Desde hace unas semanas estamos asistiendo a una auténtica “epidemia” de incendios forestales que, como prácticamente todo lo que acontece en el Estado español, se convirtió inmediatamente en combustible para la confrontación partidista, absolutamente irresponsable, pero de interés desde una perspectiva electoral (al menos así lo consideran sus protagonistas). En Castilla y León, el conglomerado subvencionado de progres ha visto una oportunidad en los incendios para mejorar sus expectativas electorales de cara a las próximas Autonómicas, que parece ser tendrán lugar en la primavera de 2026. Vana ilusión. Hay mucho trabajador/a del sector público de libre designación en juego, estatus que supone poco esfuerzo y buena remuneración sin la necesidad de ninguna cualificación profesional, tal como ha quedado una vez más de manifiesto con el último episodio de los currículums. En general, los responsables políticos, en vez de arrimar el hombro y esforzarse para limitar los efectos del fuego, se han dedicado a proseguir con su grotesco espectáculo de sacudirse a garrotazos. Quizás no son conscientes de que así lo único que consiguen es aumentar el descrédito del actual Régimen de la II Restauración Borbónica. Por cierto, el máximo representante de este Régimen -Felipe VI- ya se encuentra realizando excursiones por las zonas afectadas.

Los incendios han afectado en esta ocasión muy particularmente a los territorios de la zona occidental de la Península Ibérica, incluyendo Portugal. Una vez más se ha demostrado que “sólo el pueblo organizado salva al pueblo”, por mucho que a los representantes de las instituciones, especialmente a los del Gobierno Central y afines, les moleste esta expresión y pretendan achacársela a la extrema derecha (a la “fachosfera”, que dirían actualmente desde la dirección del PSOE). La expresión “sólo el pueblo organizado salva al pueblo” fue articulada y utilizada en las movilizaciones sociales hace más de 20 años con un sentido ideológico-político muy preciso: la denuncia del Régimen. Pero los dirigentes del PSOE, evidentemente, no estaban en esas movilizaciones.
En este editorial vamos a introducir algunas informaciones objetivas y algunas reflexiones que sirvan para afrontar el problema desde una perspectiva racional y útil para el futuro de nuestro pueblo: sus gentes y sus tierras.
En primer lugar, el marco jurídico-normativo fundamental es, por un lado, La Ley de Montes 43/2003, que tiene como contexto la Constitución Española de 1978, especialmente en sus artículos 149.1.23.ª; 149.1.18.ª; y 148.8.9.ª También en los Estatutos de Autonomía se desarrolla legislación autonómica sobre tal cuestión. Por otro lado, el Reglamento de Montes es el que sigue marcando la normativa concreta, y fue aprobado por el Decreto 485/1962, de 22 de febrero de ese año, y no fue derogado por la mencionada Ley 43/2003 -por lo tanto, sigue vigente-. Desde hace varios años se espera que el Gobierno Central presente una nueva normativa o Reglamento de Montes. Según dicen, estará lista para las próximas semanas. Sin ese reglamento estatal no se pueden elaborar los autonómicos, que tienen que tener a éste como referencia.
Ante el irracional debate entre los diferentes grupos políticos sobre las cuestiones competenciales, extraemos las siguientes líneas de la página web del Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico:
En materia de incendios forestales y de acuerdo con la Ley 43/2003 de Montes, corresponden a la Administración General del Estado, en colaboración con las comunidades autónomas, las siguientes competencias:
Definir los objetivos generales de la política forestal en materia de incendios forestales
Recopilar, elaborar y sistematizar la Estadística General de Incendios Forestales
Establecer directrices comunes sobre formación en materia de prevención y extinción
Normalizar medios y equipamiento del personal de extinción en todo el territorio español
Desplegar medios estatales de apoyo a las comunidades autónomas y otros países, para la cobertura de los montes contra incendios
De manera exclusiva ostenta la representación internacional de España en materia de incendios forestales.
Como señalábamos en nuestro anterior editorial, España, Suecia y Finlandia son los tres Estados de la UE con mayor masa forestal. Desde 1970, la masa forestal española ha aumentado en un 50%, hasta alcanzar los 28 millones de hectáreas (de las cuales 18 son arboladas y 10 desarboladas), que cubren aproximadamente el 55% de la superficie del Estado, constituyendo cerca de una quinta parte de toda la masa forestal de la UE. Según el artículo “El gran avance del bosque en España”, publicado en El País el 15 de septiembre de 2024: “A pesar de los incendios y la desertificación, hoy en día la superficie forestal del país es mucho mayor que en el pasado”; según el catedrático Juan Antonio Oliet, “la superficie del bosque alcanzó su mínimo a mediados del siglo XIX, cuando se redujo a unos 6 millones de hectáreas”.
Los crecimientos anuales de madera en el Estado español alcanzan los 30 millones de metros cúbicos. Quienes más aportan a este incremento son las provincias de A Coruña, Lugo y Pontevedra, junto a las Comunidades de Asturias y Navarra, algo que sucede sobre unas pocas especies arbóreas: fundamentalmente pino silvestre y eucaliptos (el eucalipto, por cierto, está prohibido por la UE como árbol para la reforestación). De esa producción tan solo se utiliza la mitad, mientras el resto se va acumulando y generando un crecimiento incontrolado del combustible forestal. Ese combustible ha invadido en los últimos años la zona urbana de los pueblos, llegando a las mismísimas puertas y ventanas de las casas, algo que hasta hace unos años no ocurría; una vía directa hacia el incendio de los cascos urbanos de los pueblos.
En el segundo inventario forestal nacional (IFN2) se presenta la información disponible en el año 1988. Posteriormente se han realizado nuevos inventarios forestales, hasta un total de cuatro. En el portal de datos e inventarios del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, aparecen ocho consideraciones, que transcribimos:
1. Se detecta un notable aumento de la superficie de monte arbolado a costa de una disminución de la del desarbolado y cultivo.
2. La biomasa arbórea existente en los montes es ahora mucho mayor que la que mostraba el IFN2, tanto en valores absolutos como en valores por hectárea.
3. En las provincias cantábricas la expansión del eucalipto ha sido espectacular a pesar de que cada vez se corta más madera de dicha especie.
4. Las frondosas autóctonas (robles, castaño, haya, quejigos, etc.) han crecido considerablemente tanto en superficie como en biomasa.
5. La cantidad de árboles de grandes dimensiones se ha incrementado mucho pero, en cambio, hay ahora menos pies pequeños que hace 10 años.
6. En general los bosques españoles están en la actualidad igual o más sanos que antes.
7. Prácticamente todos los indicadores de desarrollo sostenible muestran una evolución positiva de los montes españoles.
8. Los valores de las cortas obtenidos por comparación de este inventario con el segundo son superiores a los mostrados en las estadísticas oficiales elaboradas por el MAPA. Una fracción importante de dichas cortas no se saca de los montes y queda allí para bien: protección de la biodiversidad y retención del carbono, para mal: peligro de incendios y facilidades a las plagas.
Una vez realizada esta introducción sobre las circunstancias generales de la masa forestal, las cuestiones centrales a las que debería darse respuesta, según nuestra opinión, son las siguientes:
– ¿Cómo gestionar la masa forestal en aumento?
– ¿Cómo gestionar la relación de la sociedad humana con la masa forestal en las actuales circunstancias?
– ¿Cómo gestionar la relación de la sociedad humana con la flora y la fauna, y con la naturaleza en general?
La lucha contra los incendios forestales es un concepto mal planteado y aún peor puesto en práctica. Siempre habrá incendios, por muy buena que sea la política de gestión de las masas forestales y de la relación de la sociedad humana con la naturaleza. Pero si la mayor parte de los esfuerzos no se ponen en esa gestión, incluyendo la educación y la formación, jamás se saldrá del círculo vicioso. Si aun por encima se achacan los incendios en lo fundamental a la crisis climática, se cae en una tergiversación estúpida. El cambio climático favorece el proceso de quema de las masas forestales, especialmente con el aumento de los veranos calurosos precedidos de primaveras lluviosas, pero obviamente ese no es el problema de fondo. A ese respecto, queremos recomendar la lectura del artículo Lucha de clases en el interior de Castilla y León de G. Juncales, publicado en el diario Nortes, y que tiene diferentes elementos que nos parecen de interés, tales como la adecuación de las instituciones autonómicas a las nuevas necesidades del capitalismo o precisamente cómo no se deben entender los incendios como una simple consecuencia de la crisis ambiental, sino como una expresión más del conflicto de clases.
La cuestión de mayor importancia en este asunto es la despoblación del medio rural, asociada a la limitación y pérdida de rentabilidad económica de muchas de las actividades agrícolas y ganaderas que suponían un uso racional y sostenible de la masa forestal. La entrada en la UE supuso un punto de inflexión en el incremento de los incendios forestales debido a las exigencias al sector primario en el Estado español, particularmente en Castilla, al intensificarse el vaciamiento de los pueblos por la búsqueda de mejores condiciones laborales y servicios. Simultáneamente, se profundizó el abandono de los recursos y la infraestructura que servía al sostenimiento de la vida en el medio rural. Además de las limitaciones productivas, como por ejemplo la elaboración de quesos artesanales en las pequeñas explotaciones ganaderas de ovino y caprino, como ocurría tradicionalmente, hemos de señalar el abandono y cierre de los mataderos comarcales en el rural, e incluso en algunas ciudades, en lo que fue una auténtica privatización de esa actividad. Ciertamente enseguida se abrieron macromataderos privados, en perjuicio de los ganaderos al alejar de forma significativa y encarecer la actividad del sacrificio del ganado. Otra cuestión que tuvo un gran impacto en la ganadería rural fue el desmantelamiento de los servicios de sanidad animal, es decir, de los equipos veterinarios que venían desarrollando un servicio de fácil acceso y de carácter público, y que tras su liquidación fue sustituido por un servicio de sanidad privado.

Pero cuando planteamos que hay que planificar la gestión de la relación entre la sociedad y la masa forestal, nos estamos refiriendo también a cosas concretas sobre las que sería importante reflexionar para la articulación de un proyecto de sociedad alternativa.
Por ejemplo, la introducción del gas butano, sobre todo en el medio rural, supuso una importante pérdida de aprovechamiento del combustible forestal mediante la recogida para el uso directo en los hogares en los pueblos (bien para la cocina o para las glorias, sistema de calefacción de origen romano muy frecuente en el medio rural castellano) o para la venta en el medio urbano. Era habitual que en las ciudades cada edificio tuviera en los bajos un espacio para la carbonera y/o leñera, individualizado o para la comunidad de vecinos. Muchos de esos espacios aún existen, y en una expresión de la degradación socioeconómica se han transformado en infraviviendas. El desbroce, una labor que se hacía al menos una vez al año, también ha dejado de hacerse de forma general, con el consecuente incremento de combustible no retirado que contribuye a los incendios. Los cortafuegos, que fueron y siguen siendo un sistema muy eficaz para evitar la propagación de los incendios forestales, están prácticamente abandonados, quedando mermada su utilidad. La quema controlada, tal como siempre se hizo, es otra práctica que de forma planificada resulta necesaria, y penalizada desde la entrada en la UE. También debería reflexionarse sobre la pérdida subjetiva de valoración de los terrenos forestales por parte de algunos sectores de la población, cuya vinculación a ellos no es ni afectiva ni tradicional, viéndolos únicamente como un espacio para la diversión y esparcimiento, y dando lugar a una buena parte de los incendios por negligencia. Una parte de la sociedad urbana vive totalmente de espaldas a la sociedad rural, a la que consideran de segunda categoría; esa mentalidad aparece de una forma cruda, quizás exagerada para la actualidad, en las películas de Paco Martínez Soria. También a ese respecto cabe señalarse la criminalización de la caza, que planificada de forma racional ayuda a contener el desarrollo incontrolado de algunas especies que tienen un impacto significativo sobre la economía agroganadera -jabalí, corzo, conejo, etc.-, además de representar potenciales elementos de transmisión de enfermedades que pueden constituir problemas de salud pública en el futuro, no necesariamente lejano.
Sin soberanía para Castilla, sin capacidad de gestionar los recursos al servicio del pueblo y según nuestras propias necesidades, no habrá solución para el problema que estamos tratando, lo que no quiere decir que no se luche para que se lleven a la práctica algunas medidas concretas señaladas anteriormente.

Un caso de especial interés para Castilla es el de la comarca de Pinares, que acoge un bosque de 100.000 hectáreas que abarca unos 40 pueblos en las provincias de Soria y Burgos (de hecho, se trata del pinar más grande de Europa). Su gestión esencial está en manos del vecindario, que se encarga de cuidar la masa forestal y obtener una rentabilidad de su productividad. Este sistema se puso en marcha en el siglo XVIII y persiste hasta nuestros días, por supuesto no sin dificultades, pero habiendo conseguido evitar hasta la fecha grandes incendios en esa masa forestal; cuando hay un conato de incendio, todos/as colaboran estrechamente para que no pase a mayores. Esa implicación y empatía de los vecinos/as sorianos y burgaleses hacia sus pinares es toda una referencia para otros territorios, y en general para el conjunto de la población -y no solamente la rural, quien, por la cuenta que le tiene, cuando ve arder sus propiedades -forestales, ganaderas o inmobiliarias- hace todos los esfuerzos posibles por controlar el fuego.
Para finalizar, publicamos, aunque tenga ya bastantes años, un cuadro estadístico elaborado en China sobre los incendios forestales a nivel mundial.

Izquierda Castellana, a 28 de agosto de 2025
