La desigualdad de riqueza en Estados Unidos nunca ha sido tan extrema

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La riqueza en Estados Unidos no es un indicador de prosperidad compartida sino el reflejo más crudo de una desigualdad estructural que no deja de profundizarse. Los últimos datos lo revelan: el crecimiento económico no solo no reduce la brecha social, sino que la agranda.

En el cuarto trimestre de 2025, el 10% más rico acumulaba 119 billones de dólares, cerca del 70% de toda la riqueza nacional. No se trata de una anomalía puntual, sino de una tendencia consolidada, un rasgo estructural del capitalismo senil, en la que la cúspide económica absorbe prácticamente todo el incremento de riqueza generado.

Más llamativo aún es el caso del 0,1% más rico: apenas 136.000 hogares que concentran unos 25 billones de dólares. Traducido a escala individual, esto supone una media de 183 millones por hogar. Una cifra que no solo resulta desproporcionada, sino que pone en evidencia la distancia abismal respecto al resto de la población.

En el otro extremo, el 50% más pobre —unos 66 millones de hogares— apenas reúne 5 billones de dólares en total. Es decir, la mitad del país posee menos riqueza que ese selecto 0,1%. La comparación no deja lugar a matices: no es una cuestión de diferencias, sino de una fractura económica profunda. Desde 2020, la riqueza total de los hogares ha crecido en más de 7 billones de dólares pero prácticamente la totalidad ha ido a parar a las élites privilegiadas.

El relato tradicional del pensamiento capitalista según el cual el crecimiento económico es el motor de oportunidades muestra una vez más su falsedad. Estados Unidos no está generando riqueza en términos inclusivos, sino concentrándola de forma cada vez más acelerada. Una economía depredadora en trabajo humano y recursos naturales que, además, reparte tan poco entre tantos y tanto entre tan pocos.

 

 

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