Nos conducen de forma progresiva hacia la globalización de la guerra. El Eje yanqui-sionista, es decir, el nazismo del actual momento histórico, tiene claramente decidido avanzar en esa dirección; no es fácil frenar tales impulsos, aunque haya que hacer todo lo posible para ello. Desde luego, las fuerzas militares y políticas antiimperialistas de Irán y sus aliados en la zona están poniendo sobre la mesa todo aquello que dificulta ese avance, pero aún así las cosas no parecen paralizarse aún, aunque al menos se va configurando una correlación de fuerzas favorable a la derrota del nazi-sionismo en la zona.
Desde el inicio de la Presidencia de Trump, pero muy especialmente en los últimos días, se vuelve con la matraca sobre su salud mental. No tenemos ninguna duda de que la salud mental de este señor es patológica, pero ese no es el problema principal, como tampoco lo era en el caso de Hitler. Éste era un psicópata, pero la cuestión principal es el papel histórico que jugó como líder del nazismo. Con Trump podría hacerse un símil: lo relevante no son las cuestiones mentales, sino las ideológico-políticas, que se corresponden plenamente con lo que es un proyecto nazi para el siglo XXI, alternativa por la que está optando el capitalismo global abanderado por los EEUU y el Estado sionista de Israel. Mientras no se asuma esta realidad, difícilmente se van a poder hacer análisis rigurosos sobre lo que está ocurriendo en el mundo, particularmente en Oriente Medio.

Es curioso cómo cuando se trata de analizar los crímenes del capitalismo, los medios de comunicación occidentales buscan subterfugios o alternativas para que el Sistema como tal no aparezca como el auténtico responsable de ellos. Si semejantes barbaridades proviniesen de alguna manera de un país asociado con el socialismo, en seguida se responsabilizaría a ese proyecto social en su conjunto, como se ha podido comprobar en numerosas ocasiones.
Otro mantra repetido es que Trump no tiene un proyecto para su intervención en Oriente Medio, particularmente en Irán. Claro que lo tiene: sobre la base de sembrar el caos y la destrucción en la mayor medida posible en una primera etapa, quiere pasar a la construcción del Gran Israel, tal como hace unas pocas semanas apareció profusamente en los medios de comunicación; la construcción del Gran Israel es una pieza muy importante en la construcción del IV Reich.

Vamos a reflexionar sobre por qué los países de la UE -al menos de momento, ya veremos cómo evolucionan las cosas- intentan no participar de forma plena en los ataques sobre Irán y sus aliados en el Líbano, Irak y seguramente no tardando mucho en Yemen. Obviamente no responde a un espíritu pacifista, como tampoco responde al pacifismo el interés de Trump en acabar lo más rápidamente posible con la guerra en Ucrania. La cuestión es mucho más prosaica. Los impactos económicos y sociales de la guerra en Irán van a tener, ya los están teniendo, efectos muy importantes en las sociedades occidentales, por el incremento del precio de los hidrocarburos y de los productos para cuya producción éstos juegan un papel importante: fertilizantes (y por tanto, alimentos), medicamentos, etc. Los gobiernos europeos saben perfectamente que sus sociedades están cogidas por alfileres, con una situación de grave estrés y tensiones sociales que consiguen disimular u opacar mediante subvenciones y/o represión, pero eso a su vez conlleva a un incremento del ya de por sí grave endeudamiento público. El caso del Estado español es significativo, y su endeudamiento público también.
Es expresivo de esto que decimos el cómo por un lado Sánchez se opone a la intervención militar en Irán mientras transfiere -así lo ha hecho en los últimos días- mil millones de euros a Ucrania, que se suman a una larga serie de aportaciones económicas con fines militares, aparte de apoyar todas las medidas en la UE tendentes a seguir financiando y sosteniendo este conflicto. Sólo con este último paquete económico se podría financiar la construcción de varios hospitales o pagar el sueldo anual de miles de médicos/as o enfermeros/as.

Algunos analistas hacen una comparación entre lo que le está ocurriendo a Trump en Irán y lo que le ocurrió a Putin en Ucrania. Eso es confundir los deseos con la realidad, dejar volar ésta “con plena libertad” y sin el menor rigor. Ucrania está objetivamente derrotada desde el punto de vista militar y político, y con gravísimos problemas económicos. No es cierto que el ejército ruso intentara hacerse con el conjunto del país, sino con la Península de Crimea y con las zonas orientales de ésta, es decir, el Donbás, cosa que en buena medida han conseguido. Cabe destacar cómo Ucrania está colaborando con los ejércitos yanqui-sionistas al menos en el campo de los drones, enviando al escenario de guerra en Oriente Medio armamento de este tipo y personal experto para gestionarlo. Ucrania es un aliado más de los ejércitos nazi-sionistas, también en la intervención contra Irán y sus aliados.
Trump había dado un ultimátum de dos días a Irán, que después ha ampliado a cinco días, para que desbloquee el Estrecho de Ormuz. Es un marrullero, como otros que tenemos más cerca, y utiliza todos los recursos de ese estilo de trabajo, entre otros la mentira sistemática. Seguirán atacando objetivos civiles, incluyendo centrales eléctricas. La dirigencia iraní ha respondido que no van a abrir el Estrecho de Ormuz en el sentido que demandan los yanquis. El Estrecho solo está cerrado a la navegación de los países beligerantes o a quienes apoyan los ataques a Irán, mientras que el tránsito para las embarcaciones de países no beligerantes se mantiene abierto. ¿Alguien podía imaginar que Irán iba a ceder ante las presiones de EEUU? ¿Es de nuevo una expresión de que Trump no tiene planes para Oriente Medio? En absoluto, simplemente busca una escalada que no le interesa a la mayor parte de los Estados de la UE ni, por supuesto, al conjunto de la población. Mientras tanto, el efecto temporal -de unas pocas horas- de esa maniobra de distracción ha permitido que gente con información privilegiada del entorno de Trump pudiera impulsar operaciones especulativas y obtener grandes beneficios.

Es posible que Trump y su equipo militar y civil no tuvieran una información precisa sobre la capacidad de resistencia del ejército iraní y las fuerzas político-militares que le apoyan, algo que suele ocurrir en muchos conflictos. Así ocurrió también cuando los ejércitos nazis, no solo alemanes sino de buena parte del continente, lanzaron la invasión de la URSS; los servicios de información nazis habían hecho un cálculo poco realista sobre el número de divisiones disponibles en el Ejército soviético y se sorprendieron cuando éstas aparecieron en escena.
El proyecto de Trump es la implementación a nivel global de un IV Reich, y para ello necesitan sembrar el más amplio caos y crear cuantos más escenarios de guerra, mejor. No hay que olvidarse que el Ejército de los EEUU sigue siendo, de momento, el más poderoso desde el punto de vista militar, y con mucho margen de acción. Es muy posible que los próximos días veamos la intervención terrestre de los ejércitos yanquis no tanto para conseguir la reapertura de Ormuz ni para conquistar Irán, sino para seguir machacando a Irán y a las fuerzas que lo apoyen.
La apuesta del nazi-trumpismo y del sionismo es muy alta, similar a la que tenía el nazi-fascismo en la II Guerra Mundial: es decir, están dispuestos a jugarse el todo por el todo.
El resultado final de este conflicto que se ha iniciado no está decidido. Hemos de reafirmarnos en que el nazisionismo es intrínsecamente maligno y hacer todo lo posible para que, frente a él, triunfe la humanidad y la civilización.
Izquierda Castellana, 24 de marzo de 2026