La pobreza infantil en España en 2025 sigue siendo uno de los mayores retos sociales del país. A pesar de compromisos nacionales e internacionales para reducirla, las tasas se mantienen estancadas y España es el segundo país con la tasa de pobreza más alta, sin duda un dato alarmante para la Unión Europea.
Actualmente, un 34,8% de los menores de 18 años en España —unos 2,7 millones de niños y adolescentes— viven en riesgo de pobreza o exclusión social, lo que sitúa a España como el segundo país con la tasa de pobreza infantil más alta de la Unión Europea, por muy encima del 24,2% del promedio europeo.
Estos niveles apenas han mejorado en la última década; en 2015 ya se cifraba en el 34,4%, mientras que en 2025 asciende al 34,1% según Save the Children y al 34,8% según UNICEF.
Uno de cada tres niños y adolescentes vive en riesgo de pobreza o exclusión social
Según refleja el INE, el riesgo de pobreza infantil suele ser mayor en regiones como Andalucía, Canarias, Extremadura y Castilla-La Mancha, mientras que comunidades como País Vasco, Navarra y Madrid presentan índices más bajos. Estas diferencias responden a factores como el nivel de renta, el acceso a prestaciones sociales y el grado de urbanización, entre otros.
Factores Estructurales
El problema no solo radica en los bajos ingresos familiares. Factores estructurales como la temporalidad y parcialidad del mercado laboral, los bajos salarios y el paro crónico de adultos marcan profundamente el bienestar de la infancia. El 34% de las familias monoparentales —mayoritariamente mujeres al frente— está en riesgo de exclusión, y uno de cada cuatro hogares con hijos se encuentra en situación de pobreza extrema. Además, la tasa de pobreza supera en diez puntos la de los adultos, lo que amplía la brecha generacional y perpetúa el círculo de pobreza.
La pobreza infantil en España sigue siendo una emergencia social estructural, agravada por la cronificación, la precariedad y la insuficiencia de políticas públicas de protección social, con consecuencias profundas para el presente y el futuro del país.
Desigualdad territorial y de oportunidades
La pobreza infantil varía notablemente según la comunidad autónoma, la estructura familiar y el lugar de nacimiento. Los hijos e hijas de progenitores con estudios superiores también sufren tasas elevadas de pobreza: cerca del 19%, frente al 11% de la media europea. El acceso desigual a prestaciones, la dificultad para percibir ayudas por crianza y el encarecimiento de la vivienda son factores determinantes para muchas familias.
Impacto social y generacional
El impacto de esta pobreza se refleja en peores resultados educativos, menor acceso a servicios básicos de salud y alimentación, y reducidas oportunidades de empleo en la vida adulta, consolidando un ciclo vicioso que se transmite entre generaciones. Más de dos millones de niños en España carecen de seguridad alimentaria y muchos solo acceden a una comida completa en el comedor escolar.
Perspectivas y recomendaciones
Organizaciones como Save the Children y UNICEF advierten que, al ritmo actual, España no cumplirá sus compromisos para reducir la pobreza infantil a la mitad en 2030. Solicitan una respuesta política urgente: reformas en las ayudas y prestaciones, mejor acceso a la vivienda social, la creación de una prestación universal por crianza y el refuerzo de la educación y los servicios sociales. De no tomarse medidas drásticas, la “generación perdida” puede convertirse en una realidad irreversible para miles de niños y adolescentes.