En los días siguientes al 20D publicamos una editorial titulada “Por un gobierno transitorio pro-constituyente”; un mes después nos ratificamos en todo lo planteado en ella.
Los resultados electorales del 20D reflejaron, tal como el tiempo está demostrando, el brutal desgaste del Régimen del 78 y la imposibilidad de articular desde éste, de forma llamémosle “normal”, la gobernanza del Estado español. La conformación del Gobierno de la Generalitat con el compromiso de avanzar en un proceso soberanista hacia la constitución de la República Catalana, es otro factor de primer orden en la expresión de la situación de fin de ciclo del Régimen de la II Restauración Borbónica.

Esta realidad, absolutamente evidente, es la que nos lleva a reclamar de nuevo la conformación de un gobierno provisional que derogue todas las leyes antisociales y antidemocráticas impulsadas por el gobierno del PP en la pasada legislatura, aprobadas en el Congreso y el Senado al amparo de su mayoría absoluta; y que en un plazo no mayor de 12 meses convoque elecciones Constituyentes.
En los últimos días estamos asistiendo a un autentico vodevil impulsado por diversos agentes -políticos, mediáticos y otros poderes fácticos- que de una u otra manera, bajo un formato u otro, defienden el ensamblaje de un Gobierno Central que dé continuidad en lo fundamental al actual Régimen. Eso sí, en algunas de las variantes que están sobre la mesa con cambios en algunos aspectos de las políticas, cambios en los que por cierto cada vez se incide menos, pero con el común denominador de renunciar a la puesta en marcha de procesos Destituyentes-Constituyentes que incluyan la cuestión de la forma de Estado (Monarquía – República), el Derecho a decidir, el modelo socio-económico, así como la ubicación del Estado español en Europa y en el mundo, y por tanto el tipo de relaciones internacionales que nos convienen.
La deslegitimación social del Régimen del 78 es fruto de sus propias miserias, pero no hay que olvidar el papel de las grandes movilizaciones sociales que en las diferentes etapas de su historia han ido desarrollándose, y que se iniciaron desde el mismo momento en el que el proceso de Transición se puso en marcha. Estas movilizaciones han tenido una especialísima importancia cuantitativa y cualitativa en los últimos cinco años: 15M; Rodea el Congreso-Coordinadora 25S; movilizaciones por el Derecho a decidir, especialmente en Cataluña; movilizaciones contra la violencia de género; movilizaciones contra la monarquía; movilizaciones contra la represión… Sin esas movilizaciones no se hubiera podido avanzar desde la fase de rechazo al Régimen y sus políticas hacia la fase propositiva de un nuevo modelo político y socio-económico. En el caso de Cataluña ese camino está bastante avanzado y por ello finalmente el Parlamento de Cataluña ha podido investir un Gobierno con una hoja de ruta soberanista y republicana.
En el caso del conjunto del Estado español las cosas están un poco más verdes pero con plena potencialidad para madurar en los próximos tiempos. El camino principal para ello es la movilización popular en la calle, cómo lo ha sido en los últimos cinco años, con dos planteamientos principales: primeramente, la derogación inmediata de todas las leyes antisociales aprobadas en la pasada legislatura. Hoy hay una potencial mayoría parlamentaria para ello si las diferentes candidaturas cumplen lo prometido en la campaña electoral. El otro planteamiento es la apertura de un Proceso Constituyente.
Sabemos por las diversas experiencias de los diversos Gobiernos del Régimen del 78 que una vez instalados en las instituciones incumplen sistemáticamente sus compromisos. Pero desde la sociedad, desde la calle, les vamos a exigir y con la máxima fuerza que este Parlamento recién constituido cumpla con lo que mayoritariamente han prometido.
Ningún Gobierno que incumpla esas exigencias democráticas mayoritarias en la sociedad va a tener legitimidad alguna.
Desde el movimiento popular exigiremos, y no tardando mucho, el cumplimiento de los compromisos adquiridos, y si no fuera así exigiremos la dimisión por deslealtad al Pueblo y la disolución del Parlamento que de nuevo pretende engañar a la mayoría social.
Izquierda Castellana
Castilla, a 25 de enero de 2016