El 28 de febrero de 1986, hace poco más de 40 años, era asesinado Olof Palme, primer ministro sueco y representante principal de la denominada “socialdemocracia escandinava” (para diferenciarla de la socialdemocracia en general y de la alemana en particular). Ningún medio en el Estado español (ni a nivel europeo, que conozcamos) hizo una crónica por el 40 aniversario de este asesinato político, a pesar de la importancia del acontecimiento. Olof Palme se había convertido en un personaje extremadamente molesto para el Sistema capitalista global. Tenía posiciones en política internacional que dejaban al descubierto los aspectos más impresentables del imperialismo. Tuvo desde el principio una actitud de apoyo a la Revolución sandinista, y además de ayudar políticamente a Nicaragua, también proporcionó importantes recursos materiales, especialmente dirigidos a montar una estructura sanitaria pública en el país. Jugó un papel protagónico en las movilizaciones contra los fusilamientos del 27 de septiembre de 1975 en el Estado español, encabezando algunas manifestaciones de denuncia del Régimen y la represión franquista en la época.
Olof Palme en una movilización en solidaridad con los antifascistas que iban a ser ejecutados por el franquismo en septiembre de 1975
Es bueno destacar que Olof Palme tenía una reunión agendada con Gorbachov para hablar sobre el desarme global, frustrada precisamente por su asesinato. Era realmente lo que se puede denominar un personaje incómodo para el poder imperial. Después de ese asesinato político, se fue diluyendo progresivamente el proyecto de “socialismo escandinavo”, con la consiguiente derechización y alineamiento con la OTAN de los países que de alguna forma lo componían, hasta la reciente incorporación de Finlandia (2023) y Suecia (2024) a la estructura militar. El asesinato político no fue apenas investigado, y su autoría es más que probable que se corresponda con las tramas clandestinas vinculadas al Estado que existían, y seguramente aún existen, en el mundo occidental, dispuestas a liquidar cualquier proyecto disruptivo con el Sistema. Otro asesinato político que se puede enmarcar en esa línea sería el de Aldo Moro en Italia (1978), además de estar en la misma orientación de toda una serie de atentados masivos, como el de la Estación de Bolonia (Italia) de 1980, o más recientemente el ataque a un campamento de la juventudes laboristas en Noruega (2011).
En casi todos los casos, se induce que los asesinatos políticos en Occidente tenían como responsables a redes secretas, aunque su autoría se despachase bajo el formato de “lobos solitarios”. Estas redes, denominadas “redes de resistencia”, fueron creadas tras la II Guerra Mundial con el objetivo de luchar contra una hipotética invasión ruso-soviética, y contaban con una gran infiltración de fascistas. El asunto tuvo una especial importancia en Italia (Gladio) cuya existencia fue revelada en el Parlamento en 1990 por el Primer Ministro Giulio Andreotti. Los vínculos con la CIA y la OTAN de todos estos grupos/movimientos es indiscutible. Esos proyectos antirusos, primeramente alojados en redes secretas-clandestinas, han alcanzado las posiciones dominantes en el entramado institucional de la UE. No solo Ucrania ha de ser desnazificada, también el conjunto de Europa; el Estado español, con su régimen postfranquista, parece que está especialmente afectado por tal patología social.
Estación de Bolonia en 1980, después del atentado
¿Qué es y a quién representa el trumpismo? En la mayoría de los medios de comunicación del espacio occidental se leen y escuchan gran cantidad de sandeces sobre la naturaleza del trumpismo y su proyecto. Es ni más ni menos que el intento planificado de recuperar para los EEUU la hegemonía económica y militar global por todos los medios posibles, en primer lugar por la propia presión militar y la guerra, siempre que lo consideren necesario para conseguir sus objetivos. Lo hemos dicho en varias ocasiones y lo reiteramos: el trumpismo es el proyecto del IV Reich del siglo XXI, en esta ocasión con el sionismo como base ideológica y con el Estado de Israel como su aliado más estrecho. Dar ya por medio finalizado el trumpismo es algo peor que un error político, es una necedad. El proyecto de Trump no ha hecho más que empezar, y esa ofensiva mediática en la que están implicados todos los medios asociados al Partido Demócrata a nivel internacional son una expresión de su incapacidad para confrontar realmente con ese proyecto.
El trumpismo es, pues, un intento de dar continuidad y adaptar a las nuevas circunstancias al imperialismo capitalista, obviamente en fase de decadencia moral y política, pero aún con la suficiente energía y capacidad para darle a la humanidad muchos disgustos. La lucha contra esta nueva forma de imperialismo ha de tomarse con la mayor seriedad y responsabilidad. Estamos quizás en el primer momento histórico en que puede derrotarse de una forma plena al imperialismo, pero sólo si se pone todo el entusiasmo en ello, desde el estudio de la realidad con rigor hasta la puesta en marcha de líneas de acción que sirvan para articular la mejor correlación de fuerzas en esa lucha.
El imperialismo como fase superior del capitalismo comienza a forjarse en las últimas décadas del siglo XIX y en las primeras del XX. Vamos a señalar brevemente algunas de las entidades financieras que se desarrollaron en la época y que tuvieron un papel de primera línea durante la I y la II Guerra Mundial, siendo el sustrato principal para la configuración del imperialismo en su fase financiera.
JPMorgan, resultado de 1.200 instituciones que se han ido fusionando desde 1799, cuyos objetivos eran costear la infraestructura industrial y consolidar el sistema financiero; rescató al gobierno de EEUU de las crisis de pánico financiero en 1893 y 1907. El Bank of America nació en 1904 para facilitar el acceso a préstamos a inmigrantes italianos, expandiendo el modelo de “banca minorista”. El Citibank tiene sus orígenes entre los comerciantes de Nueva York en 1812, siendo pionero en ofrecer servicios de divisas. El Goldman Sachs, símbolo del capitalismo de inversión de Wall Street, fue fundado en 1869 actuando como intermediarios de crédito, cuya función original era la de darle liquidez a pequeñas empresas, dedicándose posteriormente a la bolsa.
Algunas de las principales firmas bancarias norteamericanas
En Europa hay que destacar en primer lugar a la banca británica. Londres era el principal centro financiero y sus bancos se consolidaron a través de siglos de fusiones. Señalamos Barclays, que adquirió su forma moderna en 1896 con la unión de una veintena de entidades para competir con los bancos industriales europeos; y el HSBC, fundado en Hong Kong y Shanghái para impulsar el comercio del opio, el té y la seda entre China, India y Europa, como puente financiero del Imperio Británico en Asia.
En Alemania debemos señalar al Deutsche Bank, operativo desde 1870 y cuyo objetivo principal fue liberar al comercio exterior alemán de la dependencia de la banca británica, financiando exportaciones y a la industria. En ese mismo año también apareció el Commerzbank en Hamburgo para dar servicio a la pequeña y mediana empresa familiar. La banca francesa (Société Générale de 1864; Crédit Agricole de 1885; BNP Paribas, 1872…) se dividió entre las cajas de ahorro y la gran inversión en infraestructuras. Otros bancos europeos significativos de la época fueron la Unión de BancosSuizos (1862) y la Sociedad de Bancos Suizos (1872), que se posicionaron como lugar seguro y neutral en una Europa plagada de guerras, y que han dado lugar al UBS, el banco privado más grande del mundo en estos días; o el Banco Santander, que fue fundado en 1857 en esta ciudad portuaria y que acabó convirtiéndose en el banco dominante en el mundo castellanohablante.
En 1914 se desencadenó la Gran Guerra, como se le denominó en su momento; ésta sirvió para definir la distribución territorial del mundo en base a la correlación de fuerzas político-militares que se habían expresado en la contienda. Los tratados que pusieron fin a la I Guerra Mundial, el de Versalles entre otros, trajeron casi de forma inevitable la génesis de la II Guerra Mundial, pero también propiciaron la primera gran Revolución socialista de la historia, la soviética de 1917.
La II Guerra Mundial finalizó con unos acuerdos más medidos, y esa “paz de posguerra”, con todas sus limitaciones y conflictos, duró en lo esencial muchas décadas. La existencia de la URSS en sí misma fue un elemento de estabilización política, económica y militar. La aparición de la República Popular China y su impresionante desarrollo económico, social y político, supuso un elemento de profunda preocupación en el mundo capitalista. La potencias occidentales estaban convencidas de que la Revolución china no aguantaría más que unos pocos años en pie. Aunque nunca lo reconocerán, la liquidación de la URSS fue un mal negocio para el capitalismo occidental, aunque inicialmente (mientras Rusia estaba bajo la dirección de Yeltsin y totalmente entregada) lo vieran como una gran oportunidad. Eso no podía durar mucho; Rusia es uno de esos pueblos patrióticos con una historia impresionante que no iba a dejarse desmembrar, tal como pretendían. Aún hoy algunos imbéciles a la cabeza de la mayoría de los Estados de la UE defienden esos postulados basados en la ignorancia sobre la realidad del pueblo ruso; ignorancia semejante a la de Hitler cuando invadió la URSS en 1941 y pudo comprobar que la resistencia era muy superior a lo que habían previsto, lo que condujo a la derrota de los ejércitos nazis del conjunto de Europa. Algo similar, salvando las distancias, está ocurriendo en Asia con Irán y sus organizaciones aliadas en el Líbano, Irak, Yemen y Palestina.
La composición de la fracción hegemónica del capitalismo, especialmente en EEUU, ha variado sustancialmente y tiende a cambiar sus formas de dominación, tanto internas como a nivel global. El sector que se ha hecho hegemónico en el capitalismo yanqui, el vinculado a las nuevas tecnologías, especialmente a la IA, las criptomonedas y de nuevo a la industria de guerra, ha expresado ya sus ideas en un “manifiesto”; conviene leer ese brutal -pero también claro- documento escrito por Alex Karp, el segundo al frente de Palantir, una de las principales empresas del ramo; por cierto, parece que están pasando por ciertas dificultades financieras, como en general el conjunto del sector de la IA, porque las necesidades de inversión por el coste de la construcción y mantenimiento de los centros para la IA es cada vez mayor y no está dando los rendimientos económicos que esperaban. Parece que estamos ante una nueva burbuja de la IA en los EEUU.
Alex Karp y Peter Thiel, empresarios al frente de Palantir
El sábado asistimos al penúltimo intento de atentado sobre el presidente Trump. Hitler también era muy aficionado a la organización de estos espectáculos, de los que sacaba importantes beneficios políticos. Es evidente que el intento de atentado ha sido una chapuza, con lo que las sospechas de que hubiera sido previamente organizado no hacen más que aumentar, pero su utilidad política y electoral de cara a los comicios de noviembre ya está servida. Trump tardó pocos minutos en reivindicar la construcción del “Salón de Baile” en la Casa Blanca, que servirá de refugio blindado y donde los problemas de seguridad se limitarían al máximo. A pesar de sus 79 años, a este personaje no le faltan reflejos. Ya veremos cómo evolucionan las cosas alrededor de este asunto, cabe señalar que antes de esas elecciones “de medio mandato” tendrá lugar el campeonato mundial de fútbol, cuya final se celebrará en los EEUU.
La guerra en Asia Occidental, tal como hemos señalado en nuestros anteriores editoriales, está siendo ganada por Irán en el terreno mediático y también parece que en cierto modo en el militar, pero no hay que olvidar que el Ejército de EEUU tiene una gran potencia de fuego que aún no ha utilizado porque no lo considera oportuno, pero ese momento podría llegar. No hay que echar las campanas al vuelo y se debe tener prudencia en las previsiones, aunque es comprensible que desde el bando antiimperialista se haga especial hincapié en las victorias, porque estas son realmente impresionantes y demuestran la capacidad de resistencia del pueblo iraní, palestino, libanés y yemení.
En cuanto a los efectos del cierre del Estrecho de Ormuz, por las informaciones que se trasladan de medios poco dudosos, parece claro que perjudican especialmente a Europa y a otros países de la esfera de influencia de las potencias occidentales. EEUU tiene suficientes recursos petrolíferos y de gas natural, y cada vez está exportando en mayor cantidad esos hidrocarburos. En cuanto a la subida de los precios del combustible en los EEUU (hay que saber que los precios se refieren a galones, no a litros, y cada galón tiene unos 3,7 litros), aún siendo significativa, nada tiene que ver con los aumentos que se están viendo en Europa Occidental. De mantenerse tal situación puede conducir a una crisis energética y económica mucho mayor que la del Covid-19 o crisis precedentes. Ciertamente en Europa occidental no tienen ninguna alternativa seria para afrontar esa situación. Quizás esto sea lo que genera esa histeria respecto a Trump entre una gran parte de los medios y de los partidos políticos occidentales, habitualmente con estrechas conexiones con el Partido Demócrata yanqui. Por supuesto que hay que luchar contra Trump y derrotarlo, pero no para recuperar una gobernanza en EEUU y a nivel global del Partido Demócrata.
Europa es actualmente un desastre, que se profundiza cada día. Su única esperanza es la militarización pura y dura, hacia la que camina aceleradamente, incluyendo el Estado español, a pesar de su falsa política del “No a la Guerra”, que no le impide apoyar todas y cada una de las medidas de la UE contra Rusia; como aparecía en El País el 27 de abril, “España lidera la lista de países del mundo que más crecen en gasto militar”.
Francia y sus aliados del islamismo radical tratan de alterar todo lo posible en África el proceso de configuración de Estados estables y maduros, con planteamientos antiimperialistas y cercanos a Rusia. Los medios de comunicación occidentales actúan de altavoces de esas informaciones, normalmente tergiversadas.
La preparación de la guerra global sigue en marcha. El rearme de prácticamente todos los Estados alineados en el mundo occidental, avanza sin parar. Se dan pasos muy descarados en esa dirección, incluyendo en ella la guerra en el Mar Meridional de China por la cuestión taiwanesa. Los planes normalmente abarcan de dos a cuatro años, con lo que se puede deducir de alguna manera que en ese periodo puede entrarse en esa etapa, a la que no querríamos llegar, pero hacia la que desgraciadamente toda la política de los países capitalistas apunta.