Algunos rasgos del mundo en que vivimos

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Aunque en Europa Occidental se suele tomar la invasión de Polonia en septiembre de 1939 como punto de inicio para la II Guerra Mundial, la década de los años 30 del siglo XX estuvo marcada por las agresiones de las potencias fascistas a diferentes países: Japón invadió primero la región de Manchuria (1931) y posteriormente otras partes de China (1937); Italia se anexionó Etiopía en 1936 y Albania en 1939; y Alemania hizo lo mismo con Austria y los Sudetes (Checoslovaquia), con la conformidad de Francia y Reino Unido a través del Pacto de Munich. A ello hay que sumar, por supuesto, la intervención decisiva en apoyo al bando franquista en el Estado español durante la guerra antifascista (1936-1939).

El Pacto de No-Agresión entre la Alemania nazi y la Unión Soviética (Pacto Ribbentrop-Molotov) de agosto de 1939 es posterior al Pacto Antikomintern suscrito por los países fascistas, así como a los acuerdos entre las potencias liberales occidentales y el Eje. Para la dirigencia soviética era evidente que más pronto que tarde Hitler atacaría a la URSS, por lo que buscaron ganar tiempo para poner a punto a su ejército y su pueblo.

En septiembre de 1939, la invasión de Polonia por parte de los Ejércitos nazis arrastra por fin al Reino Unido y a Francia a la guerra. En abril de 1940, Alemania toma Dinamarca e inicia la conquista de Noruega, que se rinde un par de meses más tarde. En mayo las tropas de Hitler entran en Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo y Francia, rindiéndose este último país a través de un armisticio en tan solo 40 días; la mitad norte de Francia queda bajo ocupación directa, y la mitad meridional -invadida a su vez por Italia, que se incorpora entonces a la guerra- quedará administrada bajo el Régimen colaboracionista de Vichy. El Reino Unido resiste en solitario las embestidas de la aviación nazi durante el verano de 1940, para lo que jugó un papel importante su fuerza aérea (RAF).

Entre la segunda mitad de 1940 y la primera mitad de 1941, prácticamente todos los países de Europa Oriental se incorporan al Eje, algunos de manera entusiasta (Rumanía, Eslovaquia, Hungría, Bulgaria), mientras que otros lo hacen de forma resignada y con resistencia, como Grecia o Yugoslavia, más específicamente Serbia (Croacia, por su parte, se convertirá en un protectorado del III Reich especialmente criminal bajo el gobierno de los Ustacha). La guerra también se extiende de manera abierta al norte de África, donde las potencias europeas se enfrentan en los territorios que formaban parte de los imperios coloniales británico, francés e italiano.

El 22 de junio de 1941, los ejércitos nazi-fascistas de todo el continente ponen en marcha la Operación Barbarroja invadiendo la URSS a través de un amplio frente, desde el Mar Báltico al norte hasta Ucrania y el Cáucaso en el sur. Amplios territorios soviéticos son arrasados y anexionados, pero Moscú, Stalingrado y Leningrado resisten el asedio.

En diciembre de 1941 Japón, que trabajaba en la expansión de su imperio por el Océano Pacífico y el Sudeste Asiático, bombardea la base militar estadounidense de Pearl Harbour en Hawaii. Solo entonces los EEUU se incorporan militarmente a la contienda contra el nazi-fascismo.

 

Europa en 1942. Como es habitual en muchos otros mapas, el Estado español aparece como país neutral en la contienda, cuando evidentemente fue un estrecho aliado de las potencias nazifascistas y participó activamente en la campaña contra la URSS a través de la División Azul.

A finales de 1942 y principios de 1943 se producen las primeras derrotas para el Eje, tanto en el frente del Pacífico como en el Norte de África y Europa. Las ciudades alemanas empiezan a ser bombardeadas por la aviación aliada y numerosas fuerzas de los ejércitos fascistas son liquidadas en el frente soviético. La URSS comienza el contraataque, causando grandes pérdidas a los alemanes y recuperando importantes ciudades, como Kiev. Destaca la batalla de tanques de Kursk, donde los nazis sufren una significativa derrota. Los británicos y los estadounidenses, tras controlar todo el Magreb, desembarcan en Sicilia y Nápoles.

A partir de ese momento, el Eje entra en un proceso de derrotas. En 1944 los aliados toman Roma y desembarcan en Francia, lo que obliga a los alemanes a trasladar a la Europa Occidental una parte de sus efectivos, hasta entonces concentrados en el frente Oriental. Durante el verano de 1944 los nazis pierden el control sobre Bielorrusia, Rumanía, Bulgaria, Grecia, Albania, Francia y parte de Polonia, los Países Bajos y Bélgica. Yugoslavia se libera a sí misma con sus propias fuerzas de la resistencia. Las últimas intentonas nazis para recuperar posiciones a finales de ese año fracasan en la contraofensiva de las Ardenas, mientras el Ejército Rojo prosigue su curso liberando Cracovia, Budapest, Varsovia, Bratislava, Viena…

En abril de 1945 las tropas soviéticas cercan Berlín. Después del suicidio de Hitler en su búnker, la dirigencia nazi firma la capitulación ante los EEUU primero, después de intentar llegar a algún tipo de acuerdo, y ante la URSS después (8 y 9 de mayo). La guerra prosigue en Asia hasta la rendición de Japón el 2 de septiembre de 1945, tras significativas pérdidas territoriales niponas en el Pacífico, y después de que la URSS entrase en Manchuria y los EEUU lanzasen dos bombas nucleares sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki, completamente innecesarias desde el punto de vista militar para ganar la guerra, pero que sirvieron para reafirmar el poderío indiscutible en Occidente de los EEUU durante varias décadas y evitar que los ejércitos soviéticos avanzasen más en territorios bajo control japonés.

Este mapamundi presenta el mismo problema que el mapa anterior, considerando al Estado español como «no comprometido en el conflicto».

Antes de pasar a la reflexión global, nos gustaría aclarar algunos conceptos que creemos imprescindibles.

El sionismo es mucho más que el Estado de Israel. Es importante tener clara esta cuestión. En la actualidad el Estado de Israel es la estructura institucional, particularmente militar y de inteligencia, más importante del sionismo, pero el sionismo va mucho más allá en lo que se refiere a su potencia económica, mediática y también organizativa. El sionismo tiene miles de estructuras repartidas por todo el mundo. El ejemplo de la personación como acusación particular de ACOM en el juicio contra militantes propalestinos que denunciaron la presencia del Israel Premier-Tech en la Vuelta Ciclista a España es un ejemplo de esas amplísimas ramificaciones.

El resultado de las elecciones en Hungría, con la victoria de Magyar, el candidato alternativo a Orbán (aunque procede del mismo tronco, cosa que no hay que olvidar) parece que ha contado con el apoyo significativo del sionismo, en este caso a través de la Fundación Soros; también Orbán contaba con el apoyo de otros sectores relevantes del sionismo. El sionismo cuenta con muchos más poderes que el Estado de Israel. Este último es un gran poder político militar, pero hay otras formas de poder de gran importancia. En un reciente artículo en el diario israelí Haaretz se hace una descripción bastante detallada de las conexiones, más que estrechas, entre el sionismo en EEUU y el Partido Demócrata de los EEUU (no el Republicano, que por supuesto también las tiene).

El Estado de Israel está ante una crisis existencial y su legitimidad, que le garantizaba hasta ahora su pervivencia, se encuentra cada vez más cuestionada. Esa legitimidad estuvo basada muy especialmente en el Holocausto, que motivó a las grandes potencias del momento a acordar la creación de un Estado judío en Oriente Medio. Hoy esa legitimidad está más que amortizada por las barbaridades y la política genocida que Israel ejecuta en Gaza, Cisjordania, Líbano, etc., además de la tremenda represión que ejerce hacia la población en el propio Estado de Israel, particularmente contra la de origen palestino. La legalización de la pena de muerte por ahorcamiento, exclusivamente para la población palestina, es todo un ejemplo de lo que decimos. Aun en el caso de que el Estado de Israel desapareciera, al menos tal y como hoy lo conocemos, en absoluto supondría el fin del sionismo. Como decíamos, el sionismo tiene otros muchos recursos, como su influencia financiera y mediática global en el mundo occidental, y en menor medida en otras partes del planeta. Somos antisionistas convencidos/as, no antisemitas, cosa que el Gobierno de Netanyahu y otros agentes se empeñan deliberadamente en confundir, pese a ser cuestiones muy diferentes. Semitas son todos los pueblos que proceden de esa zona geográfica, incluyendo por supuesto los palestinos.

Respecto al Estrecho de Ormuz, utilizando una terminología empleada en otros ámbitos, es “un fondo de saco” del Golfo Pérsico, para el cuál solo hay una única entrada y salida posible. El bloqueo del Golfo Pérsico por parte de EEUU solo exige cerrar el mencionado Estrecho. Esto le diferencia del Mar Rojo, que es un mar con doble salida -al estar delimitados sus extremos por el Estrecho de Bab el-Mandeb al sur y el Canal de Suez al norte- cuya función principal es el tránsito de navíos mercantes entre el Índico y el Mediterráneo.

Fuerte portugués de Nuestra Señora de la Concepción, construido en el siglo XVI en la Isla de Ormuz, y reflejo de la importancia estratégica que tuvo el control del Estrecho para Europa desde los inicios de la época colonial.
Mapa centrado en la Península Arábiga, resaltando el Estrecho de Ormuz para el Golfo Pérsico y las entradas al Mar Rojo a través de Suez y Bab el-Mandeb

En algunos medios se recoge que “se está cuestionando el proceso de globalización”. A buenas horas, mangas verdes; si la inteligencia occidental se empieza a dar cuenta ahora de que está en cuestión el proceso de globalización es que su capacidad de análisis es inferior a la que nos imaginábamos. Claro que la globalización está en cuestión. Trump se presentó como un partidario de frenar ese proceso desde su primera presidencia, y en esta segunda lo está poniendo en práctica con mucho entusiasmo.

Trump ni es un loco ni es un estúpido, o al menos la locura o la estupidez no son las facetas fundamentales que explican su línea política. Simplemente es un nazi-sionista, es decir, ha asumido que en estos momentos la forma de dominación más útil para la supervivencia del capitalismo es el nazi-sionismo. En ningún momento debemos perder de vista la esencia capitalista del proyecto de Trump.

El domingo aparecía una entrevista al presidente de la Asamblea Nacional Venezolana, Jorge Rodríguez (personaje histórico en la revolución venezolana y hermano de la actual presidenta Delcy Rodríguez, anteriormente vicepresidenta con Maduro). Recomendamos leerla. Trump ha demostrado en el caso de Venezuela, y no sólo, una inteligencia superior a la que han mostrado otros presidentes de EEUU. Su Administración no optó por imponer a María Corina Machado en la dirección del país porque sabía que eso supondría un grave conflicto interno en Venezuela, y con ello una desestabilización de su economía, incluyendo su sector petrolero, tal como ocurrió en Irak. Optó por llegar a un acuerdo que tiene aspectos favorables para ambas partes.

Respecto a Irán la cosa es muy diferente, de la misma forma que el trato de la Alemania nazi fue muy distinta con Francia y otros países de Europa occidental respecto a la que mantuvieron posteriormente con la URSS. A Hitler, en general al proyecto nazi-fascista, le interesaba mantener a Europa Occidental en una situación compatible con la producción económica e industrial, eso sí, bajo el control de regímenes favorables a la Alemania nazi. Veremos cómo el proceso que lleva adelante el nazisionismo en Latinoamérica tiene paralelismos respecto al desarrollado por el nazifascismo en Europa Occidental, mientras que para Asia Occidental tienen expectativas más parecidas a las que el nazifascismo tenía previstas para los territorios soviéticos.

Los EEUU intentarán dar una de cal y otra de arena, pero su objetivo es el dominio absoluto sobre la zona, y no porque Israel se lo imponga, sino porque va en su propia naturaleza. Israel obviamente es un refuerzo y un gran colaborador en esa dirección, pero no es el factor fundamental de esa política. Tal como comentábamos en nuestro anterior editorial, desgraciadamente la guerra en Asia Occidental va para largo. Podrá pasar por fases de apaciguamiento, conversaciones, treguas, etc., pero no terminará hasta que los problemas que la condicionan estén al menos medianamente encauzados.

A finales del siglo XV, en 1494, se firmó el Tratado de Tordesillas entre la Corona de Castilla y la de Portugal, tratado que con la bendición papal dividía el mundo en dos zonas de influencia. A otras potencias europeas esa decisión no les gustó en absoluto, pero durante un tiempo no les quedó más remedio que aceptarla, hasta que la hegemonía de ambas Coronas, unificadas entre 1580 y 1640 (época conocida en Portugal como “la de los Felipes”) se fue viniendo abajo.

Mapa del reparto del mundo entre Castilla y Portugal según el Tratado de Tordesillas, 1494

El mundo no ha parado de cambiar a lo largo de la historia, y la herramienta definitiva empleada para materializar esos cambios ha sido habitualmente la guerra. En los últimos años del XIX y a lo largo del XX se impuso lo que Lenin llamaba el imperialismo como fase superior del capitalismo, es decir, el capitalismo financiero. El capitalismo mercantil de los siglos XV, XVI y XVII ya había desaparecido, y el que le sustituyó, el capitalismo industrial, también fue desplazado de la hegemonía de este Sistema por el capitalismo financiero. A su vez, este capitalismo financiero ha evolucionado de forma vertiginosa en las últimas décadas, y hoy está completamente asociado a los productos tecnológicos, sobre todo la Inteligencia Artificial, y a las criptomonedas. Actualmente la industria militar vuelve a jugar un papel muy importante, por la pura necesidad que exige la guerra y su preparación. De ahí las llamadas a que se incrementen los presupuestos militares, cosa que de forma explícita o vergonzante se ha venido haciendo en todo el mundo occidental.

Las guerras globales o mundiales son procesos complejos, con diversos escenarios y calendarios. Nuestra visión es que estamos en el proceso de construcción de una III Guerra Mundial, cosa que venimos diciendo desde hace varios años. Creemos que los hechos desgraciadamente nos dan la razón.

Europa ha entrado a traspiés en esta etapa, en buena medida porque se ha creído sus propias mentiras. Los “relatos creativos” elaborados después de la II Guerra Mundial han estallado, especialmente con la retirada del Primo de Zumosol estadounidense. Evalúan la derrota de Orbán en las elecciones húngaras como una gran victoria que permitirá a la UE la recuperación internacional del pulso europeo. Algo se traerán entre manos, aunque no les va a ser nada fácil salir de esta situación. El encuentro internacional programado por el Gobierno en Barcelona los días 17 y 18 de abril tendrá una gran referencialidad mediática, pero poco más que eso. El Partido Demócrata americano y global (el partido de la globalización) no está en condiciones, al menos de momento, de impulsar un proyecto pseudo-socialdemócrata a nivel internacional, y aunque a Pedro Sánchez le habría encantado personalizarlo, no da la talla, y las circunstancias tampoco lo permiten. Habrá que estar atentos/as a las maniobras, ya que si bien es positivo que formalmente se oponga a la política estadounidense e israelí en Oriente Medio, como tantos otros países europeos, no es menos cierto que Sánchez reitera cada vez que puede que hay que crear ya, con alcance inmediato, un ejército europeo, ejército que no será precisamente para realizar actividades caritativas.

Izquierda Castellana, a 14 de abril de 2026

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