2 de mayo, otro episodio glorioso en la historia de lucha en Castilla

La carga de los mamelucos, de Goya
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2 de mayo, otro episodio glorioso en la historia de lucha en Castilla

El 2 de mayo se conmemora en Madrid el levantamiento popular contra la invasión francesa, siendo además la festividad de la Comunidad de Madrid, artificialmente decretada y creada en 1983 a partir de la provincia con el objetivo de sellar un nuevo ordenamiento territorial para el Régimen naciente tras el franquismo.

Como sucede con la Revolución comunera, el Régimen y los diferentes instrumentos ideológicos a su servicio se han esforzado al máximo en distorsionar lo ocurrido en esta fecha, tratando de desnaturalizar la esencia popular del levantamiento y ocultar el papel desempeñado por las élites dirigentes, desde la monarquía borbónica hasta la casta militar, pasando por el alto clero, la clase política y la nobleza. Es especialmente bochornoso que cada año sean éstas mismas élites las que pretendan ponerse al frente de la conmemoración del 2 de mayo, cuando sus parientes de la época -los mismos que les han legado fortuna y apellido- huyeron, colaboraron con los franceses o se mantuvieron pasivamente expectantes ante el enfrentamiento del pueblo contra el poder napoleónico. Entre todo el ejército apostado en Madrid, solo hubo resistencia por parte de aquellos que se encontraban en el cuartel de artillería de Monteleón; el resto siguieron la orden de no intervenir.

En 1854 Karl Marx escribía las siguientes notas en relación con el 2 de mayo:

Así ocurrió que Napoleón, quien, como todos sus contemporáneos, creía a España un cadáver exánime, se llevó una sorpresa fatal al descubrir que, si el Estado español yacía muerto, la sociedad española estaba llena de vida y rebosaba, en todas sus partes, de fuerza de resistencia. […] Al no ver nada vivo en la monarquía española, salvo la miserable dinastía que había puesto bajo llave, se sintió completamente seguro de que había confiscado a España. Pero pocos días después de su golpe de mano recibió la noticia de una insurrección en Madrid. Cierto que Murat aplastó el levantamiento, matando a cerca de mil personas; pero cuando se supo esta matanza, estalló una insurrección en Asturias que muy pronto englobó a todo el reino. Debe subrayarse que este primer levantamiento espontáneo surgió del pueblo, mientras las clases «bien» se habían sometido mansamente al yugo extranjero. De esta forma se vio España preparada para su reciente actuación revolucionaria y se lanzó a las luchas que han marcado su desarrollo en el presente siglo. («New York Daily Tribune», 9-9-1854).

Tras el levantamiento del pueblo de Madrid, desatado en la mañana del 2 de mayo, le siguió, como es bien conocido, una salvaje represión ordenada por Murat mediante el fusilamiento masivo ordenado contra todos los participantes en la insurrección. En paralelismo nuevamente con los acontecimientos de la Revolución comunera, en este caso con la quema de Medina del Campo en 1520, de nuevo la represión imperial hizo estallar la solidaridad y generalizó la rebelión. La misma tarde del 2 de mayo se proclamó el primer Bando de Independencia, decretado por los alcaldes de Móstoles, en el que se llamaba a expulsar al invasor por la fuerza. Estos acontecimientos dieron lugar a la conocida como Guerra de la Independencia.

El movimiento liberal y anti-absolutista de principios del siglo XIX tuvo como referencia, durante y después de la guerra, a la Revolución Comunera. En 1821, durante el Trienio Liberal y coincidiendo con el tercer centenario de la Revolución Comunera, Juan Martín Díez, más conocido como El Empecinado, encabezó una expedición a Villalar para exhumar -sin éxito- los restos de los capitanes Padilla, Bravo y Maldonado (los de María Pacheco descansan en la catedral de Oporto).

Muchos héroes de la guerra, como el General Riego o el propio Empecinado, formaron después parte de la Sociedad de Caballeros Comuneros, logia comunera fundada en 1821 en Madrid, que tendría vida durante gran parte de ese siglo, y por la que pasaron los sectores más avanzados de la sociedad del momento. Se calcula que pudo haber unas 50 sociedades comuneras llegando a alcanzar los 40.000 integrantes.

Según el historiador Joseph Pérez, el movimiento liberal del siglo XIX «pretendía reanudar el curso de la historia que se había truncado trágicamente el 23 de abril de 1521 en Villalar (…) A partir de 1808 se pretende, no sólo rechazar a los franceses, sino establecer un régimen nuevo, moderno. Y esta tradición del liberalismo arranca en 1808 y sigue hasta 1931, el año en que se proclama la II República».

En nuestra historia contemporánea, de 1808 en adelante, son múltiples las expresiones y alusiones a la Revolución comunera, lo que esta exigía y supuso, desde expresiones culturales a luchas y reivindicaciones políticas. Cada vez que hay una etapa de lucha y progreso en nuestra tierra, la Revolución Comunera aparece como referente: el 2 de Mayo, contra el absolutismo fernandino, para la firma del Pacto Federal Castellano, en la Primera República, durante la II República -cuya bandera luce el morado comunero-, en la guerra antifascista con la conformación del Batallón de Los Comuneros, etc.

Frente a la tradición del imperio, la monarquía y la tiranía, confrontamos con el hilo morado de nuestra historia.

1808 es la prueba evidente de que la gente no falla, de que se «echará a las calles», porque es en ellas donde se ganan las batallas.

Izquierda Castellana, 2 de mayo de 2023

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