Menos politología y más ciencia
¿Astronomía o astrología?
En el Estado español la politología, disciplina más cercana a la astrología que a la astronomía, triunfó de forma exuberante en diversos ámbitos académicos y, desde luego, mediáticos. Fue la preparación de la fase -en la que aún estamos, aunque seguramente por poco tiempo- de los politólogos al poder.
No es de extrañar; el Sistema necesita profesionales del engaño para anestesiar, confundir y encauzar a las masas populares según los intereses del bloque dominante; y a través de la politología, como antes ocurrió con la sociología, se pretende dar una pátina de rigor a sus análisis, siempre superficiales y siempre exentos de auténtico rigor científico.
En un proceso de huida de la realidad en toda regla nos han venido describiendo los problemas que afectan a nuestra sociedad, a nivel estatal e internacional, en clave plenamente edulcorada, parcializada y fragmentada, ofertando después “soluciones” auténticamente fantásticas.
El ascenso perfectamente orquestado de Podemos es quizás la máxima expresión de ello en el Estado español. La caída en picado de esa herramienta del Sistema, electoral y políticamente, es expresión de que las circunstancias favorables para el desarrollo de tales experimentos están tocando a su fin. Esas herramientas funcionan cuando las circunstancias socio-económicas y políticas son difíciles y generan desafectos en la sociedad hacia el Régimen constituido, pero ya no alcanzan cuando nos encontramos en una dramatización tan brutal como en la que estamos entrando. También influye positivamente en el desarrollo de tales herramientas la existencia de una fracción social, habitualmente perteneciente a la pequeña burguesía con formación universitaria en, llamémosle, disciplinas metafísicas, que perciben que a través de la política profesional pueden acceder a un estatus privilegiado que no alcanzarían nunca por sus méritos profesionales y/o laborales.
Un ciclo que finaliza
Como decíamos, este ciclo toca a su fin por dos razones:
La principal es que hemos entrado en una fase de intensificación gravísima de la crisis del imperialismo capitalista, y que este, cada vez con menos disimulo, está poniendo en marcha una política de guerra en todos los frentes contra todos aquellos estados que están en la construcción de proyectos útiles para la humanidad, por supuesto también del conjunto de las clases populares en todas las naciones del mundo y, por tanto, cuestionando la hegemonía de ese imperialismo capitalista en fase totalmente decadente.
Es evidente que la reunión de estos días en Cornualles y Bruselas para reforzar -mejor sería decir ordenar- la Alianza Transatlántica en los terrenos económicos, comercial, militar y mediático, no es sino una reorientación que les permita poner a toda máquina la proa de la nave contra China, Rusia, Irán, Venezuela, Cuba, etc., y, en general, las clases populares del mundo.
El Gobierno español ha solicitado (y seguramente le será concedido) el “privilegio” de que la Asamblea General de la OTAN del año 2022 se celebre en el Estado español. Es curioso cómo desde las fuerzas que están apoyando el Gobierno de Progreso no se haya hecho aún el menor comentario sobre este asunto; quizás consideran que la OTAN ha pasado a ser una alianza militar para la beneficencia internacional. No hace falta más que comprobar lo que está ocurriendo en Colombia en estas semanas, único país de Latinoamérica que pertenece a esa estructura político-militar.
Al Gobierno de Pedro Sánchez le van saliendo las cuentas, aunque sea de forma ajustada, a corto plazo. No es totalmente descartable que pueda continuar hasta el año 2022, pero a base de hacer cada día más concesiones, no al soberanismo catalán, sino al imperialismo yanqui y al subimperialismo de la Unión Europea. Su política nos mete de lleno en una dependencia cada vez mayor, en un escenario de ruina y pérdida de soberanía, así como en la imposibilidad de construir un auténtico proyecto de futuro, democrático, patriótico y de justicia social.
La otra razón es que la apropiación de «canonjías» por parte de las nuevas izquierdas es más que escandalosa.
Confiando en la gente
Pero como siempre, las gentes se enteran mucho más de lo que los politólogos se imaginan. Las elecciones en Madrid fueron una buena expresión de ello, y la decisión soberana de la gente de optar en más de un 90% por una segunda dosis con la vacuna de AstraZeneca y no prestarse a hacer de conejillos de indias, a pesar del bombardeo mediático continuo sobre la conveniencia de usar la vacuna de Pfizer (posición por supuesto avalada por el Ministerio de Sanidad y sus representantes), supone también una clara expresión de lo que decimos.
Las masas se están convirtiendo en un sujeto político propio, desembarazándose de los condicionantes mediáticos que hasta hace muy poco tiempo funcionaban como un reloj suizo. Es necesario, imprescindible, construir con la mayor rapidez posible organización popular, Poder Popular, y que ese proceso vaya acompañado de una intensa y extensa formación, rigurosa y científica. Los tiempos en los que hemos entrado lo demandan como algo vital.
Reproducimos a continuación un extracto del artículo titulado “Marx y la decadencia ideológica”, publicado en la edición de 1952 del libro de George Lukács, titulado Problemas del Realismo:
“Es obvio que toda la ideología de la época de la decadencia, con su atascarse en la superficie irreflexiva, su propensión a la evasión ante los grandes problemas de la vida social y su eclecticismo pomposo pero sombrío, es muy apta para dificultar el acceso de los escritores a la contemplación desinteresada y profunda de la realidad.
La cantidad y la cualidad de los prejuicios a superar aumentan indudablemente en el escritor con el desarrollo general de la decadencia ideológica. El efecto obstaculizador de estas tendencias ideológicas se refuerza todavía por el hecho de que la estética del periodo de la decadencia propone como esencia del arte tendencias cada vez más fuertemente antirrealistas, influyendo también con esto de modo desfavorable y desorientador sobre el desarrollo de los escritores.”
Ahora no solo estamos en tiempo de decadencia ideológica, sino de plena putrefacción ideológica, moral y mediática.
Izquierda Castellana, 14 de junio de 2021
