Cruz Roja y Cáritas constatan además un incremento de sinhogarismo en el último año en la capital y advierten de un cambio en el perfil: «Cada vez hay más jóvenes y mujeres»
Coinciden las entidades que trabajan con los más desfavorecidos a pie de calle, las que tratan con ellos de tú a tú y que conocen la historia de cada persona que se encuentra en situación de extrema vulnerabilidad, en que el problema social del sinhogarismo está creciendo en Valladolid. Aumenta el número de personas que no encuentra más alternativa que la de pasar el día de un lado a otro, sin un lugar al que ir haciendo tiempo para que, al caer la noche puedan dormir en el mejor de los casos en un cajero, en una casa abandonada o bajo cualquiera de los puentes que conectan el río Pisuerga a su paso por Valladolid. «Si la gente pasara por la noche por esas zonas –desde el Museo de la Ciencia hasta el barrio de La Victoria– se haría una idea de lo que sucede y alucinaría», dice Alberto Díez, educador del Programa de Personas Sin Hogar de Cáritas Diocesana de Valladolid.
Personas sin techo ni cobijo que están expuestas de forma continua al frío y al calor, a la necesidad constante y, sobre todo, a los peligros propios de dormir al raso. Dentro de estas personas que se encuentran en clara situación de vulnerabilidad hay un grupo, que tiene al menos el recurso de poder contar con un plan B. «Una alternativa precaria que permite a un pequeño porcentaje de personas evitar el peligro y el miedo que les supone dormir en la calle», comenta.
Es complejo calcular cuánta gente vive como puede en estos diminutos espacios. Lo primero, porque es ilegal (puede acarrear multas de entre 3.000 y 30.000 euros, según la gravedad y la reincidencia) y peligroso (ya que no cumplen con las normativas de habitabilidad, seguridad ni higiene) y, porque, obviamente, ocultan al arrendador las intenciones de pernoctar y descansar en el interior de estos espacios.
Se trata de personas que apenas cuentan con recursos ni ingresos económicos y alquilan trasteros mes a mes como única opción que pueden permitirse y como alternativa para no dormir bajo un puente. Así al menos encuentran la protección que les puede dar un angosto espacio que cuenta solo con un techo y cuatro paredes. «Adquieren una rutina de horarios para pasar desapercibidos. Muchas veces tienen que esperar a que caiga la noche, a un momento de poco tránsito para entrar y pernoctar porque temen ser descubiertos y perder la única alternativa de alojamiento que se pueden permitir», admite Díez. En estas pequeñas construcciones almacenan lo poco que tienen (suelen ser espacios desde los tres a los diez metros cuadrados y con unos precios medios que oscilan entre los 50 y los 120 euros). «No cuentan con unas condiciones mínimas de salubridad. No tienen luz y en la mayoría de los casos tampoco tienen agua. Conocemos casos de personas que viven incluso en pequeños trastero dentro de garajes, sin ventilación y con el peligro que eso supone para la salud».
En lo que va de año Cáritas ha atendido a casi 80 personas que viven en la calle. «Es una cifra alta porque hablamos de Valladolid que no es una ciudad muy grande. El año pasado rondábamos las 60 personas atendidas», comenta el educador del Programa de Personas Sin Hogar de Cáritas Diocesana de Valladolid. Además del apoyo y seguimiento que se presta a estas personas han contabilizado hasta la fecha un total de 454 atenciones en su centro ubicado en el Seminario, donde les prestan un servicio asistencial que cubre las necesidades más básicas (comida, ropa o posibilidad de ase) y les ofrecen además el asesoramiento necesario para la tramitación de ayudas, gestiones o la participación en cursos de empleo y formación, entre otros.
Al igual que Cáritas, desde Cruz Roja hacen ese acompañamiento a las personas y también han detectado un incremento progresivo de la cantidad de personas que no tienen un techo bajo el que vivir. «Desde la pandemia hasta la fecha hemos notado la diferencia más significativa. Hemos pasado de atender a unas 35 personas al año a casi 80. Nos coordinamos con otras asociaciones y Ayuntamiento para que todos los días estén atendidas», admite Magdalena Palomo, responsable del programa de Atención Integral de personas sin hogar Cruz Roja Valladolid.
«Hay más presencia de mujeres españolas, gente marroquí muy joven y mucha gente latina, algo que no sucedía desde 2008»
Alberto Díez
Educador del Programa de Personas Sin Hogar de Cáritas Diocesana de Valladolid
Advierten de un cambio de perfil en las personas que no cuentan con una opción habitable. La foto fija de quien vive en la calle ha sido tradicionalmente la de un hombre de unos 45 años con un bajo perfil de formación, pero eso está variando. «Ahora vemos una mayor presencia de mujeres que hacen uso de albergues y centros de día y un perfil mucho más joven que tiene que ver con el tema de menores extutelados, sean migrantes o no», aclara Palomo. «La gente se imagina que la mayoría son extranjeros, pero el dato real es que hay mitad y mitad. A veces nuestros prejuicios condicionan la realidad».
Esa foto cambiante del perfil de las personas en situación de calle es compartida también por Cáritas. «Hay más presencia de mujeres españolas y un colectivo significativo de gente marroquí muy joven. También mucha gente latina, algo que no sucedía desde 2008». Este cambio no es ajeno al Ayuntamiento, que también dispone de herramientas para tratar de mejorar su situación. Han detectado un aumento de personas migrantes que vienen a Valladolid de paso. «Duermen en la calle por unos días y después se marchan. Algunos son atendidos de forma temporal y hay casos en los que solicitan plaza en el albergue municipal, que tiene unas 60 plazas ocupadas actualmente», afirma el concejal de Servicios Sociales del Ayuntamiento de Valladolid, Rodrigo Nieto. El personal municipal ha notado un aumento en la solicitud de ayudas, prestaciones y recursos por parte de personas extranjeras desde hace varios años.
Casi uno de cada cinco españoles que vive de alquiler está en situación de exclusión social
El aumento de la cantidad de personas que se han quedado en la calle en estos últimos años no tiene un factor común y no responde a un hecho aislado. Entre las causas que arrastran a estas personas a una situación tan complicada y de desamparo se encuentra una mezcla de factores. «Una pérdida progresiva de poder adquisitivo, la precariedad salarial, un débil sistema de dependencia, el incremento de casos de soledad no deseada a cualquier edad, mecanismos sociales de protección cada vez más debilitados o problemas de salud mental y un acceso cada vez más complicado a la vivienda y al empleo», apuntan desde Cruz Roja. Coinciden las entidades del Tercer Sector en que «la solución a esta problemática social es complicada y el horizonte no es nada esperanzador». Realidad que se avala con datos como los que acaba de publicar Cáritas en su IX Informe de Exclusión y Desarrollo Social en España, en el que explican que «en 2024 casi uno de cada cinco españoles que vive de alquiler está en situación de exclusión social y la exclusión severa se sitúa un 52% por encima de 2007, 4,3 millones de personas.
Las riberas del Pisuerga albergan a la mayoría de los 80 indigentes que duermen al raso en Valladolid
‘Cuida la tierra que te da de comer’. Así reza una simbólica pintada, que destaca entre los numerosos grafitis que cubren cada centímetro de las paredes del cobertizo del parque Ribera de Castilla en el que ayer se desperezaban a primera hora de la mañana dos indigentes que durmieron al raso, tapados literalmente hasta la cabeza con un saco de dormir y mantas, después de pasar al raso la madrugada más fría vivida en la capital desde abril (el mercurio bajó hasta los 1,5 grados).
Y por allí, ante ellos y sus escasas pertenencias, paseaban los vecinos y deportistas que habitualmente utilizan este pulmón verde de La Rondilla para caminar y hacer deporte sin que ni unos ni otros se inmutaran siquiera. La presencia de personas sin hogar es una constante en las riberas del Pisuerga, donde pernoctan a diario la mayoría de las cerca de ochenta personas que las entidades sin ánimo de lucro estiman que duermen en las vías públicas de la capital.
Paseantes y deportistas pasan a diario ante personas durmiendo en el parque Ribera de Castilla entre la indiferencia de ambos
Y no solo en La Rondilla, como es el caso de los dos indigentes que ayer dormían en la caseta situada junto al instituto Ribera de Castilla o de un tercero que, ya levantado, acarreaba pasadas las nuevas de la mañana su colchón y una enorme bolsa de basura negra con sus enseres que ocultó, hasta la noche siguiente, entre los arbustos de la plaza Alberto Fernández del mismo barrio. Los vanos bajo los puentes del río, desde el de Juan de Austria hasta el de la Condesa Eylo, pasando por el deI Isabel la Católica o el de Poniente, y los jardines de sus márgenes sirven también para dar cobijo a las numerosas personas sin hogar que, en muchos casos, rechazan pernoctar en el albergue municipal de La Victoria (en el paseo de Extremadura).
Tanto es así que es habitual la presencia de indigentes durmiendo sobre la hierba frente a las citadas instalaciones. En ellas pernoctan a diario 60 personas. Y otras muchas lo hacen antes sus mismas puertas, en el parque que da al río, o en portales del entorno.
Los vecinos del barrio han alertado precisamente de esta situación y reclamado al Ayuntamiento que adopte medidas, por un lado, para proteger y ofrecer recursos a estas personas y, por otro, limpiar las castigadas riberas de las basuras acumuladas no solo por sus desperdicios sino también por botellones y conductas incívicas de otros ciudadanos.