Vamos a describir en primer lugar algunos elementos que configuran al capitalismo europeo a partir de la II Guerra Mundial. Después de 1945 los imperios coloniales europeos, excepto el caso portugués, que en esos momentos ya tenía una limitada importancia internacional, se van desmoronando progresivamente, y en algunos casos de forma muy traumática para las metrópolis correspondientes.
Francia pierde sus posesiones en Indochina: Laos, Camboya y, sobre todo, Vietnam del Norte. La batalla de Dien Bien Phu supuso una clara derrota, no solo militar, sino política y psicológica, para el Ejército francés y para el Estado galo. Este se mantiene en Vietnam del Sur, pero posteriormente los EEUU se hacen cargo de la guerra, siendo también finalmente derrotados; el conjunto de Vietnam se unifica e inicia un proceso de construcción prosocialista, en el que aún siguen, aunque su perfil internacional sea limitado. No mucho más tarde estalla el levantamiento insurreccional en Argelia, que acaba con la pérdida de esa colonia de especialísimo valor económico y emocional para la metrópoli francesa. La independencia de Argelia supuso el desarrollo de contradicciones internas brutales en el Estado y la sociedad francesa, que solamente la personalidad de Charles de Gaulle pudo afrontar, y aún con grandísimas dificultades. Fue la época de la constitución de la OAS, una organización vinculada a la extrema derecha francesa que pretendía dar un golpe de Estado; cuando vieron que ello no era posible, impulsaron un movimiento armado para destituir al Régimen existente en ese momento. La pérdida de Indochina-Vietnam fue muy importante para Francia, pero la de Argelia fue tremenda. Argelia era considerada como un territorio equiparable a las provincias de la Francia metropolitana y allí vivían alrededor de un millón de franceses a costa de la explotación colonial.
El Reino Unido, aunque de una forma más tranquila y menos traumática, también fue perdiendo su imperio colonial tras la II Guerra Mundial. En ese proceso se independizaron India, Pakistán, Birmania, Malasia y diversos territorios que se convirtieron después en Estados independientes en África (Nigeria, Sudáfrica o Egipto, entre muchos otros). Tuvieron la inteligencia de desarrollar la Commonwealth, una sociedad de naciones que compartían un pasado colonial británico, mediante la cual el Reino Unido amortiguó algunas de las consecuencias de las independencias. Durante un tiempo, ésta fue un mercado de intercambio al que supieron sacar un especial rendimiento.
En Oriente Próximo existían igualmente varias colonias del Reino Unido y Francia, que también se independizaron después de la II Guerra Mundial; es algo que merece una reflexión específica y que abordaremos en otro editorial debido a las particularidades e importancia que aún tienen las consecuencias de ese proceso de descolonización.
Holanda -o los Países Bajos- tenían un imperio de cierta importancia que también se independizó entonces. El caso de mayor relevancia para la metrópoli fue Indonesia, que ahora es en sí misma una potencia de mediano tamaño y con una influencia regional considerable.
Bélgica perdió su gran colonia en África, el Congo, sobre el que ejercieron una política absolutamente genocida, que curiosamente fue mucho más allá que la que puso en marcha cualquier otra potencia imperial; sin embargo, sobre Bélgica no hay una leyenda negra similar a la que existe sobre el Imperio español. Este proceso -el del imperialismo español- fue menos brutal que otros procesos imperialistas, aunque no estuvo exento de prácticas crueles; ello no se debe especialmente a razones éticas, sino que debe ponerse en relación con la etapa de desarrollo en que se encontraba el capitalismo en ese momento (la fase mercantil) y debido a que la colonización se hizo simultáneamente al proceso de evangelización, influyendo en el mismo. La conocida “Controversia de Valladolid” sobre los derechos civiles de la población indígena, impulsada por el dominico Fray Bartolomé de las Casas, y cuyo contrapunto fue Fray Ginés de Sepúlveda, también de la misma orden, es todo un ejemplo de las especificidades del proceso imperialista español, y no tiene parangón en ningún otro proceso de colonización en la época.
Además de varios documentales, hay una película francesa sobre la «Controversia de Valladolid», estrenada en 1992.
El proyecto imperialista español (realmente el de los Habsburgo) tuvo ciertas similitudes con el romano, y fue bastante diferente respecto a otras referencias históricas: incluyó la transmisión de la lengua, cultura y religión, aparte de las formas institucionales y urbanísticas. Es importante destacar además que los Habsburgo, bajo el reinado de Carlos V, combatían en el centro geográfico de su poder político -Castilla- a la Revolución comunera. El proyecto imperial tenía simultáneamente dos frentes político-militares abiertos: la batalla de Villalar y la conquista de México son coincidentes en el tiempo de una forma exacta, la primavera de 1521. El imperialismo Habsburgo, al tiempo que destruía las bases de la nación castellana, hacía lo mismo con los pueblos de Mesoamérica.
La pérdida de las colonias de las potencias imperialistas europeas supuso un cambio muy importante para las metrópolis, para su autoprestigio y para la propia explotación colonial como forma de apropiación de riquezas. Quedó demostrado que sin la cobertura de los EEUU esos países eran incapaces de defender sus territorios coloniales. Y por otro lado, que sin colonias, en uno u otro formato, el capitalismo no puede sobrevivir.
Este es el escenario con el que se encuentra Europa después de la II Guerra Mundial. Por un lado, muchísimas frustraciones en el ámbito subjetivo por el papel jugado en la Guerra, que consistió o bien en ser cómplices del proyecto nazi-fascista o bien en ofrecer unas resistencias apenas inexistentes, salvo las que procedían de las fuerzas organizadas alrededor de los partidos comunistas. Y por otro, una dependencia no solo militar, sino económica y cultural de los EEUU. Ciertamente, los EEUU a cambio de esa ayuda en todos los frentes obtuvieron una serie de contraprestaciones, como era el control cultural y político desde el punto de vista estratégico de Europa. Eso a su vez generaba tensiones y conflictos con algunos países europeos, sobre todo con Francia. Las tensiones que existen ahora entre Europa y EEUU no han surgido de la nada, sino que tienen una trayectoria larga que hay que conocer y sobre la que se debe profundizar para tener una visión lo más completa posible del tema.
A nivel mundial podemos, como hemos hecho anteriormente, ver tres grandes escenarios para el desarrollo de los conflictos en lo político, económico y militar. Pero es muy importante comprender las líneas de acción en cada uno de esos escenarios de los dos grandes bloques del capitalismo, el europeo y el norteamericano. Europa, de forma tramposa, como está acostumbrada a hacer desde hace generaciones, tiene puestos sus intereses objetivos en la colonización del mundo eslavo, de ahí su beligerancia contra Rusia. Esta cuestión no es nueva, ya lo intentaron Napoleón y Hitler, y la idea no solamente no se ha abandonado, sino que se ha retomado con fuerza. Un ejemplo muy reciente de un proceso de colonización en Europa por el bloque capitalista fue la destrucción, desmembración y posterior reparto de Yugoslavia según zonas de influencia, y que puede tomarse como preludio de lo que pretenden de alguna manera respecto a la Federación Rusa.
El impulso al proyecto imperialista colonial en el continente americano lo hemos abordado en los últimos editoriales. En estos momentos no hay grandes novedades salvo que los EEUU parece que están reflexionando a fondo cómo “cobrarse la pieza” de Venezuela, pues quizás es más complicado de lo que pensaban inicialmente. Los resultados electorales, tan favorables al proyecto del IV Reich en Chile, anteriormente en Argentina y en otros países (Guatemala, Honduras…) tienen su importancia, pero son países con un papel que no es principal en la evolución política del subcontinente latinoamericano. Brasil y México se mantienen en una línea pro-soberanista, y también Colombia parece avanzar en un sentido favorable a la soberanía de Venezuela.
La reflexión sobre la orientación estratégica de los diversos bloques del capitalismo imperialista, especialmente el europeo (tanto la UE como Reino Unido) tiene importantes dificultades para llevarse adelante, porque están dando bandazos de forma constante. Hacer un análisis estratégico y aun táctico resulta francamente complejo. No es así con la estrategia del bloque imperialista yanqui encabezado por la Administración Trump, con un proyecto muy claro, ciertamente nazisionista, y más sencillo de analizar.
Dentro de las dificultades que encierra reflexionar sobre ello, hay algunas cuestiones bastante evidentes acerca de la línea de orientación de la Europa capitalista. Una primera es el apoyo sin fisuras a Ucrania, posición que es asumida por la mayoría de los Estados, con alguna excepción, como es el caso de Hungría y Eslovaquia en alguna medida; también existen matices en algunas cuestiones que, aunque pueden parecer secundarias, tienen una trascendencia esencial, tal como es la cuestión de la financiación de la continuidad de la guerra en Ucrania; Bélgica no ha compartido la línea impulsada fundamentalmente por Alemania y Reino Unido para utilizar sin limitación alguna los recursos rusos depositados en Euroclear, organismo que en teoría se encarga de mantener y cuidar los depósitos financieros en sus diversas expresiones de cualquier país del mundo con plenas garantías. Lo que proponían la mayor parte de los países europeos era precisamente cargarse las garantías que este organismo ofrece, quebrando su reputación. Euroclear está ubicado en Bélgica, y es por ello que los belgas son los que más se han opuesto a esa utilización fraudulenta porque temían, y con razón, las repercusiones: Rusia anunció que recurriría a los Tribunales internacionales, además con ciertas posibilidades de ganar el litigio, por mucho que se retuerza el asunto para favorecer al mundo occidental.

Tal como anunciaban algunos analistas medianamente independientes, esa operación podría haber condicionado contramedidas por parte de Rusia, como la incautación de fondos que los países occidentales tienen depositados en entidades rusas. Pero además podría suponer un desastre para las economías de Europa occidental por su pérdida de credibilidad y porque a medio plazo afectaría de lleno a la consideración del euro como moneda de intercambio. Lo que le faltaba a Europa es que el euro implosionase por medidas políticas irracionales, tal como sucedió con el marco alemán en el periodo de entreguerras, haciendo que este llegase a perder todo su valor.
La dirección política de la UE está descerebrada. Son como pollos sin cabeza, sin una dirección unificada. Alemania parece que aspira y quiere dar pasos en la dirección de convertirse de nuevo en el hegemón europeo, pero no lo tiene fácil; otras potencias no lo van a aceptar de buen grado, incluyendo Francia y Reino Unido, y además la situación de partida es extremadamente complicada; llevar adelante ese proceso no es fácil en circunstancias favorables, pero en unas como las actuales es más que complejo, por no decir imposible. La decisión, de momento definitiva, tomada en la última reunión de la UE, de impulsar un préstamo de 90.000 millones que no necesita devolución, lo que significa que será a costa del resto de los Estados europeos y sus poblaciones, excluye de momento el uso de fondos rusos depositados en Euroclear. Esto ha sido una derrota del canciller alemán en toda regla.
La obsesión de los países de Europa occidental es conquistar el espacio eslavo, tal como era la de la Alemania hitleriana y otros países europeos que de facto lo apoyaron en ese propósito. Comentábamos cómo Europa, después de la II Guerra Mundial, se quedó sin sus colonias, que le daban muchos beneficios económicos y un cierto “prestigio político”. Una muestra descarada de los intentos de construir nuevas colonias en Europa es el caso yugoslavo (los eslavos del Sur). En ese proceso tuvo un papel protagónico Alemania, aunque finalmente la potencia determinante para la destrucción de ese Estado multinacional y prosocialista fueron los EEUU. Es necesario reflexionar sobre cómo en el caso de la destrucción de Yugoslavia se utilizó como herramienta principal a Croacia, que había sido un protectorado del III Reich, mientras en la actualidad se emplea a Ucrania, que tuvo también unas relaciones muy especiales con el Régimen nazi, concretamente en algunos de sus territorios y mediante una parte significativa de su población.
Europa actualmente no tiene colonias (en un sentido de eficiencia económica), y el capitalismo sin colonias tiene muy difícil su supervivencia. Son completamente depredadores y no solo en los términos que permite la explotación capitalista en los servicios o la industria; necesitan la colonización de territorios para asegurarse beneficios. A Europa se le abrió el cielo con la caída de la URSS, y con la llegada al poder de Yeltsin, aún más. Consideraban, y Yeltsin así lo facilitó, que los antiguos territorios de la URSS, muy especialmente Rusia pero también las otras naciones que componían la Unión, estaban listas para ser colonizadas.

Los proyectos para Rusia del capitalismo internacional eran trocearla y repartirse los pedazos entre las diferentes potencias, como hicieron con Yugoslavia. Ese plan se vio cortado por la reacción del pueblo ruso y el impresionante incremento de votos del Partido Comunista de la Federación Rusa, y después con la llegada al poder de Putin, que tuvo la suficiente habilidad para crear una opción patriótica y combativa en la defensa de Rusia como la gran potencia que es. Durante unos primeros años, las potencias capitalistas europeas e internacionales tuvieron una relación estrecha con Putin para intentar comprar sus favores y voluntad, algo que no consiguieron. La dirección rusa tuvo la suficiente perspicacia para entender lo que realmente el capitalismo internacional estaba tramando para ellos, y de ahí la preparación para hacer una firme resistencia, que comenzó de forma muy significativa en Ucrania a partir del año 2014, con otro punto de inflexión con la intervención en 2022.
La UE está metida en un callejón sin salida. Continuar la guerra contra Rusia, sin el apoyo pleno y explícito de los EEUU, es un suicidio, al menos en principio. Aceptar un proceso de paz en la línea que plantea Putin es aceptar la derrota. La dirección del capitalismo europeo, particularmente en algunos casos, como Alemania, Francia o, incluso a su nivel, el Estado español, está tan comida por la soberbia, la prepotencia y el deterioro cognitivo que solamente en una situación en que la derrota sea evidente y sin ningún tipo de ambigüedades la aceptarán, y aun así de mala gana y recurriendo a distintas maniobras maliciosas. Por ahí nos encaminamos. Parece que tenemos guerra de Europa contra Rusia para rato, guerra que seguramente irá in crescendo, así como aumentará la implicación del Estado español en ella. La política antiguerra tiene que incorporar también ese aspecto, que ya hemos tocado en otras ocasiones.
Por último, en cuanto a la situación en el Estado español, es de absoluto deterioro para el Gobierno de Pedro Sánchez y el conjunto del Régimen del 78. Éste parece que no se quiere dar por aludido; cuanto más permanezca en su puesto sin dar una salida política a la situación, más dura será su caída. Pedro Sánchez y una buena parte de sus acompañantes han perdido también su capacidad cognitiva. Son incapaces de comprender la realidad tal como es. Las últimas intervenciones de Pedro Sánchez han sido siniestras y propias de alguien que ha perdido el sentido de la razón. Cuanto más dure esta situación, mejor, porque lo único que hace es repercutir en el debilitamiento de forma más que significada del Régimen y agudizar el proceso de liquidación del PSOE como supuesta alternativa de izquierdas del mismo. Los resultados electorales en Extremadura, feudo tradicional del PSOE, han sido muy esclarecedores. Pedro Sánchez ha entrado en una línea de irracionalidad y pensamiento mágico que roza, o más que roza, la paranoia como enfermedad mental. Parece mentira que nadie de su entorno más directo le diga las cosas tal como son, y se dediquen a sustentar esa fábula en la que vive desde hace unos cuantos meses. Esto está suponiendo un desgaste no solo para el PSOE, sino también para los partidos de ámbito estatal que apoyan la continuidad de su Gobierno, y también de Podemos, aunque intenten desmarcarse del asunto. De seguir así las cosas, empezará a afectar a otras organizaciones políticas de ámbito territorial, en Euskadi, Cataluña e incluso Galicia, aunque en este caso tengan una política más diferenciada.
Con todo ello tenemos que reevaluar nuestro papel en la coyuntura política, que cada vez tiene que ser de mayor responsabilidad.
Izquierda Castellana, 23 de diciembre de 2025


