Frenar y vencer al nazisionismo

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El pasado lunes 13 de octubre se desarrolló en la localidad egipcia de Sharm el Sheij el acto formal de firma del “acuerdo de paz”, en el que participaron como firmantes los principales impulsores de ese Tratado (EEUU, Turquía, Qatar y Egipto). Además de los mencionados, por diferentes motivos, hubo una amplia representación de países del mundo árabe y occidental (Kuwait, Jordania, Irak, Baréin; Reino Unido, Canadá, Alemania, Francia, Italia, España, Grecia, Hungría…). Donald Trump tiene un especial interés en retomar el proyecto que impulsó durante su primera Presidencia, los “Acuerdos de Abraham”, consistentes en que el mundo árabe supedite sus intereses a los del mundo occidental.

El Gobierno de Israel, encabezado por Netanyahu, declinó a última hora su presencia; aunque las razones no están muy claras, las contradicciones en el propio Gobierno parece que no aconsejaban la presencia de éste formalmente en la firma del Acuerdo, y también que algunos de los participantes cuya presencia tenía un mayor interés para Trump, como Turquía o Qatar, amenazaron con que se ausentarían si Netanyahu participase en el acto. En nuestra opinión esta actitud no va más allá del postureo. El caso de Irán, que también estaba invitado y declinó su presencia, tiene un trasfondo bastante más sincero: Irán, aunque ha expresado su satisfacción porque se haya puesto en marcha una tregua, no comparte los métodos ni el fondo de ese proceso, lo cual es comprensible. En nuestra valoración sobre el alto el fuego o tregua en Gaza ya expresábamos que éste no va a ser definitivo ni tampoco el marco para avanzar en la resolución de los problemas políticos de fondo (ojalá nos equivoquemos), pero el hecho de que las matanzas sobre el pueblo palestino se detengan, aunque sea temporalmente, es en sí mismo una buena noticia.

Tal como hemos reiterado, Trump es la máxima expresión del proyecto nazi-sionista por el que el Imperio ha optado en estos momentos. Cuando decimos “Imperio” nos referimos al Sistema capitalista global, aunque sea con algunos matices, que tienden con el paso del tiempo a desaparecer, como suele ocurrir con los proyectos estratégicos del capitalismo. El nazi-fascismo no es sino la expresión más beligerante y criminal del capitalismo, y no una alternativa a éste como a veces parece que nos quieren vender. El nazi-fascismo es responsabilidad total y absoluta del capitalismo. Tal cuestión debe quedar clara, sin ningún tipo de confusión o duda.

El proyecto nazi-sionista de Trump va ganando posiciones con cierta rapidez y rotundidad en el mundo, especialmente en el del capitalismo. Muy diferente es su confrontación con China, en donde esos avances no se sustancian por ningún lado; por el contrario, China da respuestas equilibradas y sensatas, pero firmes, en cada una de las agresiones que sufre por parte de EEUU (y no sólo, sino también por países de la UE). En cuanto a Rusia, los teóricos encantos de Trump han tenido la exclusiva utilidad de cambiar el ambiente en las relaciones político-mediáticas, pero para nada han condicionado la línea de acción de Rusia con respecto al avance de la OTAN a través de Ucrania y otros países de la Europa Oriental.

Hay que constatar que Trump, a diferencia de lo que ocurría con Biden y en general con los Gobiernos vinculados de una u otra forma al Partido Demócrata Americano, tiene un plan y lo está implementando con un cierto éxito, por lo menos táctico. Ya veremos qué ocurre desde el punto de vista estratégico. Ese plan, que lleva a la construcción de un IV Reich bajo la hegemonía yanqui y en el que Trump -o quien lo sustituya- sería el nuevo Führer, ha dado algunos pasos adelante que solamente bajo la ingenuidad o la estupidez se pueden ignorar, y la reunión de Egipto ha reflejado en alguna medida esos avances: en lo esencial ha sido un acto de pleitesía por parte del mundo occidental a Trump, y un acto de apoyo a su línea política por parte de los países árabes y de la Autoridad Palestina, representada por su presidente Mahmud Abás.

Trump y Pedro Sánchez se saludan en Egipto

Pedro Sánchez estaba en ese acto de vasallaje y participó en el “besamanos” organizado por el Gobierno de Trump. Curiosamente, o no, los medios de comunicación españoles contaron lo que duró ese acto para “besarle el culo” a Trump (11 segundos de gloria, aunque obviamente también de amargura para el Presidente del “Gobierno de Progreso” español).

La tregua en Gaza ha dejado completamente descolocados a los movimientos político-sociales en Castilla, el Estado español y en alguna medida en Europa, especialmente aquellos que están orientados por las llamadas “fuerzas progresistas”. Al postureo es difícil darle una continuidad estratégica, y dura lo que duran las circunstancias que permiten tal política como esencia de la línea de acción. En el Estado español hubo una victoria política muy importante sobre el nazi-sionismo: que la Vuelta Ciclista no pudiera finalizar. Todos los pueblos del Estado por los que transcurrió el evento aportaron para que este desenlace fuera posible, pero hay que recordar que en Madrid la movilización popular antisionista y antiimperialista fue espectacular y definitiva. La militancia comunera se implicó en ello, tal como recogen algunos medios, cosa extraordinaria en el caso de Valladolid.

Por último, es curioso cómo el asunto de Venezuela, cada día más caliente, prácticamente ha dejado de tener presencia en los medios de comunicación españoles. ¡Las cosas que veremos en los próximos tiempos!

Izquierda Castellana, 14 de octubre de 2025.

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