Buenos días,
Vengo a hablar de algo que afecta a todas las personas que estáis aquí, viváis donde viváis: de la sanidad pública. De esa red que debería sostenernos cuando más débiles estamos. Porque para la gente del común, que funcione nuestra sanidad no es un lujo: es una necesidad. Y la queremos digna, de calidad, y para toda la ciudadanía que vivimos en esta comunidad. Sin exclusiones, sin listas de espera que se convierten en condenas.
Y quiero ser muy claro: esto no es un tema partidista. La defensa de la sanidad pública es un movimiento completamente transversal. Afecta a tu familia, a tu vecino, al que votó una cosa y al que votó la contraria. Porque la enfermedad no entiende de siglas políticas. Pero lo que sí entendemos es que nadie debería esperar meses para una prueba, para un diagnóstico, para un tratamiento. No podemos permitir que nuestra salud dependa de si podemos pagar una privada para saltarnos la lista. Eso no es libertad, eso es injusticia. No podemos permitir que la ciudadanía pierda este derecho conquistado con tanta lucha.
Pero hay algo que duele especialmente en nuestros pueblos. Porque el deterioro de la sanidad no solo afecta en las capitales: en el medio rural es aún más perverso.
Vacían los pueblos, les quitan los servicios: sanidad, educación, transporte… para luego llenar nuestro territorio de proyectos que lo degradan: macrocentrales fotovoltaicas o aerogeneradoras, macrogranjas , macroplantas de biogás que prometen riqueza y traen veneno. Y esto no es solo un problema para quien vive al lado. Afecta a la salud pública de toda la gente: contamina el agua, envenena el aire, empobrece nuestra tierra y nuestra alimentación. Menor calidad nutricional, más enfermedades. Eso también es salud pública. Por eso la defensa de la sanidad es inseparable de la defensa del territorio.
Y aquí quiero recordar que el movimiento en defensa de la sanidad pública de esta comunidad ya ha demostrado su fuerza. En 2018 y 2019 llenamos las calles con unas manifestaciones impresionantes en defensa de nuestra sanidad pública. Y hace apenas unas semanas, el pasado 21 de febrero, volvimos a hacerlo, volvimos a demostrar que estamos despiertos. Ese es el camino: la movilización constante, la calle, la organización.
Por eso les digo: en la próxima legislatura, la verdadera oposición van a ser los movimientos sociales. Los que defendemos nuestros servicios públicos, nuestro territorio, nuestra dignidad.
Y quiero aprovechar este altavoz para trasladarles una propuesta que estamos empezando a trabajar desde las plataformas en defensa de la sanidad pública de nuestra Comunidad. Este otoño, queremos organizar una Asamblea Social. Un encuentro donde todas las plataformas y movimientos sociales que están defendiendo esta tierra nos juntemos: los de defensa del territorio, las feministas, las asociaciones vecinales, las de educación, las de sanidad. Todas. Porque tenemos que ser esa herramientaútil que tenga la gente de esta Comunidad, para defender sus derechos en los próximos tiempos.
Y no puedo acabar mi intervención sin decir No a la guerra. No a invertir ni un solo euro en armas. No podemos permitirlo, mientras nuestras listas de espera no dejan de crecer, mientras no tengamos profesionales suficientes para atender a la población, mientras esperamos una ambulancia que tarda demasiado. No podemos permitir que el dinero que necesitan nuestros servicios sanitarios se vaya a destructoras de vidas. Ni un euro en armas. La guerra, además de todo el sufrimiento y la destrucción que genera, está encareciendo los alimentos. Eso hace que familias que ya iban justas no puedan comprar alimentos frescos, y esto es clave para una buena salud pública. No a la guerra.
Seguimos en la calle, seguimos organizándonos, seguimos defendiendo lo nuestro. Porque Villalar nos recuerda cada año que la lucha por los derechos comunes es una lucha que merece la pena.
Sanidad pública y de calidad.
