«Mi general, yo ya no sé quién es el enemigo». La madrugada del 19 de diciembre de 1975, el capitán Jaime Perote, al mando de la última unidad militar española en El Aaiún, capital del todavía Sáhara Español, se había presentado en la residencia del gobernador, el general Gómez de Salazar, para informarle del incidente en el que acababa de intervenir.
Varias semanas atrás, el 6 de noviembre, Marruecos había iniciado la Marcha Verde, la penetración en suelo saharaui de cientos de miles de civiles con la que Hasán II forzó al régimen de Franco a entregarle esa provincia enclavada entre la costa noroeste de África y la desolación del mayor desierto del planeta.
Esto explica la presencia en El Aaiún de militares marroquíes a la espera de que los españoles les traspasaran la soberanía sobre el territorio. Pero los soldados de la monarquía alauita tenían un objetivo más: eliminar a todo militante del Frente Polisario, el movimiento de liberación nacional saharaui que aspiraba a la independencia de la antigua colonia española.
Aquella noche de diciembre de 1975, un estruendo sorprendió al capitán Perote y sus legionarios. Un destacamento marroquí estaba siendo atacado con fuego de mortero por guerrilleros del Polisario. Los españoles se dirigieron al lugar y se toparon con dos Land Rover que huían con las luces apagadas, a los que cortaron el paso.