Tal como decía el Ché, “la verdad siempre es revolucionaria”

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La República de Weimar fue la antesala del nacional-socialismo en Alemania. Ese Régimen (1918-1933), constituido después de la derrota del Imperio Alemán en la I Guerra Mundial, fue gestionado en buena medida por la socialdemocracia, y ayudó a crear las condiciones objetivas y subjetivas para la victoria de las fuerzas nazis y la constitución del III Reich. La represión de la República de Weimar sobre la oposición comunista -y revolucionaria en general- fue brutal. Entre otros casos, conllevó el asesinato de Rosa Luxemburgo y Carlos Liebknecht, por citar dos ejemplos de líderes populares muy significativos.

Traemos este ejemplo histórico a colación porque, en nuestra opinión, la política del Gobierno de Pedro Sánchez está favoreciendo el reforzamiento de la derecha y la extrema derecha, aunque se cansen de decir lo contrario. Las mentiras y la corrupción sistemática ejercidas desde el Gobierno no pueden tener otro efecto que ese, muy especialmente si en paralelo y desde hace muchos años, al menos desde la pandemia de Covid-19, se viene llevando adelante una política intensa y sistemática de idiotización de la opinión pública a través de los medios de comunicación, pero también en buena medida a través del sistema educativo, entre otros.

Esta reflexión no quiere decir que aquí vayamos hacia un cambio de Régimen más a la derecha aún que el que tenemos. No hay que olvidar que el actual es fruto del pacto entre un sector de la “oposición democrática” y el propio Régimen franquista. Pero todos los indicadores anuncian que en las próximas elecciones habrá una victoria clara del PP y complementariamente de Vox, y que éstas serán las fuerzas que constituyan el próximo Gobierno del Régimen del 78. No nos asusta esa perspectiva en absoluto, pero hemos de adaptarnos a ella y tener muy claras las responsabilidades en esa evolución.

Movilización españolista y contra la gestión de la crisis por parte del Gobierno en Madrid, impulsada por PP y Vox el pasado 2 de septiembre

El caso de Ceuta es un ejemplo difícilmente superable de esa política de idiocia institucional que pretenden permee al conjunto de la población, aunque en esta ocasión la cuestión es tan descarada que solo lo han conseguido en muy pequeña medida. Lo que sí han conseguido es impulsar una corriente de opinión en la sociedad tan falsa como irresponsable: que los que critican la situación en Ceuta y la política del Gobierno al respecto son fascistas. ¡Qué fácil es jugar con conceptos como el de fascismo cuando al utilizarlos no te estás jugando nada en la vida (o al menos eso crees)!

Las contra-manifestaciones del 3 de septiembre fueron en general patéticas, no solo en cuanto a la asistencia sino en cuanto a la orientación política, y funcionaron de hecho como “pequeños islotes” de apoyo al Gobierno de Pedro Sánchez. Como suele ocurrir en estos casos, las organizaciones trotskistas fueron las mayores impulsoras de esas movilizaciones. Estaría bien recordar cómo más o menos las mismas organizaciones demandaban a los países occidentales que enviasen armamento de gran calibre (misiles, tanques, aviones, etc.) a Ucrania cuando se inició la operación de desnazificación por parte del Ejército ruso.

Las entradas masivas en Ceuta los días 30 y 31 de julio están en el contexto de una maniobra táctica de Marruecos, incardinada en una estrategia para que Ceuta y Melilla pasen a estar bajo su soberanía. Cualquier distorsión de esta cuestión, por bienintencionada que sea, constituye un elemento de desorientación y tergiversación de la realidad. Por supuesto que hay que tener en cuenta los derechos humanos de todas las personas, incluyendo todos y todas los inmigrantes, pero bajo esa bandera no se puede ocultar el problema principal de lo que está ocurriendo en Ceuta.

Mapa del Estrecho de Gibraltar, El Orden Mundial

Ceuta está ubicada exactamente frente a frente con el Peñón de Gibraltar, y aquí se sitúa el eje principal del asunto. Como hemos dicho en editoriales anteriores, el Estrecho tiene una importancia muy significativa en el transporte marítimo mercantil civil (un 10-15% del conjunto mundial), pero tiene aún más importancia desde el punto de vista militar, y más todavía en el escenario de guerra global en el que hemos entrado, parece que sin remedio. Es evidente que los EEUU e Israel, además de otras potencias militares, están muy interesadas en que las plazascon capacidad de control del Estrecho estén en manos totalmente manejables, como parece ser el caso de Marruecos. Pero eso tampoco debe cegar nuestras reflexiones y análisis.

El caso de Ceuta hay que enmarcarlo, y cuanto antes se empiece a hacer mejor será, en el control del conjunto del Estrecho, que afecta a Gibraltar y también en alguna medida a Melilla. No poner esto en un primer plano es engañarse y engañar a la opinión pública. El problema de fondo es que el Estado español, su Régimen actual, no tiene una estrategia ni nada que se le parezca para Ceuta ni para el Estrecho. Mientras no se resuelva esto, y no se resolverá mientras sobreviva el actual Régimen postfranquista, sea con este Gobierno o con otro, no se podrá avanzar en una solución del problema.

A mediados del siglo XX, España tenía establecido un protectorado sobre el norte (Rif) y el sur de Marruecos (Cabo Juby), además del enclave costero de Ifni. El resto de Marruecos estaba bajo control francés. España también ocupaba el Sáhara Occidental.
A mediados del siglo XX, España tenía establecido un protectorado sobre el norte (Rif) y el sur de Marruecos (Cabo Juby), además del enclave costero de Ifni. El resto de Marruecos estaba bajo control francés. España también ocupaba el Sáhara Occidental.

El territorio de Ceuta, como es obvio, pertenece a África, y particularmente a Marruecos, de la misma forma que Hong Kong o Macao pertenecían a China. Es precisamente en esos ejemplos en los que deberíamos fijarnos y aprender para llevar adelante un proceso inevitablemente lento que permitiese, con el menor coste social y político posible, respetando en la mayor medida los derechos de la población ceutí, transicionar la soberanía a Marruecos. Y simultáneamente, pues en caso contrario no tendría sentido alguno, recuperar la soberanía de Gibraltar para el Estado español.

Se le pueden dar mil vueltas al asunto y hacer toda la demagogia desde uno u otro lado, pero el problema de fondo en este asunto no tiene más salida cabal que el que acabamos de comentar. Como decíamos, vemos imposible que con el Régimen actual se pueda llevar adelante este proceso, ni con este ni con otro Gobierno. Habrá que llevar adelante antes un cambio republicano para poder plantear esta cuestión con racionalidad y con un método que respete los intereses en liza.

Izquierda Castellana, 4 de septiembre de 2026.

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