La amnesia selectiva, inducida desde el poder, es una de las herramientas de mayor impacto sociopolítico, ideológico y psicológico. El Régimen franquista lo hizo de una forma descarada en relación con la II República y la resistencia antifascista, y en los últimos años vemos cómo por parte de las autodenominadas fuerzas progresistas, especialmente el PSOE, se impulsa una memoria selectiva que induzca a olvidar los episodios más nefastos de la II Restauración Borbónica, la que estamos sufriendo, intentando causar la impresión de que cada año la historia comienza desde cero en el Estado español y en cada uno de sus Pueblos.
En esta ocasión vamos a abordar una reflexión sobre el impacto ideológico y político de la pandemia de Covid-19, de la que parece que nadie se quiere acordar ya, salvando algunas cuestiones específicas sobre las que ciertos sectores creen poder sacar aún un rendimiento electoral, como es el caso de los fallecimientos en las residencias de Madrid (que en lo fundamental fue similar a lo ocurrido en otras Comunidades, como la catalana).
En epidemiología se considera que una vez finalizada cualquier pandemia se debe hacer una reflexión rigurosa y científica intentando aclarar los interrogantes a los que no se pudo dar solución durante su desarrollo, de tal manera que se realice una evaluación útil para resolver los errores cometidos y prevenir en lo posible nuevos episodios. Alrededor de la pandemia de Gripe de 1918 se hicieron numerosas investigaciones y reflexiones con esa finalidad. No conocemos que se haya hecho nada similar en el mundo occidental sobre la pandemia de Covid-19, una expresión adicional del proceso de involución civilizatoria. En China, el Estado en donde el Covid causó una menor mortalidad, con una diferencia más que significativa respecto al mundo capitalista, sí se ha hecho una reflexión global sobre el asunto. En ese balance concluyeron que además del diagnóstico precoz y la vacunación (con sus propias vacunas), las medidas más eficaces habían sido las llamadas de carácter físico (esto es, las tradicionales en epidemiología: aislamiento de enfermos/as y cuarentena de posibles contagiados/as). En Occidente estaban convencidos -y se frotaban de alguna manera las manos- de que cuando el Gobierno chino levantase esas medidas la epidemia se iba a re-expandir de forma brutal, pero nada de eso sucedió. En China también se demostró la importancia de hacer registros rigurosos y diarios de la evolución de la epidemia, a los que por cierto se podía acceder libremente desde cualquier parte del mundo. Los resultados de morbimortalidad en Occidente fueron absolutamente nefastos porque la política sanitaria para abordar el problema fue mercantilista, con la finalidad principal de hacer negocio a costa de la salud. Esto se puede comprobar con las últimas revelaciones en relación con los chanchullos entre el ministro de Fomento de la época y el entonces presidente de Canarias, actualmente también ministro del Gobierno de Pedro Sánchez. Todo un escándalo.

Ya era claro en ese momento histórico, pero con la perspectiva aun lo es más, que el Sistema iba a utilizar la pandemia de Covid-19 para llevar adelante, o al menos intentarlo, un proceso de reseteo del movimiento popular y en general del conjunto social. Además, aprovecharon la ocasión para impulsar los elementos más impresentables de su línea de acción en Castilla, facilitando la expansión de las macrogranjas, la reapertura de algunas minas de alto riesgo, las industrias productoras de metano, la instalación de macroparques eólicos y fotovoltaicos, etc. Todo ello mano a mano entre el PSOE y el PP, o el PP y el PSOE.
Durante los años previos a la pandemia, especialmente en 2018-2019, hubo un desarrollo significativo del movimiento popular en Castilla, tanto en lo político y social como en lo organizativo.
En lo político, de forma específica, ese desarrollo se dio alrededor del impulso a las consultas republicanas, que iban a tener un punto de inflexión en la que se había planificado en Valladolid para el 21 de marzo del 2020, para cuya organización se constituyó una asamblea en la ciudad, con una gran potencialidad y que avanzaba adecuadamente en su programación. En este proceso de las consultas republicanas, la centralidad estaba en las asambleas constituidas ad hoc, y de una u otra manera estaban presentes en ellas, pero sin ningún tipo de hegemonía, las fuerzas de la izquierda institucional -que finalmente recalaron en el Gobierno de Pedro Sánchez-. El rupturismo tenía una gran capacidad de orientación del movimiento.

En la consulta republicana de Valladolid se calculaba de una forma realista que podrían participar entre 10.000 y 15.000 personas, teniendo en cuenta los resultados de anteriores experiencias en localidades y universidades de Castilla (Laguna de Duero [923 votos], Miranda de Ebro [1.496], Valdezarza [1.544], Segovia [1.816], Alcorcón [2.367], Vicálvaro [3.396], Móstoles [4.195], Vallecas [7.270], Madrid Centro [18.474], y en las Universidades públicas castellanas [46.854 votos]). Como podemos imaginar, una participación de esas dimensiones, con un resultado abrumador a favor de la República, hubiera supuesto un problema para la línea de acción del Régimen y su Gobierno. Contra ello, lo primero que se les ocurrió a los defensores del estatus quo del Régimen fue fantasear con una consulta a nivel estatal que era de imposible materialización desde el punto de vista organizativo; esto era algo que se sabía perfectamente, pero dicha “consulta fantástica” resultaba de fácil venta entre los sectores prorepublicanos enmarcados en la “progresía” que tanto daño le hace a la lucha política en este Estado. En función de esa hipotética consulta estatal, quedaban “anuladas por decreto” las consultas a nivel local, empezando por la de Valladolid, que iba a ser, como ya hemos señalado, un punto de inflexión de una gran importancia cualitativa y cuantitativa.
Para tomar una decisión definitiva sobre si mantener la consulta de Valladolid o subsumirnos en la fantasía, se convocó y celebró una asamblea en la sede del Ateneo Republicano de Valladolid, que por cierto en esta ocasión se incorporó plenamente a la línea liquidacionista. En contra de las previsiones de los impulsores de esa línea, en la asamblea resultó mayoritaria la posición de seguir adelante con el plan de trabajo para organizar una consulta propia en Valladolid el 21 de marzo de 2020. A partir de entonces se siguió adelante con el proceso, dificultado por “la mochila” que había supuesto ese debate cargado de una gran beligerancia. En esto llegó la pandemia y a algunos/as “se les abrieron los cielos”, pero desde luego no para organizar su asalto.

La Subdelegación del Gobierno ya había autorizado la consulta en Valladolid, e intentó por todos los medios que ésta se suspendiera alegando los problemas de salud pública que pudiera acarrear (hay que reconocer las formas respetuosas de Emilio Álvarez, el entonces titular al frente de la Subdelegación). Finalmente, los organizadores decidimos suspenderla en atención a las complejas situaciones que se habían creado, objetiva y subjetivamente. El 14 de marzo de 2020, justo una semana antes de la fecha prevista para la consulta de Valladolid, se decretó el Estado de Alarma y dio comienzo el confinamiento.
La consulta a nivel estatal, tal como era previsible, fue un auténtico fiasco. Se realizó el 14 de mayo de 2022 y recabaron 83.469 votos en todo el Estado. Baste un ejemplo del impacto de esa iniciativa: en las nueve provincias de Castilla y León tan solo se obtuvieron 2.546 votos… ninguno de los cuales se contabilizó en Valladolid, donde los antiguos partidarios de aquella consulta estatal ni siquiera llegaron a instalar una mesa. El movimiento por la República avivado por las consultas quedó debilitado, tal como era la pretensión de los promotores de esa maniobra.
Las fuerzas rupturistas supimos abrir caminos alternativos que permitieron al movimiento popular resistir política, ideológica y organizativamente. El impulso a los “paseos democráticos” durante la pandemia de Covid-19 fue una iniciativa creativa que permitió salvar, especialmente en Madrid, los intentos de liquidación del movimiento popular por parte de la Delegación del Gobierno en esa Comunidad, que al mismo tiempo que prohibía todas las manifestaciones y actos impulsados desde el movimiento democrático y rupturista, autorizaba los convocados por los movimientos fascistas, algo que fue denunciado en su momento y que se ha vuelto a repetir muy recientemente en Vicálvaro. Es muy importante recuperar el dato de cómo la Delegación del Gobierno en Madrid llevaba y sigue llevando esa doble política en relación con el movimiento rupturista y el movimiento fascista. Tal cuestión ya tenía sus precedentes en los tiempos en que fue ministro del Interior Alfredo Pérez Rubalcaba y presidente del Gobierno Zapatero, siendo su máxima expresión la prohibición de la movilización de denuncia del asesinato de Carlos Palomino por un nazi hace ahora 18 años.
La constitución de la “Asamblea de Barrios y Pueblos de Madrid” durante la pandemia fue la alternativa en el plano organizativo, desde la que se convocaron varias manifestaciones que en aquel momento fueron imprescindibles para dar continuidad y contribuir a la reconstrucción del movimiento popular: una por la República Popular, el 25 de julio de 2020, con gran éxito por su asistencia e impacto en el estado de ánimo del activismo en general, y pocos meses después, otra convocada bajo el lema “Nos están matando”, también exitosa en lo cualitativo y cuantitativo.
También en lo organizativo consiguieron debilitar de una forma significativa las reuniones presenciales para sustituirlas por las virtuales, que obviamente disminuyen de forma sustancial la capacidad de reflexión y las reducen a un puro intercambio de información. Lo favorecieron en base a la potenciación de los hábitos de la “comodidad”, que desgraciadamente calaron en buena parte de los/as activistas y que han seguido impregnando a los movimientos sociales una vez finalizada la pandemia. El impulso al hedonismo y el narcisismo tuvieron un gran papel en el plano ideológico. La filosofía queer, así como el feminismo disociado de cualquier carácter político o de clase, también jugaron una función muy importante. Respecto al caso del feminismo desclasado, que aún sigue teniendo una presencia relevante, hay cada vez más voces críticas dentro del propio movimiento feminista frente a esa desviación ideológica en la lucha por los derechos de las mujeres.
Intentaron poner la “guinda al pastel” con el procedimiento para ilegalizar a Izquierda Castellana en 2021, pero no les salió bien. El PSOE desde luego prefiere el crecimiento del fascismo, a pesar de su postureo, al de los movimientos populares republicanos y rupturistas a su izquierda. Pero esto no es novedoso, así ha ocurrido históricamente: en la alemana República de Weimar el asesinato de Rosa Luxemburgo y muchos otros dirigentes revolucionarios bajo gobiernos socialdemócratas es un episodio emblemático de ello, resultando de gran utilidad para el avance del nazismo.
En las próximas semanas y meses iremos publicando algunos editoriales para recuperar la memoria histórica, en algunas ocasiones dedicados a temas más limitados, y en otros a asuntos más globales.
Izquierda Castellana, 13 de noviembre de 2025