Las encuestas (excepto las de Tezanos, simplemente esperpénticas) proyectan la derrota de las fuerzas que apoyan al Gobierno actual y auguran la victoria del PP. De forma matizada esto ya ha ocurrido en las elecciones autonómicas de Extremadura, Aragón y Castilla y León; bien es cierto que en estas tres Comunidades el PP va a necesitar el apoyo de Vox para formar gobierno. En el caso inmediato de Andalucía está por verse, pues está en duda la posible mayoría absoluta del PP. De cualquier manera, las expectativas electorales para el PSOE y la coalición que le da apoyo formal les sitúan muy lejos de alcanzar en las próximas elecciones generales una mayoría gubernamental. Sabemos que Pedro Sánchez (y su equipo) es un “jugador” al que no le importa arriesgar, particularmente cuando lo que compromete no es su patrimonio personal, sino algo que afecta al conjunto de la sociedad; esto es algo que ha demostrado en reiteradas ocasiones en los últimos años. Por citar algún ejemplo, ahí están los casos de amago de dimisión por el inicio de las investigaciones judiciales sobre Begoña Gómez. Tampoco le importa en absoluto, a nosotros/as tampoco, estirar al máximo las costuras del Régimen, en esta última ocasión con el Gobierno Autonómico de Canarias; muy diferente hubiera sido el trato si esto hubiera ocurrido en Cataluña.
Para darle la vuelta a esas expectativas electorales, el Gobierno necesita hacer “jugadas de calado” con una gran repercusión mediática en el Estado español y, en la medida de lo posible, también a nivel internacional. El barco con un brote epidémico de hantavirus de los Andes se ha presentado como una gran oportunidad para impulsar el inicio de esa operación, pese al riesgo, y Pedro Sánchez no iba a dejarla pasar de largo. Si esto ocurre en el flanco del Régimen que se autodenomina de izquierdas, el flanco de la derecha expresa aún menos inteligencia e interés por el conocimiento, lo cual no es nada sencillo. El viaje de la Presidenta de la Comunidad de Madrid a México, que ha sido un auténtico fracaso en todos los aspectos (desde luego en el político y para su propio prestigio personal), es un ejemplo de la ignorancia de la clase política española y de su total desprecio por el conocimiento. Ya le pueden dar las gracias las candidaturas de la llamada izquierda con intención de presentarse a las próximas elecciones autonómicas en Madrid por el gran favor que la presidenta Claudia Sheinbaum les ha hecho con el deterioro de la imagen de Ayuso.
El hantavirus es un tipo de virus conocido por la comunidad científica desde los años 50. Se descubrió durante la Guerra de Corea, cuando los brotes epidémicos por este virus causaron estragos entre las tropas desplegadas en las cercanías del río Hantan, de ahí su nombre. Se registraron alrededor de 3.000 casos de la entonces conocida como “fiebre hemorrágica coreana” entre las tropas occidentales. Los hantavirus, como se ha repetido reiteradamente, tienen su reservorio en los roedores (al menos entre el ratón de cola larga y el ratón ciervo) y se transmiten a los humanos por vía normalmente respiratoria -aunque no se puede excluir la vía del contacto- a partir de orina, excrementos, saliva y otras materias con capacidad de provocar aerosoles. La excepción es la cepa de los hantavirus de los Andes, con capacidad de transmitirse de persona a persona, tal como ha ocurrido en el mediático caso del crucero y algunos nuevos casos en relación con los pasajeros de éste en los últimos días.

La ECDC (Centro Europeo para la Prevención y Control de las Enfermedades) ha participado en la gestión desde el momento en que fue conocido el brote, dando numerosas recomendaciones al Gobierno español y a la naviera responsable del crucero. Desde el inicio, un epidemiólogo de este organismo estuvo organizando las encuestas epidemiológicas a pasajeros y tripulación del citado barco; posteriormente se incorporó otro epidemiólogo y dos becarios para conformar un equipo completo de epidemiología con la finalidad de llevar adelante esa tarea, algo de lo que los medios de comunicación en el Estado español apenas han informado, no fuera a ser que el papel protagónico del Gobierno se viera mermado. Reproducimos literalmente el texto de la ECDC:
“Además del experto del ECDC que ya se encontraba a bordo del buque, España solicitó apoyo a través del Grupo de Trabajo de Salud de la UE, lo que propició el despliegue de un experto adicional del ECDC y dos becarios del Programa Europeo de Formación en Epidemiología de Intervención. El experto adicional coordinará con los becarios y actuará de enlace entre el ECDC y las autoridades nacionales y regionales de España y las Islas Canarias, además de proporcionar apoyo técnico en materia de preparación y respuesta ante emergencias, según sea necesario.”
La primera pregunta que en nuestra opinión debe hacerse, y a la que hay que responder con rigurosos criterios epidemiológicos y científicos, es por qué la cuarentena no se ha llevado adelante en el propio barco, un crucero de lujo con amplios espacios, con 87 pasajeros y 60 tripulantes a bordo. Si se puede hacer un crucero de varios meses de duración, no se entiende que no se pueda hacer una cuarentena que en principio sería de unos 45 días. Quizás en algún momento nos enteremos del listado de personas que componían el pasaje, aunque es evidente que por los precios que pagaron (decenas de miles de euros) pertenecen a las clases adineradas del mundo. Lo que está claro es que es un crucero para muy ricos y global en cuanto a su composición.

Si la cuarentena se hubiera realizado en el propio barco, se hubieran evitado los problemas del transporte a tierra y el posterior traslado desde el aeropuerto a los diversos países de origen. Una regla epidemiológica elemental es que hay que dispersar lo menos posible las potenciales fuentes de contagio, cosa que no se ha hecho. De entre los pasajeros que se han repatriado, están apareciendo ya nuevos casos, hasta ahora en EEUU y Francia.

Tener concentrados a los pasajeros y tripulantes hubiera permitido hacer un seguimiento mucho más estricto de su evolución epidemiológica y clínica, y si en algún momento debido a la gravedad de la evolución sintomática se hubiera necesitado desplazar a alguno al hospital, se hubiera podido solicitar la presencia de un helicóptero que se encargara de transportar a un hospital a aquellas personas que lo necesitaran. Aparentemente el barco podría haber sido medicalizado, incluyendo un equipamiento ECMO, al menos con carácter provisional. Como decimos, además de garantizar una cuarentena estricta, esto hubiera permitido hacer un estudio científicamente riguroso de la evolución del brote en todos los sentidos, no sólo desde el punto de vista sintomático, sino desde el serológico y clínico, entre otros.
El Gobierno español está entusiasmado con la ocasión que se le ha brindado para hacer un ejercicio de “capacidad técnico-científica”, aunque si se entra a los detalles no ha sido tal, simplemente cabe recordar las contradicciones entre las ministras de Sanidad y Defensa respecto a la cuarentena. Ciertamente han hecho un gran despliegue de medios y de relaciones internacionales, como la visita del Director general de la OMS, Tedros Adhanom, siempre muy dispuesto a estas iniciativas mediáticas; y desde luego, a través de la presencia de la Ministra de Sanidad, Mónica García, en una situación políticamente complicada por el creciente impacto de la huelga de médicos, debido a su oposición a negociar un estatuto propio para estos profesionales del Sistema Sanitario. Esta ha aprovechado para proyectar una imagen pública de cierta eficiencia y ha demostrado que tiene un inglés fluido y con buena pronunciación, desde luego muy por encima del de su jefe y presidente del Gobierno. Por el bien de la población, esperemos que al final no les salga el tiro por la culata, como le ha ocurrido a su compañera de Régimen, la señora Ayuso.
Es curioso que durante un tiempo no se haya informado, a pesar de que había conocimiento de ello, de que el virus que estaba provocando ese brote era la variante de los Andes, la que se transmite de persona a persona. Aunque en principio y hasta ahora la experiencia dice que esa transmisión de humano a humano no es tan sencilla como la que se produce con el virus de la gripe u otros, cabe recordar sin embargo un principio epidemiológico muy relevante: cuando una población no ha tenido contacto con un virus previamente, la contagiosidad y letalidad aumentan de forma significativa. Esto, por ejemplo, llevó a la muerte a millones de personas en América a finales del siglo XV y en el XVI con virus como el del sarampión. En determinadas zonas de Argentina y Chile, el hantavirus, incluyendo el tipo de los Andes, es endémico, y por tanto su tasa de infectividad y mortalidad es menor que en las regiones vírgenes a tal virus.

Por encima de cualquier otra consideración habría que haber puesto la vigilancia y el estudio a fondo de un primer brote de hantavirus de los Andes en el crucero, que era el marco ideal para llevarlo adelante. De esta manera se podría haber hecho una aportación significativa al conocimiento científico en general y a la epidemiología en particular. Pero a las autoridades españolas sólo les interesan la política y los resultados electorales, por lo que se ha desaprovechado una gran ocasión.
Por último, una consideración más: si ha resultado relativamente sencillo poner en marcha una coordinación internacional para repatriar a las personas afectadas por el brote de hantavirus en el Hondius, ¿por qué no se intenta una operación humanitaria para enviar a hospitales competentes a los niños/as que en Palestina no reciben atención sanitaria?
Izquierda Castellana, a 11 de mayo de 2026