La guerra actual, un conflicto complejo pero que es imprescindible diagnosticar con rigor

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La guerra que se está desarrollando en Oriente Medio no debe verse separadamente de lo que sucede en otros escenarios, entre los que destaca la guerra que se libra en Ucrania contra Rusia y otros conflictos de naturaleza político-militar en Latinoamérica y otras partes del mundo; realmente todo esto forma parte de un conjunto común. Desde luego, hay actores que están presentes en varios de esos escenarios, empezando por Ucrania. Apoyar a este país en la guerra contra Rusia y decir que se está por el “no a la guerra”, cuando Ucrania colabora en toda la medida que puede con el frente imperialista en Oriente Medio, es un auténtico dislate. El nivel de conocimiento y comprensión de la realidad de amplios sectores de la sociedad desgraciadamente no es para tirar cohetes y, aunque cada vez menos, en algunos ambientes eso sigue colando.

Ante cualquier conflicto político-militar es necesario hacer un diagnóstico lo más riguroso posible, algo imprescindible para poder orientar la acción práctica. El diagnóstico tiene que ser etiológico, lo que significa que debe centrarse en las causas que están generando una determinada situación. Un diagnóstico etiológico es diferente a un diagnóstico sintomático, que no sirve para comprender la esencia del proceso ni para enfrentarse a él desde una perspectiva progresista. En el mejor de los casos, los analistas occidentales se acercan a un diagnóstico sintomático.

El rabino Younes Hamami Lalehzar, líder de la comunidad judía de Irán, visitó el lugar del impacto de un misil israelí contra una sinagoga en Teherán

Pondremos un ejemplo relacionado con la medicina. Para el estudio de las enfermedades que afectan al corazón y tienen como base los problemas de la conducción eléctrica, que es como funciona este órgano, se hacen pruebas con una herramienta existente desde hace más de cien años, pero que sigue siendo la más idónea para este tipo de diagnósticos: la electrocardiografía. Ésta parte de la necesidad de observar la conducción eléctrica del corazón utilizando como mínimo doce puntos de estudio para ver la evolución; atender a menos puntos podría conducir a errores. Por supuesto, para interpretar correctamente los datos obtenidos es fundamental integrarlos en la información de conjunto sintomático del paciente. Para un problema tan complejo como el que estamos abordando hay que atender a todos los puntos de vista posibles, además de otros elementos de referencia para diagnosticar y poner en práctica un tratamiento adecuado.

Como decíamos, en el pensamiento occidental pocos análisis hemos visto que se acerquen a ese conocimiento mínimamente riguroso. En el mejor de los casos, hacen una descripción de los síntomas y de la situación puntual del conflicto militar, pero sin profundizar en las razones de éste ni en otros aspectos que configuran las características de la guerra en marcha. Esta guerra no tiene nada que ver con las que hubo en lo que va del siglo XXI o en los últimos decenios del siglo pasado. Intentar aplicar métodos de análisis similares a los empleados respecto a la guerra del Golfo, a la invasión de Afganistán, etc. no conduce a resultados útiles desde el punto de vista de la comprensión teórica. Esta es una guerra con características y orígenes en parte comunes a los de las dos guerras mundiales del siglo XX, aunque también respecto a éstas presenta diferencias significativas.

Cuando acabe esta guerra, parcializada en su origen en distintos escenarios, el mundo tendrá poco que ver con lo que hemos conocido hasta ahora. Eso incluye también las cuestiones geográficas, y no nos referimos solamente al Estrecho de Ormuz, que cambiará sustancialmente desde el punto de vista de la geografía político-económica. Seguramente asistiremos a un proceso de separación sociopolítica entre continentes, mayor que el que existe en la actualidad: el proyecto nazisionista de Trump y su equipo avanza de forma más sólida en América que en Asia.

Realmente, exceptuando la Antártida, pueden distinguirse solo dos grandes continentes. Groenlandia, políticamente europea, es desde el punto de vista de la geografía física parte de Norteamérica.

Asistimos por otra parte a un incremento de las tensiones y contradicciones entre el capitalismo europeo y el yanqui, aunque el gobierno nazi-sionista y los gobiernos conservadores y los pretendidamente socialdemócratas en Europa mantienen unos mismos intereses estratégicos: la defensa del capitalismo como modelo socioeconómico global. ¿Hasta dónde pueden llegar tales contradicciones en el seno del mundo capitalista? En esta coyuntura histórica, a pesar de las apariencias, no creemos que muy lejos; desde luego no parece que vayan a adquirir la envergadura que tuvieron durante la II Guerra Mundial, aunque ya lo iremos viendo.

También asistimos a un cambio en la naturaleza de los agentes más importantes dentro del capitalismo occidental, que en las últimas décadas se han desplazado desde el sector industrial hacia el sector financiero y, dentro de éste, hacia todo lo relacionado con las criptomonedas y la inteligencia artificial, alrededor de la cual se ha formado una burbuja muy similar y cuantitativamente más importante que la generada por las hipotecas subprime. Es importante distinguir las criptomonedas de las monedas digitales. La moneda digital es la moneda habitual en un formato digital, por lo que se entiende que tiene los mismos soportes que cualquier otro formato de moneda, por ejemplo en papel. En la historia monetaria, el cambio de la moneda en metal al llamado papel-moneda fue mucho más importante e impactante, aunque de esto ya prácticamente nadie quiera acordarse. Las criptomonedas son otra cosa: son un producto que se construye en base a un gasto demencial de energía (eso que teóricamente estamos por ahorrar) y no tienen sustrato material alguno, de ahí sus fluctuaciones poco previsibles y en grados de oscilación condicionados por la más extrema especulación, mucho más aún de lo que ocurre con otros productos financieros.

En reiteradas ocasiones hemos comentado que la guerra era la única salida que tenía el imperialismo capitalista para intentar escapar del atolladero en el que está metido. En estos momentos la deuda nacional bruta de los EEUU asciende a 39 billones de dólares, y en otros países capitalistas el nivel de endeudamiento no está lejos de los porcentajes estadounidenses respecto al PIB. Una economía no tiene futuro si se mantiene en esos grados de endeudamiento.

Evolución del endeudamiento público estadounidense. Fuente: Expansión

El equipo de Trump sí tiene un plan, otra cosa es que no lo cuenten en su globalidad. El primer paso de ese plan fue la puesta en marcha de los aranceles, que aunque han sido impugnados por el Tribunal Supremo norteamericano, le ha supuesto al Tesoro unos ingresos adicionales de 200.000 millones de dólares, lo que no es poca cosa, aunque desde luego no sirve para amortiguar de forma significativa la creciente deuda. Otro elemento, el principal de ese programa, es la puesta en pie de una guerra planificada desde una perspectiva esencialmente económica. Hitler no invadió la URSS solo por su anticomunismo, sino porque una vez conquistado y controlado el continente europeo necesitaba disponer de una gran área productiva (de cereales, hierro, petróleo, etc.); el espacio vital para el III Reich estaba fundamentalmente en los territorios occidentales de la URSS, territorios que saquearon también en cuanto a su patrimonio artístico, cultural y científico. La filosofía de construcción del IV Reich tiene elementos de continuidad respecto al III, incluyendo la forma de orientar la guerra por parte del nazi-fascismo en el siglo XX y la del nazi-sionismo hoy. Este es tan genocida y criminal como lo fue cien años atrás, como puede comprobarse al ver lo que hacen en Palestina, Líbano e Irán.

Irán y sus aliados van ganando la guerra, pero ésta aún no ha terminado y parece que todavía queda mucho camino por andar. El ejército yanqui tiene de momento las fuerzas armadas más poderosas del mundo, aunque China se les acerca rápidamente y Rusia tiene superioridad en cuestiones como la cantidad de armamento nuclear. Irán está dando un ejemplo de combinación de inteligencia política y audacia militar, y en esta guerra asimétrica están consiguiendo resultados solo comparables a los que tuvo Vietnam en los 60 y 70, logrando la expulsión militar definitiva de los EEUU de esa zona del mundo.

En la guerra impulsada e iniciada por el nazisionismo están expresando también su odio y su intención de destruir los bienes culturales, artísticos y patrimoniales de Irán, de los que el país tiene impresionantes representaciones. Nada parecido tienen ni Israel ni los EEUU, aunque a base de dinero estos últimos hayan conseguido construir instituciones de bastante prestigio científico. Un dato publicado estos días refleja que China ha pasado a ser el país que más contribuye a la producción científica en el mundo, muy por delante de los EEUU, toda una expresión de la decadencia imperial que pretenden revertir.

Desde 1980, la participación de China en las publicaciones científicas globales en las principales revistas ha crecido del 0% al 32%, mientras que la de Estados Unidos ha disminuido del 60% al 24%.

Europa como potencia independiente y supranacional está completamente acabada, por mucho que les moleste oírlo a los dirigentes de algunos de los países que conforman una parte de este continente, y la OTAN en muy buena medida también lo está. Cuando Trump dice que la OTAN es un tigre de papel, además de ofender a los países europeos, está describiendo una realidad. Europa no hubiera sido nada después de la II Guerra Mundial sin el apoyo estadounidense, una verdad perfectamente contrastable. El engreimiento europeísta y normalmente antimusulmán que se ha desarrollado en los últimos años no tiene fundamento material alguno, ni lo va a tener en el corto y medio plazo, salvo que ocurran cosas hoy totalmente imprevisibles.

El cierre del Estrecho de Ormuz perjudica a la economía global y, por tanto, a muchos Estados y países. Entre los más afectados, aunque tengan formas de atenuarlo y disimularlo durante un tiempo, se encuentra precisamente Europa. Eso lo saben perfectamente en los EEUU, que disponen de petróleo y gas natural para cubrir sus propias necesidades y para exportar, algo que ya vienen haciendo en gran medida desde que se restringieron los hidrocarburos rusos. Si EEUU ha entrado en una fase de decadencia, la de Europa es aún más acusada, y además partiendo de un punto mucho más bajo del que partían los EEUU. Como señalábamos al principio de este editorial, una de las consecuencias de esa decadencia se expresa en el pobre nivel de análisis de los politólogos adscritos a los diversos medios, que van desde el más zafio de los ridículos hasta, en el mejor de los casos, las descripciones más o menos acertadas con respecto a aspectos parciales de lo que ocurre. Hace unas pocas semanas aparecía un artículo en La Vanguardia en el que se aseguraba que Rusia sería la peor parada del conflicto en Medio Oriente, pero en los últimos días dicen justamente lo contrario.

El New York Times, Haaretz o Wall Street Journal son los medios occidentales en los que aparecen algunos artículos con una cierta profundidad. En Haaretz se ha empezado a señalar que de la evolución de esta guerra puede depender el futuro del Estado de Israel. Compartimos plenamente esta opinión. Para el Estado sionista esta guerra es existencial, y de ahí se deriva también la dureza con la que están actuando (no es una justificación, sino una explicación racional a lo que sucede). La deriva mesiánica del Estado de Israel, cada vez más acentuada, va en la misma dirección. No hay que descartar que el sionismo, la gran fuerza financiera que mueve el mundo capitalista, esté pensando en un nuevo emplazamiento alternativo, o complementario, a los territorios palestinos; Argentina tiene bastantes méritos para ello.

Las clases populares europeas no tardarán mucho en sufrir las consecuencias de los errores brutales de sus dirigentes, primero apoyando la guerra en Ucrania y ahora desligándose de la cuestión del Estrecho de Ormuz. Por supuesto no queremos que los Estados europeos y sus ejércitos se impliquen en la guerra en Medio Oriente (algo que ya veremos cómo evoluciona), pero no ignoramos la realidad, porque así se crean las bases para reacciones descontroladas. ¿Qué pasará en las sociedades europeas, particularmente en la española, cuando el barril de petróleo ronde los 200 dólares y aumente en esa proporción el precio de la gasolina, del gasóleo, del gas natural y de los productos como los alimentos que dependen para su producción de fertilizantes e hidrocarburos? Las previsiones que ha hecho el Gobierno sobre esto, aparte de estar basadas en datos irreales, no tienen ninguna validez. Eso sí, el turismo va como un tiro y, según cuentan, la guerra beneficiará aún más esa tendencia. ¿Cómo pueden ser tan cretinos? En la medida en que ésta se generalice, el turismo menguará, lo que en términos reales, por cierto, ya ha ocurrido en Semana Santa, pese a los datos que divulgan sobre la elevada ocupación hotelera. Esta cantinela hace recordar a cuando los periódicos franquistas, no muy diferentes a los actuales, decían que “había total tranquilidad” en las cuencas mineras; todo el mundo interpretaba que eso era señal de que había movilizaciones de gran importancia.

Izquierda Castellana, 7 de abril de 2026

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