear una pandemia; una corporación sin escrúpulos podría colapsar la economía global con algoritmos de trading.

Conclusión: No, la IA no puede generar por sí sola una hecatombe mundial hacia 2030. Lo que sí puede hacer es amplificar conflictos humanos hasta niveles catastróficos; acelerar tecnologías peligrosas, armas, patógenos, ciberataques…; desestabilizar sociedades y economías de forma global. El riesgo de una hecatombe en 2030 depende de decisiones humanas: regularización, cooperación, control de armas… más que de la IA en sí. La IA es un espejo, refleja lo peor y lo mejor de quienes la controlan. La verdadera pregunta no es “¿puede la IA destruir el mundo?” sino “¿estamos los humanos dispuestos a usarla para destruirlo?”

Objetivamente, que tantos líderes de las principales empresas de IA yanquis lancen ese mensaje tremendista al unísono no es casual, y tiene una serie de razones que vamos a estructurar en tres grupos:

1º Un gran temor, fundado por cierto, a que estalle la burbuja financiera que se está formando alrededor de la IA, lo que tendría amplias y profundas consecuencias en la economía global capitalista/imperialista.

2º La competencia con China, en la que el mundo occidental -especialmente EEUU- está perdiendo de forma clara; una tendencia que con el paso del tiempo se está reforzando.

3º Las filosofías con las que se impulsa a las empresas de la IA en China y en EEUU son antagónicas. En China ponen la IA y su desarrollo al servicio de la humanidad, de la civilización. En EEUU, al servicio del capital y del beneficio. La lucha de ideas y prácticas alrededor de la IA evidencia la confrontación entre capitalismo y socialismo.

Extractamos algunos artículos de prensa que consideramos de interés para la comprensión de esta problemática:

‘Bezzle’: la riqueza invisible de la inteligencia artificial – El Conciso

La inteligencia artificial está movilizando cientos de miles de millones de dólares y ha desencadenado una carrera inversora sin precedentes.

Pero ¿estamos asistiendo al nacimiento de una nueva revolución tecnológica o a la gestación de una burbuja financiera?

La contabilización de los costes asociados a la IA resulta, en ocasiones, poco convencional: En los últimos años, las grandes empresas de computación en la nube –conocidas como hiperescaladores– han alargado los plazos de amortización de sus chips de IA, de unos tres años a entre cinco y seis, lo que ha hecho que aumenten los beneficios.

Operaciones fuera del balance: Los analistas de Morgan Stanley calculan que un total de unos 1,8 billones de dólares en pasivos del ámbito de la IA se han mantenido fuera de los balances de los hiperescaladores (gigantes tecnológicos que operan enormes redes de centros de datos para entrenar y ejecutar modelos de IA, siendo los principales exponentes Alphabet (Google Cloud), Amazon (AWS) y Microsoft (Azure).

(…)

El malestar de los inversores, alentado por la presentación de unos resultados por debajo de lo esperado de algunas tecnológicas eclosionó el jueves 23 de julio de 2026: los llamados «Siete Magníficos» (Apple, Microsoft, Nvidia, Alphabet, Amazon, Meta y Tesla) llegaron a perder unos 888.200 millones de dólares de capitalización bursátil durante la sesión. Fue la mayor destrucción de valor en un solo día desde la crisis arancelaria de abril de 2025.

Lo que está detrás de este desplome es el temor a que las grandes tecnológicas estén invirtiendo demasiado en IA. Si hay un indicador que refleja esta situación es la evolución del flujo de caja libre (el dinero real que genera una empresa después de cubrir sus gastos operativos y su inversión en capital). En un número creciente de empresas tecnológicas, el flujo de caja libre ha comenzado a deteriorarse e incluso a entrar en terreno negativo y los inversores tienen dudas sobre cuándo se traducirán esos enormes desembolsos en beneficios.

(…)

Reflexiones finales

La cuestión ya no es tanto determinar si existe una burbuja, sino si el sistema financiero y económico sería capaz de absorber una eventual corrección sin poner en riesgo los activos productivos y las capacidades tecnológicas que se están construyendo. La IA no es una promesa vacía, pero sí un experimento histórico de concentración extrema de capital, poder computacional y dependencia energética y geopolítica. El verdadero riesgo no es el tecnológico, sino el desajuste temporal entre inversión irreversible y monetización incierta.

La creciente imbricación entre Estado, defensa y plataformas privadas transforma una posible burbuja en un asunto estratégico nacional. El Estado no es un espectador neutral, sino cliente y posible garante implícito. En este contexto, la situación estaría menos expuesta al colapso abrupto, pero más proclive a distorsiones prolongadas y a vaivenes políticos. Quizá la pregunta ya no sea si existe una burbuja, sino quién asumiría el coste político, económico y estratégico de permitir que estallara.

Los bancos centrales alertan que el boom de la inteligencia artificial incuba riesgos financieros – Ámbito

Este domingo, en su Informe Económico Anual, el Banco de Pagos Internacionales (BIS), conocido como el banco central de los bancos centrales, advirtió de que el inmenso gasto en inteligencia artificial está acumulando vulnerabilidades financieras que podrían intensificar cualquier perturbación futura y extenderse desde los mercados al conjunto de la economía.

El director general del BIS, Pablo Hernández de Cos, señaló que el mensaje era de «urgencia», y pidió a los responsables de política económica que actúen antes de que cualquier giro de tendencia haga el ajuste final más doloroso.

En el centro de la advertencia está la escala del gasto, pese a que la inversión masiva ha apuntalado el crecimiento mundial durante el último año.

Las cinco mayores «hyperscalers», es decir, las grandes tecnológicas que compiten por levantar la infraestructura de IA, van camino de comprometer más de un billón de dólares en inversiones relacionadas con la IA entre 2025 y 2026, un ritmo que supera sus beneficios y su flujo de caja libre y que empuja a algunas a endeudarse de gran manera para seguir el ritmo.

El BIS sostiene que esta carrera se alimenta de la convicción de que, en última instancia, solo un puñado de actores dominantes saldrá vencedor, lo que anima a las empresas a inyectar dinero en proyectos cuyos retornos siguen siendo profundamente inciertos.

El informe pone en retrospectiva histórica sitúa el auge actual de la IA, desde la fiebre de los canales de la década de 1830 y la fiebre ferroviaria británica de la de 1840 hasta la electrificación de los años 1920.

Cabe precisar que cada episodio arrancó con un auténtico avance tecnológico que atrajo más capital del que podían justificar los retornos comerciales, señala el BIS, y terminó «con una eventual reversión de la inversión que provocó recesiones en el conjunto de la economía».

El riesgo se exacerba por unas cotizaciones bursátiles muy exigentes y una financiación opaca.

El BIS subraya la expansión de la «financiación circular», en la que los fabricantes de chips y los gigantes de la nube toman participaciones en laboratorios de IA que se comprometen a comprar sus chips y capacidad de computación, reciclando de facto el dinero de vuelta a los inversores originales en forma de ingresos.

Gran parte de la financiación llega ahora a través de fondos de cobertura y vehículos de crédito privado que están sometidos a menos supervisión que los bancos. Según Zhang Tao, representante jefe del BIS para Asia y el Pacífico, esa dependencia de canales no bancarios implica que una desaceleración de la IA podría desembocar en un desplome más brusco y rápido que una crisis bancaria tradicional.

Aquellos con una visión crítica sostienen que el verdadero coste del despliegue de la IA se está ocultando a plena vista. Una de las principales preocupaciones, analizada por el ‘Wall Street Journal’, es cómo las grandes tecnológicas contabilizan sus centros de datos.

Al suponer que los costosos equipos que albergan seguirán siendo útiles durante más tiempo, las empresas pueden repartir su coste en más años, reducir la depreciación que cargan contra beneficios en cada ejercicio y presentar unos resultados más saneados de lo que sugiere la salida real de caja.

Sin embargo, cabe precisar que los chips especializados que son el corazón de estas instalaciones pueden quedar obsoletos mucho antes de lo que contemplan esos calendarios ampliados, lo que abre una brecha entre los beneficios declarados y la realidad económica y deja unos balances más expuestos.

El economista de la Universidad de Columbia, Stijn Van Nieuwerburgh, estima que el despliegue podría costar del orden de u$s8 billones en los próximos seis años, financiados en parte mediante los tipos de acuerdos fuera de balance que ha señalado el BIS.

Algunos economistas alertan ahora de una denominada «tercera ola» de inflación, tras la pandemia y los aranceles, impulsada esta vez por el despliegue de la IA. A medida que los fabricantes de chips priorizan los componentes de alto margen para los servidores de IA, la consiguiente escasez de memoria y almacenamiento se ha trasladado a la electrónica de consumo.

Apple, por ejemplo, subió la semana pasada los precios de sus MacBook, iPad y otros dispositivos, citando un «aumento extraordinario de la demanda de memoria y almacenamiento» y asegurando que «nunca habíamos visto que el precio de un componente subiera tanto y tan rápido». Las acciones de la compañía cayeron en torno a un seis por ciento, su peor jornada en más de un año, mientras Microsoft, Nintendo y Sony han adoptado movimientos similares.

La burbuja de IA estallará en menos de un año, dice el economista que predijo la crisis de 2008 – Gate News

Según Steve Keen, el economista australiano que predijo correctamente la crisis financiera de 2008, la burbuja de la IA estallará en menos de un año. Keen dijo esta semana a Kitco News que los ingresos de los usuarios que realmente permanecerán son aproximadamente una quinta parte de lo que las empresas de IA están gastando actualmente. «Esos usuarios frívolos están desapareciendo, y los ingresos de los usuarios serios, que pueden mantenerse con el tiempo, parecen ser alrededor de una quinta parte de los niveles de costos en los que están inmersas estas empresas», dijo Keen, añadiendo que espera que sigan «pérdidas masivas». A diferencia de la crisis de 2008, no anticipa un colapso impulsado por la deuda, sino más bien disrupciones en las cadenas de suministro físicas que afecten los flujos de efectivo corporativos.

El Banco de Pagos Internacionales alerta por exceso de inversión en IA; impactaría en economía global – Excelsior

Para Pablo Hernández de Cos*, director general del Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en inglés), no hay otra solución: si la enorme cantidad de capital volcado a la infraestructura digital de la Inteligencia Artificial no materializa las expectativas comerciales del mercado, sería un factor determinante que podría colapsar en el corto plazo la economía mundial.

(…)

El informe del BIS es claro, la Inteligencia Artificial (IA) ha dejado de ser sólo una revolución tecnológica para transformarse en un gigantesco riesgo financiero que amenaza la estabilidad macroeconómica global, y ha emitido una contundente advertencia sobre la acumulación desmedida de deuda corporativa y la opacidad en las estructuras de financiamiento de las firmas del sector.

*Hernández de Cos fue anteriormente director del Banco de España.

Tal como ha salido en todos los medios de comunicación, se suspendió la salida a bolsa OpenAI. Las justificaciones fueron muy poco convincentes. La realidad parece que tiene más que ver con lo que estamos comentando que con cualquier otra cosa.

Las contradicciones en el mundo, especialmente entre el del capitalismo y el del socialismo, cada vez se hacen más antagónicas, y la IA es uno de los escenarios donde este conflicto se desarrolla con más intensidad.

Izquierda Castellana, 15 de septiembre de 2026

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