Los líderes del G-7 han conseguido en la cumbre de Évian-les-Bains un nivel de convergencia considerable considerando las grietas en el interior del grupo. Este miércoles han logrado acordar un comunicado común sobre cuestiones geopolíticas en el que se comprometen a “incrementar la presión sobre la economía de guerra rusa”.
“Endureceremos las sanciones, incluidas aquellas sobre los sectores del gas y el petróleo”, señala el comunicado, en el que cristaliza un consenso que no estaba nada claro antes de la cumbre. “Consideramos que es el momento adecuado para proceder con nuevas medidas, ya que el presidente Trump ha encarrilado un acuerdo que respaldamos para reabrir el estrecho de Ormuz”.
La perspectiva de esa reapertura y de una paulatina normalización del mercado energético facilita la puesta en marcha de nuevas medidas contra la poderosa industria rusa de los hidrocarburos. Eso representaría un golpe para el Kremlin, que se suma a la bajada de los precios en el mercado —que reduce el margen para hacer caja— y a las constantes ofensivas de Ucrania sobre su infraestructura energética.
Los líderes también se comprometen a aumentar la entrega a Ucrania de capacidades de defensa aérea, nuevos sistemas, interceptores y capacidades de largo alcance. Por otra parte, se declaran “listos para considerar facilitar a Ucrania licencias para aumentar la producción militar”, según se lee en el comunicado.
Esa es una petición del presidente de ese país, Volodímir Zelenski, que busca así reforzar su arsenal y superar los cuellos de botella en las entregas tras el ataque de Estados Unidos a Irán y el consiguiente desvío de recursos a ese escenario de combate.
Sobre la cuestión iraní, los líderes han celebrado el acuerdo entre EE UU e Irán, reclamando la completa reapertura del estrecho de Ormuz y que este quede libre de peajes. Al respecto, y sin entrar en una crítica directa a Israel, el G-7 manifiesta su apoyo “a través de un alto el fuego inmediato y robusto, los esfuerzos de las autoridades libanesas para conseguir el desarme de Hezbolá y la protección de la soberanía y la integridad territorial de Líbano con las adecuadas garantías de seguridad internacional”.
El comunicado conjunto, que en los días previos no estaba nada claro ni siquiera que se aprobara, representa una significativa bajada de tensión en la relación entre los socios, profundamente desgastada. Las desavenencias son profundas, y este momento de convergencia no puede ser considerado como un cambio de tendencia. Pero sin duda representa un momento de distensión útil para los fines europeos, que ganan tiempo para avanzar en la culminación de objetivos sin añadir nuevas turbulencias. Y eso, con la Administración de Donald Trump, es un logro.
El presidente estadounidense manifestó el martes en Évian su disposición a reactivar sanciones energéticas contra Rusia que había suspendido debido a la tensión del mercado provocada por su ataque contra Irán. La cuestión es ver si está realmente dispuesto a ir más allá de la mera reactivación, añadiendo nuevas medidas. Eso es lo que apunta el compromiso del comunicado, pero el tiempo dirá si ello se traduce en medidas reales o si el Kremlin conseguirá persuadir a la Casa Blanca a no proceder.
Rusia está en claras dificultades por la eficaz defensa ucrania. Y un incremento de la presión, calculan los aliados, podría finalmente convencer a Moscú de que su ofensiva es insostenible y que la mejor alternativa es alcanzar un acuerdo razonable.
Este miércoles, en la tercera y última jornada, los líderes del G-7 tienen previsto abordar la cuestión de los desequilibrios económicos con China, que amenazan la viabilidad de la industria occidental, así como una reunión con algunos de los principales ejecutivos del sector de la inteligencia artificial. Entre ellos, Sam Altman (OpenAI), Darío Amodei (Anthropic) y Demis Hassabis (Google Mind).