Seguramente Pedro Sánchez busca un intercambio de experiencias para ver cómo alargar su presidencia por encima de cualquier criterio ético o incluso legal. Es una aberración que acompañe a un neonazi a visitar el Gernika, pintado por Picasso como homenaje a la resistencia antifascista en 1937. Con este señor, la instrumentalización de los símbolos no tiene límites.