El proyecto de una planta de biometano a dos kilómetros del casco urbano de Villacastín, en Segovia, dibuja un enfrentamiento directo entre una plataforma vecinal impulsada por la oposición socialista y la postura favorable del alcalde, Julio César Sánchez, que también se desmarca de la línea de su partido, Vox. El mensaje opositor se resume así: «¿Y esta mierda que nos van a traer ahora?». Mientras, el regidor no plantea obstáculos. «Si se puede hacer y cumple la legalidad, ¿por qué se lo voy a denegar? Esto no es como Chernóbil».
El promotor de la solicitud de autorización ambiental es Biored Villacastín S.L., propiedad al cien por cien del grupo Redexis, dueño de la estación de regulación y medida —distribución de gas natural— en Villacastín y de otras plantas en El Espinar o Carbonero el Mayor. El anuncio pilló por sorpresa a los concejales de la oposición socialista, que ha iniciado los pasos para crear una plataforma en contra del proyecto con el apoyo de otras similares en la provincia ante proyectos como los de Muñoveros, Pinarejos o Valverde del Majano. Sus dos principales acciones fueron lanzar una petición en la plataforma Change.org, que suma hasta la fecha unas 700 firmas, y convocar el jueves a los vecinos a una reunión informativa con expertos implicados en la oposición a proyectos en otros municipios.
Uno de los miembros de la plataforma opositora, Tomás Cordero, argumenta que apenas se producen desechos animales en la zona para convertirlos en energía. «Aquí hay dos ganaderos, un matadero y poco más». Cuenta que los terrenos del polígono pertenecían a un vecino que los ha arrendado por unos 25 años. Una zona cercana a un acuífero y a un sondeo, a apenas medio kilómetro. Asegura que la afectación ambiental va más allá de su pueblo e incluye a otros situados en un radio de 15 kilómetros, como Ituero y Lama, Zarzuela del Monte, Muñopedro, Labajos, Navas de San Antonio o Aldeavieja, así como a negocios cercanos, como una finca de alojamientos rurales o algún restaurante de carretera.
También cita a Huevos Velasco, en el mismo polígono. «Cuando mueven los purines de las gallinas, todo el pueblo oliendo; imagínate la cantidad de toneladas que van a traer. Aunque digan que no, yo no me creo nada». Tampoco acepta la creación de empleo. «Son once puestos de trabajo, no 200. Y ya están definidos; ellos traen a sus técnicos». Cordero define su plataforma como un colectivo de amplio espectro, con representantes de otros partidos y un grupo de WhatsApp con más de 250 miembros. Una de sus labores será coordinar las alegaciones para quienes no puedan hacerlo por soporte electrónico. Su razonamiento es que el 90 % está en contra. «Nadie querrá una cosa de estas en el pueblo». Aunque la autorización ambiental es de la Junta, esgrime el poder municipal para negar la licencia de obra. «Y meternos en contenciosos, es lo único».
«Estamos profundamente alarmados por los potenciales efectos negativos que dicha instalación podría tener sobre nuestra salud, el medio ambiente y, en general, nuestra calidad de vida. La experiencia de otros municipios con plantas similares revela una clara correlación con un aumento en los niveles de contaminación del aire, malos olores perpetuos y el riesgo constante de fugas de gas», esgrime la petición, que añade el impacto negativo en el valor de las propiedades y el atractivo para visitantes y turistas. También alerta de que este tipo de plantas pueden incrementar los problemas respiratorios, especialmente en poblaciones vulnerables como ancianos y niños. Además, argumenta que el tráfico pesado, indispensable para el funcionamiento, aumentaría significativamente el ruido y el deterioro vial de la región.
«Como ciudadanos preocupados por el bienestar de nuestra comunidad y el entorno natural que nos rodea, proponemos alternativas más verdes y sostenibles que no comprometan nuestro modo de vida. La inversión en energías renovables, como la solar o eólica, podría ofrecer una solución más segura y limpia, siempre alineada con la protección de nuestro medio ambiente y nuestra salud», propone el texto, que invita a tomar medidas. «Necesitamos movilizarnos rápidamente para detener el avance de este proyecto. Siguiendo ejemplos de éxito en otras comunidades que han logrado frenar iniciativas similares, evidenciamos que con apoyo ciudadano podemos hacernos escuchar y proteger nuestro entorno».
Por su parte, el alcalde no pone trabas. «Toda empresa que quiera venir a Villacastín, si por ley se puede montar, se montará. Yo, técnico de biología, no soy, pero si Castilla y León lo concede y no se ubica aquí, se ubicará en otro sitio. Si no, ¿qué vamos a hacer con los residuos que originan nuestras granjas?». Una postura que asume como minoritaria. «Si estoy solo ya, no tengo equipo. A favor estamos, como mucho, dos o tres concejales». ¿Por qué? «Perjudicial al cien por cien no creo que sea. Yo ya he estado en industrias de estas y he visto cómo son. No huele a mierda nada. Huele más nuestra depuradora que eso, te lo aseguro».
Sánchez conoce el proyecto desde hace tres años. «Se sabía de sobra; los concejales, también. Quieren mover la mierda donde no la hay, nunca mejor dicho». Habla de reuniones con múltiples empresas. «No solo quieren montar una. En el proyecto hay dos: una más grande y otra más pequeñita. Han comprado dos parcelas y la otra está también en Castilla y León [por la Junta]». Tras la reunión de la plataforma opositora, habla de un mensaje interesado. «Vinieron biólogos de la parte suya; yo también voy a convocar una con biólogos de la parte mía, verás cómo también los convenzo».
Y expone su parte. «¿Hay olores? En Alemania llevan 40 años puestas y ahí siguen. Cada granjero tiene la suya puesta para ahorrarse energía. En España así nos pasa, que estamos retrasados». Esgrime el impacto económico a través de los empleos y el tránsito. «El que venga gastará dinero en el pueblo, digo yo. Perjuicio no creo que dé. Nos íbamos a ahogar con las gallinas de Huevos Velasco y mira los puestos de trabajo que dan. Yo soy positivo, todo lo que se pueda hacer en el pueblo, que se haga». Con esos argumentos, no cree que el pueblo esté en contra. «A lo mejor solo tengo un 10 %. Si se echa el 90 %, a lo mejor hay que denegarlo, pero no va a ser así, ya te lo digo yo. Aquí nos conocemos todos. Nada más hay cien que dan guerra».