¿Una crisis psicótica?

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El único motivo medianamente lógico que se nos ocurre para explicar la ausencia de Pedro Sánchez durante un mes, tiempo en que el Estado español está atravesando la mayor crisis del Régimen desde la Transición, es que esté afectado por una crisis psicótica. Esto no sería nada extraordinario en un personaje con su perfil psicológico: como hemos podido comprobar durante estos años, Pedro Sánchez tiene una imagen de sí mismo propia de un narcisista extremo. El brutal contraste entre esa imagen (que sus compinches han ayudado a cultivar) y la realidad, con las cosas yéndole tan mal como en las últimas semanas y con la expectativa de que todavía empeorarán, le ha podido llevar a padecer en mayor o menor grado una crisis psicótica. 

Hoy publicamos un cuarto editorial sobre la cuestión de Ceuta, porque el tema lo merece sobradamente. El editorial está estructurado de la siguiente manera:

1º Una breve reseña histórica sobre la cuestión de las relaciones entre el Estado español y el Norte de África.

2º Algunas consideraciones sobre la influencia de la situación geopolítica y su evolución en el conflicto actual que se desarrolla en Ceuta.

3º Reflexiones sobre la actual situación y las perspectivas de futuro, además de algunas consideraciones sobre el comportamiento negligente del Gobierno español en la gestión de este asunto de primerísima importancia.

Una breve reseña histórica sobre la cuestión de las relaciones entre el Estado español y el Norte de África.

Los territorios de Ceuta y Melilla pertenecen desde el siglo XV a Portugal y Castilla, una época anterior a lo que fue el proceso de conquista de América (posteriormente ambas plazas quedaron vinculadas a la Monarquía Hispánica y al Estado español, en el caso de Ceuta mediante el Tratado de Lisboa de 1668). Los siglos XV-XVI constituyen una etapa en la que las Coronas de Castilla y Portugal exploraron África para obtener recursos (económicos y humanos) y controlar puntos clave para la expansión de sus respectivos proyectos nacionales. Es decir, las conexiones de Ceuta y Melilla con las Coronas peninsulares (Portugal y Castilla) tienen muy larga data, pero eso no elude la obviedad de que se encuentran en territorio africano.

Nótese que entre las posesiones de la Monarquía Hispánica hacia 1600 no se han incorporado los territorios europeos, así como tampoco las plazas norteafricanas conquistadas (Melilla, Mazalquivir, Orán, etc.)

Lo que está ocurriendo en Ceuta y sus repercusiones sociales y políticas no se puede disociar de toda una larga y compleja historia entre España y Marruecos, historia que es y ha sido siempre conflictiva y a menudo nefasta para los intereses del «bloque dominante» español.

Casi de una forma simultánea a la pérdida de los últimos territorios de Ultramar del Imperio español (Cuba, Puerto Rico, Filipinas, Las Marianas, Las Carolinas), y en paralelo con la línea de acción de otras potencias europeas -especialmente Francia y en alguna medida Alemania-, el Estado español inició una aventura para retomar una apariencia de potencia imperial mediante intentos de conquista de territorios en el norte de África. Esto fue una auténtica catástrofe, y finalizó, de alguna manera, con el llamado “Desastre de Annual” (1921), que supuso el deterioro definitivo de la Iª Restauración borbónica con Alfonso XIII a la cabeza; ese desgaste facilitó un proceso que llevó a la proclamación de la II República en 1931, previo paso por la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930).

Aunque hubo otros episodios, podríamos sintetizar la parte más reciente del conflicto histórico-militar con Marruecos en las siguientes fases:

– La llamada Guerra de África (1859-1860), que tuvo su origen en los enfrentamientos librados con las tropas marroquíes cuando estas intentaron conquistar las plazas de Ceuta y Melilla. Ello concluyó con la derrota de las tropas marroquíes y el posterior Tratado de Tetuán con una cierta ampliación de los territorios bajo soberanía española.

Fuerte de Melilla La Vieja en un círculo, y la línea fronteriza que ampliaba los territorios dependientes según los acuerdos de 1860

– La guerra del Rif (1909-1927), conflicto en Marruecos donde las cabilas rifeñas, muy especialmente los bereberes, se sublevaron contra la presencia española y francesa. Durante esta guerra se produjo el “Desastre de Annual” en 1921, que llevó consigo la derrota de facto del ejército español en el Norte de África.

– Guerra de Ifni (1957-1958), enfrentamiento no declarado en el que el ejército español combatió contra el ejército marroquí en el territorio de Ifni, llegando finalmente a un acuerdo entre el Gobierno de Franco y el de Hassan II para la devolución de este enclave a soberanía marroquí.

Algunas consideraciones sobre la influencia de la situación geopolítica en el conflicto actual que se desarrolla en Ceuta, Melilla y las relaciones con Marruecos.

Como comentábamos en algún editorial anterior, Marruecos cada vez tiene un mayor peso específico en la situación geoestratégica de Occidente, y el Estado español cada vez la tiene menor. Los Acuerdos de Abraham impulsados por Donald Trump en su anterior presidencia, apoyados y firmados por Marruecos, fueron una de las puertas de acceso a este refuerzo de su posición en el mundo. La construcción por parte de los EEUU de una importante base militar en Tan Tan, muy cerca de las Canarias y del Sáhara Occidental, es un indicador de esa importancia y de las posibilidades de recambio que EEUU busca y en alguna medida ya tiene con Marruecos para el control -según sus planes- del Norte de África.

Ubicación de la base militar en Tan-Tan

No compartimos la tesis aireada desde sectores próximos al Gobierno de que la entrada masiva de marroquíes en Ceuta estuviera auspiciada por los EEUU y el Estado de Israel para perjudicar a Pedro Sánchez. Es una explicación de una absoluta simpleza, que no tiene en cuenta los factores fundamentales de la realidad. Lo que sí es obvio es que esa relación privilegiada que actualmente tiene Marruecos con EEUU e Israel es un elemento de tranquilidad para “sus iniciativas”.

Reflexiones sobre la actual situación y las perspectivas de futuro.

La situación de Ceuta, Melilla y Gibraltar no se puede disociar ni compartimentar; eso sería un tremendo error estratégico desde la perspectiva del Estado español. No deberíamos olvidarnos del Sáhara y tampoco, aunque parezca que la cosa está muy lejana en el tiempo, con el futuro de las Islas Canarias. En estos dos últimos casos hay una clara diferencia: el Archipiélago canario y el Sáhara tienen pleno derecho a ejercer su autodeterminación, y desde IzCa siempre defenderemos tal cuestión. Situación muy diferente es el caso de las ciudades de Melilla, Ceuta y Gibraltar, que no conforman pueblos con derecho a la autodeterminación, siendo exclusivamente enclaves. Las soluciones políticas concretas han de partir de la realidad concreta de cada situación.

Vista de la plaza fortificada de Ceuta

El Estrecho de Gibraltar es el punto de paso entre el Mediterráneo y el Mar Negro y el Océano Atlántico, con todo lo que eso conlleva, no solo desde el punto de vista mercantil (más del 10% del tráfico mercante mundial) sino desde el militar. Su importancia histórica fue trascendental, lo sigue siendo, y lo será aún más en un futuro inmediato teniendo en cuenta la gran relevancia del mar para el transporte en una fase de preparación para la guerra tal como la que estamos viviendo. No estamos hablando de cuestiones secundarias, tal como pretenden hacer creer la mayor parte de los dirigentes del Estado español. Estamos hablando de cuestiones de primerísima importancia, y como tal hay que tratarlas. 

En nuestra opinión, el debate entre la ministra de Defensa -Margarita Robles- y el ministro de Interior -Marlaska- es un falso debate que solo pretende encubrir las negligencias del actual Gobierno, especialmente de su Presidente. Con el paso de las horas cada vez se hace más evidente que, tal como sustenta la ministra, el CNI había aportado informes orales y escritos sobre el incremento de la actividad en el entorno de Ceuta, con llamamientos a través de las redes sociales a hacer lo que se materializó el 30 de julio. Por buenos que sean los servicios de inteligencia (y el CNI no está seguramente entre los mejores del mundo) raramente ajustan los datos tal como se les demanda desde el sector pro-Marlaska del Gobierno. Lo que hacen los servicios de inteligencia es aportar información que los responsables políticos y de orden público tienen que interpretar para organizar la respuesta. Eso parece que se hizo sobradamente, y pretender otra cosa es simplemente intentar engañar a sectores de la opinión pública, algo que cada día le resulta más complicado al Gobierno autodenominado de Progreso.

A la hora de buscar responsabilidades les vale cualquier cosa, menos asumir las propias: desde la falta de información por parte de los servicios de inteligencia hasta la tesis de que las mafias lo habían organizado todo, pasando por culpar a las siempre socorridas redes sociales; obviamente estas últimas tienen su trascendencia, pero no generaron lo fundamental de lo que hemos vivido y se sigue viviendo.

Parece claro que fue el Régimen marroquí quien impulsó esta operación, y también que seguirán adelante con operaciones de estas características hasta conseguir sus objetivos. La gente se pregunta por qué el Gobierno español se empeña en disimular la evidente relación del Gobierno marroquí con este asunto, y por qué tratan de ignorar la insistente reivindicación que el Estado alauita manifiesta sobre Ceuta y Melilla. Se lo han preguntado al ministro de Presidencia diferentes portavoces de los grupos parlamentarios en la sesión del jueves 27 de agosto en la comisión correspondiente del Congreso. Que los servicios de inteligencia tienen “cogidos” a los miembros del Gobierno actual parece la explicación más creíble del asunto, y así lo plantearon los referidos portavoces de los grupos parlamentarios en la señalada sesión. Pero tal como decíamos en otro editorial, no nos parece que esos conocimientos respondan solamente a las fechorías los miembros del Gobierno actual. Tiene que haber cosas más gordas para que esa actitud de absoluta servidumbre del Gobierno español a Marruecos no solo se mantenga, sino que se refuerce. Finalmente, como todo, se acabará sabiendo.

La actual crisis de Ceuta no va a resolverse a corto plazo, sino que irá aumentando en su importancia y conflictividad, y por tanto en sus repercusiones políticas. El debilitamiento del Gobierno es una evidencia, y el del Régimen también. A esto hay que añadir el debilitamiento de la Monarquía y de la figura de Felipe VI, que está quedando como un personaje perfectamente prescindible y marginal en la realidad institucional española. Sería deseable que esta crisis condujera a una desestabilización de la IIª Restauración borbónica -algo que de hecho parece que está sucediendo- y, en esa medida, se abriese paso un proceso real hacia la III República.

Como decíamos en otros editoriales, entendemos que Ceuta y Melilla deberán de pasar a soberanía marroquí, pero eso no se puede hacer de una forma chapucera. Tiene que producirse en un proceso sosegado y negociado, en el que se atienda a los intereses de la población que allí vive y desea mantener su “estatus de españolidad”, y sobre todo, incluyendo a Gibraltar en ese proceso, porque para que la cuestión tenga un mínimo de credibilidad tiene que resolverse a tres bandas. Cuanto antes se afronte el asunto de una forma racional, antes se irán resolviendo los problemas derivados.

Izquierda Castellana, 28 de agosto de 2026

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