Nos han estado intentando “vender” al papa León XIV, especialmente en las últimas semanas, como un papa partidario de la paz y enfrentado a la guerra y a Donald Trump. Los recursos para la manipulación mediática por parte del imperialismo son impresionantes, y la ignorancia y estupidez de amplios sectores de la población civil bajo su hegemonía político-ideológica son al menos igual de impresionantes.
León XIV es la tercera pata del proyecto nazi-sionista global. Obviamente los papas hablan un lenguaje muy diferente al de los políticos; es una imbecilidad el pretender hacer una consideración literal de lo que dice en relación con la situación política y militar internacional, un ejercicio muy coherente con la imbecilidad reinante en el mundo occidental.

Vamos a desarrollar mínimamente la tesis que da título a este editorial, es decir, que León XIV es un papa descaradamente sionista y un auténtico reaccionario. Si en general se dice aquello de que “por sus obras los conoceréis”, en el caso de los pontífices podríamos decirlo de una forma más precisa: “Por sus encíclicas los conoceréis”. ¿Y qué dice la encíclica titulada ‘Magnifica Humanitas’, atribuida a León XIV? No es excesivamente larga, pero con leer las primeras páginas nos podemos hacer una composición bastante concreta del mensaje que se transmite en ella.
En la introducción de la Encíclica, en el apartado titulado “Dos imágenes bíblicas”, puntos 7 y 8, se refiere lo siguiente:
7. Para responder a estas preguntas y discernir cómo vivir con responsabilidad en la era de la IA, me gustaría evocar dos imágenes bíblicas: la construcción de la torre de Babel (cf. Gn 11,1-9) y la reconstrucción de los muros de Jerusalén (cf. Ne 2-6). En el libro del Génesis, el relato de Babel se sitúa en los orígenes de la humanidad, inmediatamente después de las genealogías de los hijos de Noé. Los seres humanos, habiéndose establecido en la llanura de Senaar, deciden construir una ciudad y una torre «cuya cúspide llegue hasta el cielo» (Gn 11,4). Quieren así asegurarse estabilidad y poder, y sobre todo “perpetuarse un nombre”, temiendo ser dispersados por la tierra. La empresa parece imponente: una sola lengua, una sola tecnología, una sola dirección. Sin embargo, el proyecto esconde un profundo engaño: es una obra concebida sin referencia a Dios (…)
8. El libro de Nehemías, a su vez, comienza en un momento de gran vulnerabilidad en la historia del antiguo Israel. Tras el exilio babilónico, una parte del pueblo ha regresado a Jerusalén, pero la ciudad sigue en ruinas, las murallas se han derrumbado y las puertas han sido quemadas (cf. Ne 1-2). Nehemías, un judío al servicio del rey persa Artajerjes, recibe la noticia del desastroso estado de la ciudad de sus padres. Antes de actuar, ayuna, reza e intercede por el pueblo; luego pide permiso al rey para regresar a Jerusalén y, una vez allí, examina en silencio los lugares destruidos. (…) Es una obra que tiene a Dios en el centro y reconstruye los vínculos incluso antes que las piedras. (…)

León XIV establece que la contradicción principal en el mundo de hoy está entre aquellos que pretenden “reconstruir la Torre de Babel” y los que quieren “reconstruir las murallas de Jerusalén”. Lo que se pretendía con la Torre de Babel era levantar un edificio que difícilmente pudiera ser anegado por las lluvias torrenciales, tratando de evitar los desastres de un nuevo Diluvio Universal, castigo divino al que León XIV no hace ninguna referencia. Por supuesto, tenían también la intención de “llegar al Cielo”, algo que para Yahvé era inadmisible (y parece ser que para León XIV también). Era un auténtico reto a Dios intentar actuar al margen de su máxima autoridad. Los constructores de la Torre de Babel fueron castigados, de manera que no pudieran seguir con su obra. Por su parte, la reconstrucción de las murallas de Jerusalén, divinamente orientada y como contraposición principal a la construcción de la Torre de Babel, habla por sí misma del sionismo del actual pontífice.
El papa León XIV utiliza como referencia simbólica el Antiguo Testamento. El Antiguo Testamento y la Torá son perfectamente intercambiables, con algunos matices actuales en cuanto a su aplicación práctica, aunque el contenido textual es compartido. No es para nada casualidad que, después de muchos papados en que toda encíclica y desarrollo teórico se han basado en el Nuevo Testamento, se vuelva a utilizar el Viejo Testamento-Torá.

Como decíamos, León XIV es un papa claramente sionista y comprometido con el proyecto nazi-sionista encabezado por Trump y Netanyahu. ¿Hasta dónde llegará con sus pretensiones? Nos tememos que lejos. No tendríamos que sorprendernos si en un cierto tiempo se empiezan a dar pasos prácticos en el acercamiento de las religiones de tradición abrahámica.
La actitud de la autodenominada izquierda española, saludando efusiva y respetuosamente a León XIV en su viaje (no apostólico, sino político-ideológico) al Estado español es una expresión más de la degradación en que se encuentra sumida.
Recuperando la reflexión anterior, entre esos dos polos de referencia que utiliza León XIV, la construcción de la Torre de Babel y la reconstrucción de los muros de Jerusalén, sólo encontramos una realidad política, social y económica que sea comparable con el proyecto de la Torre de Babel: nos referimos al intento de construcción de un sistema socialista en China, que evoluciona favorablemente. China, el enemigo político y militar principal de los EEUU, es también el enemigo principal desde el punto de vista filosófico y conceptual del Vaticano de León XIV.
Este papa se identifica explícitamente con los papados más reaccionarios de la historia, empezando por su predecesor León XIII, que extendió su pontificado desde 1878 hasta 1903, momento en que las luchas obreras anticapitalistas y prosocialistas se extendían de forma impresionante. La Iglesia católica vio la necesidad de intervenir para frenar ese movimiento expansivo que acabaría materializado en la Revolución soviética de 1917. León XIII intentó poner en pie la “doctrina social” de la Iglesia, que no es sino un constructo para confrontar y combatir a las auténticas teorías transformadoras, como era el marxismo en aquel momento. León XIV sigue esa misma senda.

En relación con su beligerancia hacia la inteligencia artificial, no hay nada nuevo sobre el escenario. La Iglesia católica siempre se ha opuesto a todos los avances técnicos y científicos de la humanidad, porque detrás de ellos veían un riesgo para su hegemonía. El problema de la inteligencia artificial es su instrumentalización por sectores del capitalismo. Bien empleada, será de gran utilidad para los movimientos populares revolucionarios.
Sobre este asunto habrá que seguir reflexionando, pero esto esperamos que sirva para situarnos sobre el eje del auténtico debate que debería haber sobre el papa y su viaje al Estado español.
Izquierda Castellana, 8 de junio de 2026