La historia NO os absolverá; os condenará, y además con agravantes

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El actual “Gobierno de Progreso” ha alcanzado los mayores niveles de corrupción y podredumbre que se pueden esperar en el marco del Régimen del 78, que ya de por sí es un estercolero en el que es difícil que crezca algo que no sea pura guarrería. Es bueno recordar que fue Ábalos quien defendió la moción de censura al por aquel entonces presidente, Mariano Rajoy, con un discurso basado en la denuncia de la corrupción. El cinismo de este señor y de todos los que le acompañaban en ese proceso les hace merecedores de todos los castigos civiles y penales posibles. El Régimen del 78 nunca tuvo un crédito significativo en la sociedad de los Pueblos del Estado español, pero actualmente éste se encuentra por los suelos, y más abajo, salvo entre aquellos que obtienen beneficio directo de su supervivencia, que, por cierto, no son pocos. Estarían todos aquellos que viven a cuerpo de rey de sus puestos políticos (ministros, diputados y senadores; procuradores y diputados de los numerosos parlamentos constituidos durante el proceso de Transición, en algunos casos justificados y en otros obviamente no; cargos de confianza y libre designación; plumillas y comentaristas de los medios de comunicación, que se cuentan por miles; etc). Y ello por no hablar de la monarquía restaurada como imposición del franquismo a la Transición, la antítesis de lo que tendría que ser un Sistema democrático. Después se atreven a hablar de 50 años de democracia. Ni Castilla ni el conjunto de Pueblos del Estado español pueden avanzar cargando con el lastre de tantos corruptos y chupatintas. Este Gobierno ha mentido y manipulado a la opinión pública de forma sistemática, y además ha adoptado una política favorable en el fondo y en las formas al avance hacia la III Guerra Mundial.

El PSOE ha hecho todo lo posible para potenciar a Vox con la intención de debilitar al PP, especialmente ante la expectativa de unas elecciones generales. Por supuesto, han sido beligerantes con la posibilidad de que se crease un bloque rupturista a la izquierda del actual Gobierno, en ese plan están el último intento de ilegalización de IzCa en 2021 así como los constantes ataques a través de las Delegaciones del Gobierno a nuestra actividad política. Entre las bases de los partidos que apoyan al Gobierno de Coalición hay por supuesto gente decente y que se siente verdaderamente de izquierdas, pero es hora de que abran los ojos; sino, cuando lo hagan, será demasiado tarde. Un nuevo Gobierno articulado alrededor del PP y con el apoyo de Vox y otros no será mejor que el actual en el plano formal, posiblemente será peor, pero se generarán condiciones subjetivas y objetivas para impulsar la movilización, único camino para que se puedan llevar adelante cambios favorables para los sectores populares de Castilla y de los Pueblos del Estado español.

Operación Lanza del Sur

Estamos asistiendo en vivo y en directo a lo que es la preparación escalonada de la intervención militar estadounidense en Venezuela, cuyo objetivo último es la invasión del país caribeño. Según el New York Times, Maduro y Trump mantuvieron una conversación telefónica, algo que no cambia para nada el proyecto estratégico de Trump, sino que es expresión de la complejidad del proceso y de que la invasión de Venezuela no es sencilla, a pesar de las fantasías de los primeros días entre los yanquis y sus cómplices en Venezuela y Occidente -incluyendo el Estado español- y requiere de una preparación profesional, que es en lo que están. La profesionalidad es una metodología tan olvidada en el Estado español que no son capaces de interpretar estos hechos de forma correcta. Hay que señalar que la preparación de una línea seria y consistente de apoyo y solidaridad con Venezuela, que no es ni más ni menos que la defensa de la soberanía de ese país -y en general de ese concepto-, así como la defensa de la paz, debería ser un elemento principal en la agenda actual de las fuerzas que se consideren progresistas y/o antiimperialistas. En nuestro caso desde luego es así.

La línea de acción de los EEUU para nada es una novedad; tienen una larga tradición de intervención en todos aquellos países del mundo en los que consideran que las políticas de sus respectivos gobiernos no sirven adecuadamente a los intereses imperiales. Así ha ocurrido a lo largo de la historia, desde finales del siglo XIX, pasando por el siglo XX y siguiendo en el presente: Asia, África y América Latina, a la que siempre han considerado su patio trasero, han sufrido de forma sistemática y continuada la intervención yanqui. En América Latina, desde la Doctrina Monroe “América para los Americanos” (1823) hasta la Doctrina del Gran Garrote de Th. Roosevelt, basada en el proverbio “habla suavemente y lleva un gran garrote” (hacia 1900, no confundir con Franklin D. Roosevelt, quien presidía los EEUU cuando éstos se incorporaron al frente antifascista durante la II Guerra Mundial), y continuando con toda una serie de golpes, agresiones y ocupaciones:

Relación de algunas de las principales intervenciones: Guerra México-Estados Unidos (1846-1848): Tras la anexión de Texas, EE.UU. invadió México y se apoderó de gran parte de su territorio (California, Nuevo México, Arizona, etc.). Ocupación de Cuba (1898-1902, 1906-1909, 1917-1922): Tras la Guerra Hispano-Estadounidense, EE.UU. intervino militarmente y mantuvo influencia con la Enmienda Platt. Panamá (1903): Apoyó la independencia de Panamá de Colombia para construir el Canal de Panamá. Nicaragua (1912-1933): Ocupación militar para proteger intereses económicos y combatir rebeliones. República Dominicana (1916-1924, 1965): Intervenciones militares para controlar crisis políticas y financieras. Guatemala (1954): La CIA apoyó un golpe de Estado contra Jacobo Árbenz por su reforma agraria y acercamiento al comunismo. Cuba (1961): Invasión de Bahía de Cochinos (Playa Girón) para derrocar a Fidel Castro. Chile (1973): La CIA apoyó el golpe contra Salvador Allende, llevando al poder a Augusto Pinochet. El Salvador (1980s): Apoyo militar a gobiernos de derecha durante la guerra civil. Granada (1983): Invasión para derrocar un gobierno marxista. Panamá (1989): Invasión para capturar a Manuel Noriega. Venezuela (2002, 2019-presente): Apoyo a intentos de golpe y reconocimiento de Juan Guaidó como presidente interino. Haití (2004, 2010s): Intervenciones políticas y militares tras crisis. Bolivia (2019): Acusaciones de apoyo tácito al golpe contra Evo Morales. Información reconstruida con DeepSeek y mapa de El Nuevo Orden Mundial.

La segunda llegada de Trump al poder está plenamente asociada al desarrollo de una nueva etapa imperialista que tiene como base doctrinal un proyecto neonazi, y que se enmarca en lo que es el avance hacia la guerra global, pero planificada con un cierto rigor.

La administración Trump no quiere sostener las guerras heredadas, que considera que no siempre han sido bien evaluadas, ni en sus orígenes ni en su desarrollo. Los objetivos estratégicos del imperialismo bajo la presidencia de Trump son principalmente dos: conquistar Latinoamérica y derrotar a China. Para alcanzar el segundo objetivo, necesitan antes dotarse de amplios recursos mediante el control del continente americano. Es por ello que quieren adaptar el escenario militar que no se adecúa con esos dos objetivos señalados, y además con ciertas prisas. De ahí el apremio por neutralizar la guerra en Ucrania y también en Oriente Medio. Quieren concentrar todos sus esfuerzos en Latinoamérica, empezando por Venezuela.

La paralización del conflicto en Ucrania parece que está teniendo para Trump más dificultades de las que seguramente preveía, porque el Régimen corrupto de Zelensky, en alguna medida semejante al español, se resiste a aceptar sin más tales planes. Obviamente la administración Trump tiene muchos recursos para presionar, pero del lado del Régimen de Zelensky se sitúa la mayoría de la Unión Europea, con Francia y el Estado español -entre otros- con su “Gobierno de Progreso” a la cabeza. Si el asunto no fuera tan trágico, sería para reír. Dentro del capitalismo internacional hay una contradicción de cierta importancia, desde luego no antagónica, entre el sector que ha estado históricamente a la sombra del Partido Demócrata y el señor Soros, gran benefactor del capitalismo globalista, y el sector hegemónico en estos momentos, representado por el Partido Republicano de Trump.

La política de guerra de Hitler, del nazismo alemán, apoyado por buena parte de Europa, es una inspiración muy importante para la administración Trump; seguramente la han estudiado a fondo e intentado aprender de sus aciertos y errores (no estaría de más que aquí también se estudiase). La dirección del III Reich tenía claro que su objetivo principal era la URSS y el espacio eslavo, pero no podían abordarlo directamente sin controlar antes la Europa continental y sus recursos, y así lo hicieron. La URSS aprovechó a fondo ese tiempo para poner en pie a las fuerzas político-militares que finalmente derrotarían a los ejércitos nazifascistas alemanes (y europeos en general, incluyendo a la División Azul española). Actualmente, Latinoamérica juega para este IV Reich similar papel al que jugó la Europa continental para el III.

Empiezan por Venezuela, y no por casualidad: Venezuela tiene una riqueza impresionante en recursos naturales, particularmente en petróleo y gas, además de oro y otros minerales. Recursos que los EEUU necesitan para avanzar en su proyecto de construcción del IV Reich y de globalización de la guerra. Obviamente sus planes no se limitan a Venezuela, y ya han iniciado maniobras de desestabilización en México, mientras en otros países están intentando influir para que los gobiernos resultantes de los procesos electorales en marcha sean favorables a los intereses gringos. Ahí tenemos el ejemplo de Argentina, aunque hay otros, como Honduras.

Caricatura de 1904 acerca de la política del Gran Garrote sobre el Mar Caribe. Las embarcaciones de guerra yanquis navegan amenazantes ante la República Dominicana, Cuba, México, Panamá y Venezuela.

Es curioso observar cómo con todo lo que está sucediendo en el mundo, los medios de comunicación españoles, en su estupidez, siguen teniendo una de sus principales preocupaciones en lo que ocurrió en la comida de El Ventorro. ¡Esto es España, señores! Ahora ha aparecido un “nuevo Ventorro”: si Pedro Sánchez se reunió o no con Arnaldo Otegi -que por cierto, cada día se asemeja más a la politiquería española- para preparar la moción de censura contra Rajoy. Ellos sabrán, porque ciertamente por ambas partes se han admitido cosas de mayor significación que esa. La posición menos burda en toda esta cuestión, que ya es decir, parece la del propio Koldo, que se extraña de que se niegue algo que, según su criterio e información, es sin lugar a dudas cierto. Tanto Koldo como Ábalos están ahora en prisión, con lo cual su capacidad de comunicación con la prensa y la opinión pública es más limitada, pero encontrarán la forma de conseguirlo.

Por desgracia, asistimos en el Estado español, y también en el conjunto de Europa occidental, a una epidemia de estupidez profunda. La vienen sembrando y abonando desde hace años. El asalto al pensamiento racional y científico para sustituirlo por el pensamiento emocional y acientífico fue todo un aviso de por dónde iban las cosas. La introducción forzada del “pensamiento queer” y las prácticas transgeneristas, una de sus más «sofisticadas» aberraciones, fue una señal de ello. Pero esto no es una novedad histórica; cuando el capitalismo proyectó un giro profascista y pronazi, introdujo como primera etapa en ese camino la liquidación del pensamiento racional, sobre todo en Alemania. Esto está bien documentado y estudiado, aunque, como decíamos, el estudio es una de esas cuestiones que se han empeñado en que la gente del común abandone. Para opinar de cualquier cosa no hace falta documentarse, basta con ver La Sexta o cualquier otro medio audiovisual del Régimen para adquirir un “argumentario profundo” sobre cualquier asunto, da igual si es filosófico, médico… o astronómico. Es más, es conveniente que la gente no estudie ni se informe, porque eso aumentaría su capacidad crítica y ello es completamente contrario a los intereses del Régimen en general y del “Gobierno de Progreso” en particular. Pero llevan tiempo tocando hueso, y hay una reacción significativa, cualitativa y cuantitativamente, para recuperar el pensamiento racional como método desde el que desarrollar doctrina en cualquier ámbito de la vida, desde la teoría política hasta los diversos aspectos de la vida científica. Ese es el único camino para el avance serio del movimiento popular.

Izquierda Castellana, 29 de noviembre de 2025

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