Cinco adolescentes de entre 14 y 18 años han fallecido en la noche del 16 de febrero, en el incendio de un trastero situado en la azotea de un edificio en Manlleu, provincia de Barcelona, y otras cuatro personas han resultado heridas por inhalación de humo, aparentemente por la quema accidental de un colchón; los bomberos dijeron primeramente que se trataba de una infravivienda, aunque los Mossos han expuesto después que era un local que los jóvenes utilizaban para su ocio, nos imaginamos que ante la ausencia de otras alternativas mejores. Según parece, cuando llegaron los bomberos y los sanitarios al lugar, el bloque ya había sido desalojado por los propios/as vecinos/as, que han denunciado la tardanza de los servicios de emergencias en aparecer.
Inicialment, els Bombers han apuntat que el traster incendiat a Manlleu s’havia habilitat com a habitatge, una hipòtesi que més tard han rebaixat d’acord amb les primeres indagacions dels Mossos https://t.co/xfVwpF7Yif pic.twitter.com/79hT2IORrF
— 3CatInfo (@3CatInfo) February 17, 2026
Si la muerte de cinco jóvenes siempre es un hecho trágico y conmovedor, en las circunstancias en las que ha ocurrido lo es aún más. Pero también es un hecho profundamente vergonzoso, que se suma a todas las catástrofes que en los últimos tiempos revelan en toda su crudeza la profundización de la crisis del Régimen y la creciente deshumanización a la que nos conduce este capitalismo avaricioso y totalmente corrupto que campa a sus anchas en el Estado español. La dificultad del acceso a una vivienda digna es un elemento adicional -aunque seguramente el más importante, por razones evidentes- de la degradación general del Sistema y de los servicios públicos: transportes, sanidad, educación, energía, etc. La repercusión del desmantelamiento de todos estos servicios afecta muy gravemente a las clases populares, de forma más acusada aún a la juventud y a la población inmigrante. La especulación urbanística, los precios prohibitivos de la vivienda y el aumento del coste de la vida están provocando que cada vez más gente viva hacinada o que lo haga en habitáculos y locales sin las más mínimas condiciones de seguridad y salubridad. Pese a todos esos discursos grandilocuentes sobre “la buena marcha de la economía”, esta es una realidad cada vez más palpable en los barrios obreros. A ello hay que añadir el déficit de espacios e instalaciones de ocio saludable para la juventud, carencia que también contribuye a que se repitan este tipo de sucesos, que se están tornando cada vez más frecuentes.
Queremos expresar nuestra solidaridad con los familiares y allegados de estos jóvenes.
No son simples accidentes; ¡la especulación y la precarización nos están matando!