Aunque alguna vez, al hablar de sus propios errores, el mítico jugador argentino Diego Maradona insistiera en que “la pelota no se mancha”, hoy se puede reconocer que el mundo jugará su Copa de Fútbol a la sombra de la guerra, del miedo y el enojo que se vive fuera de las canchas.
Esta semana inicia la máxima fiesta del deporte más popular del planeta en 16 estadios de México, Estados Unidos y Canadá, esta vez con 48 selecciones que aspiran a dejar huella en la cancha y dar alguna alegría al país que representan.
En un mundo siempre convulso, pocas veces se puede decir que el Mundial de Fútbol haya pasado de largo a los conflictos entre naciones y a la política internacional que se juega todos los días con fines mucho menos nobles que los que sostienen a un deporte.
Es imposible entonces olvidar que mientras acoge un mundial, Estados Unidos atiza un conflicto armado en Irán, país que estuvo a nada de retirarse de la competencia (pese a ser de los primeros clasificados) tras los bombardeos en su territorio y la muerte de varios líderes de su Gobierno.
Antes de empezar a seguir los marcadores de los juegos, el planeta tiene hoy la mirada puesta en el sube y baja de los precios del petróleo, directamente afectados por el cierre del estrecho de Ormuz, donde el poderío militar estadounidense parece haberse encontrado con otro callejón sin salida.
En esas condiciones, con amenaza del presidente Donald Trump de destruir a “toda una civilización” incluida, la selección iraní aceptó quedarse en el Mundial pese a que el anfitrión estadounidense no ha sido para nada hospitalario.
Pese a que para ser anfitrión de un Mundial, Estados Unidos debe comprometerse con la FIFA a brindar las facilidades necesarias a las delegaciones en el tema de visas, los permisos de entrada para los iraníes apenas estuvieron listos el viernes pasado, una semana antes de que iniciara la Copa.
Además, el permiso de ingresar a territorio estadounidense llega con la restricción de que los jugadores iraníes y toda la delegación deben entrar y salir de Estados Unidos el mismo día del partido que tengan que disputar.
Así las cosas, la selección de Irán deberá viajar hasta Los Ángeles para jugar frente a Nueva Zelanda el 16 de junio y ante Bélgica el 21 de junio, mientras que su fase de grupos terminará en Seattle el 28 de este mes versus Egipto.
Ante esta situación inédita en la historia de los mundiales, los iraníes deberán viajar todas las veces desde y hacia Tijuana, México, donde la FIFA les autorizó trasladar su campamento mundialista, luego de que la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, aceptara hospedarla en su país.
El Departamento de Estado de los Estados Unidos respondió a la BBC que había otorgado las visas necesarias para que Irán participara en el torneo, pero agregó que no permitiría que el equipo “abusara de este sistema para introducir terroristas en EE. UU. con falsas pretensiones”, según la publicación del medio británico.
“(Los visitantes) corren peligro de encontrarse con inquietantes ataques contra los derechos humanos, sobre todo los derivados de las mortales y abusivas políticas estadounidenses de inmigración”, Amnistía Internacional.
Como si las restricciones al seleccionado de Irán no fueran suficientes, sus aficionados también padecerán la política exterior de Trump. La Federación de Fútbol de Irán denunció que la FIFA canceló la cuota de 8% de las entradas a los juegos de su equipo, destinadas a los aficionados iraníes, sin que hasta el cierre de esta nota hubiese explicación alguna.
Pese a todos estos problemas, que sin duda deben representar un gran dolor de cabeza para la FIFA, el presidente de esa organización, Gianni Infantino, entregó al presidente Trump en diciembre del 2025 el primer “Premio de la Paz de la FIFA”, por sus “acciones extraordinarias para promover la paz”.
Sin visa
Pero la selección de Irán no fue la única que sufrió por temas migratorios. La selección de la República Democrática del Congo también tuvo que postergar su llegada a la sede mundialista y cumplir con una cuarentena de 21 días en Bélgica previo a su viaje a los Estados Unidos y a Canadá, esto ante un brote de ébola en ese país africano.
Sin embargo, las restricciones también afectaron a muchos aficionados congoleños que soñaban con presenciar la primera cita mundialista de su selección y, aún habiendo adquirido las entradas, les fueron denegadas las visas, según reportan varios medios internacionales.
Un análisis del Servicio Mundial de la BBC determinó que una cuarta parte de los países participantes en esta copa del mundo en Norteamérica tienen prohibiciones de viaje o importantes obstáculos para recibir los permisos de ingreso.
Países como Haití, Irán, Senegal y Costa de Marfil tienen sobre sí prohibiciones y restricciones de visas emitidas por la administración Trump, lo que convierte en toda una odisea que ciudadanos de esos países puedan viajar a esta Copa del Mundo.
Pero quizá el caso más llamativo sea el del árbitro somalí Omar Abdulkadir Artan, quien, pese a haber viajado con una visa válida y un pasaporte diplomático, fue rechazado por las autoridades estadounidenses en el Aeropuerto Internacional de Miami y deportado a Turquía.
Abdulkadir Artan se iba a convertir en el primer representante de su país en una Copa Mundial de Fútbol, pero, según medios internacionales, las autoridades migratorias de Estados Unidos alegaron preocupaciones sobre la verificación de seguridad. En este caso, FIFA solo respondió que no tiene control alguno sobre las decisiones migratorias de los países anfitriones.
Baja expectativa y altos precios
Las restricciones migratorias y la política de Trump no han pasado desapercibidas para el turismo mundial, y a pocos días de que iniciara la Copa del Mundo, se dio a conocer que la cantidad de visitantes hacia los Estados Unidos ha tenido una importante caída.
Según los datos de la Oficina Nacional de Viajes y Turismo de EE. UU. revelados el 26 de mayo, la cantidad de visitantes a ese país tuvo una caída del 5,5 %, durante el 2025, en comparación con el año anterior.
Esto significa que 4 millones de personas menos se animaron a visitar EE. UU. y el gasto total de los turistas cayó en $8.000 millones. A esta realidad no se ha escapado la Copa del Mundo.
La Asociación Estadounidense de Hoteles y Alojamientos (AHLA) publicó un informe en el que el 80% de los hoteleros afirma que las reservas para el mundial están por debajo de las previsiones iniciales y un 60% de ellos señaló tanto a las restricciones migratorias como a los conflictos geopolíticos como causantes de esta baja.
Ciudades como Kansas City reportan hasta un 90% menos de reservas que las esperadas, mientras que en San Francisco, Seattle, Philadelphia y Boston las reservas han estado un 70% por debajo de la expectativa.
Otro de los factores que se ha criticado en este Mundial son los altos precios de las entradas a los partidos, que según The Economist parten de un promedio de $200 en la fase de grupos, el doble que en Catar 2022.
De ahí en adelante, los precios escalan a más de $500 y en algunos sitios de reventa se llegó a ofrecer entradas para la final del Mundial en más de $2 millones.
Esto provocó que, según la Agencia France-Presse (AFP), las fiscales generales de Nueva York y de Nueva Jersey anunciaran a finales de mayo la apertura de una investigación “sobre las prácticas de venta de entradas de la FIFA” para el Mundial de fútbol.
La justicia de ambos estados reclama a la FIFA información sobre la venta de entradas, en particular para los ocho partidos programados en el MetLife Stadium, en Nueva Jersey, cerca de Nueva York, incluida la final del 19 de julio.
También las fiscalías en California y Texas han anunciado investigaciones sobre este tema.
Temor por ICE
Otro de los focos de temor para quienes pensaban visitar EE. UU. durante este mundial ha sido la agresiva política de deportaciones y las intervenciones en diversos Estados del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas, conocido como ICE por sus siglas en inglés.
La organización Amnistía Internacional emitió un informe a inicios de este año en el que advierten que las personas aficionadas que asistan a esta Copa del Mundo “corren peligro de encontrarse con inquietantes ataques contra los derechos humanos, sobre todo los derivados de las mortales y abusivas políticas estadounidenses de inmigración”.
Amnistía Internacional señaló también “que las severas restricciones a la libertad de expresión y protesta pacífica amenazan el torneo ‘seguro, acogedor e inclusivo’ prometido por la FIFA”.
“Bajo el mandato del presidente Trump, Estados Unidos —donde se disputan tres cuartas partes de los partidos de la Copa Mundial— se enfrenta a una emergencia de derechos humanos caracterizada por las políticas de inmigración discriminatorias y por las detenciones arbitrarias y en masa llevadas a cabo por agentes enmascarados y armados del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) y otras agencias”, dice el comunicado de la organización.
“El Gobierno estadounidense ha deportado a más de 500.000 personas desde Estados Unidos en 2025. Esta cifra equivale a más de seis veces el número de personas que asistirán a la final de la Copa Mundial en el Estadio MetLife en Nueva Jersey”, dijo Steve Cockburn, director de Justicia Económica y Social de Amnistía Internacional.
Pese a que el director del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de Estados Unidos, Tom Homan, aseguró que los operativos estarán centrados en la seguridad de la Copa del Mundo y no en hacer redadas, medios dirigidos a la comunidad latina en Estados Unidos, como Univisión, aseguran que el temor persiste entre los migrantes en localidades como Los Ángeles y Florida.