Poner todos nuestros esfuerzos para que la propuesta de paz vaya adelante

Comparte este artículo:

El pasado viernes 3 de octubre publicamos un editorial titulado “Estamos decidiendo el futuro de la humanidad para las próximas generaciones”, en el que abordábamos los diferentes escenarios en el mundo bajo conflicto militar, y muy especialmente la situación en Palestina. Aunque no se conocía aún la posición oficial de Hamás sobre la “propuesta de paz” de Trump, en el editorial sosteníamos la convicción de que, aun con todas las reservas, la organización de la Resistencia palestina apoyaría esa iniciativa.

El sábado, una vez conocida la posición oficial de Hamás, publicamos una declaración en la que defendíamos que el movimiento internacional de solidaridad con el pueblo palestino debería asumir como objetivo prioritario el apoyo a la negociación que se ha abierto, para que ésta vaya por el buen camino, cosa que por cierto no parece fácil. Ello no significa que hayamos cambiado nuestra valoración sobre Trump ni sobre la naturaleza política del proyecto global que impulsa (la conformación de un IV Reich y la búsqueda de una salida a la crisis del capitalismo imperialista y de la pérdida de la hegemonía yanqui mediante la guerra), pero eso no debe impedirnos hacer un análisis concreto y racional sobre la actual situación y sobre las alternativas reales.

No creemos que el proceso de paz impulsado por Trump vaya a dar una solución definitiva o justa al conflicto en Palestina, pero sí creemos que puede permitir alcanzar una tregua que detenga la matanza actual -al menos durante un tiempo- y dé un cierto respiro en lo que respecta a las condiciones de vida de la población gazatí. Eso sería ya algo muy importante en sí mismo para quienes lo están sufriendo en todo su dramatismo.

Manifestación en Madrid el pasado 4 de octubre

Las fuerzas vinculadas al Gobierno español -políticas, sindicales y sociales- están acomodadas en la actual situación, y creemos que esa perspectiva es hoy también mayoritaria en el movimiento de solidaridad con Palestina en general en el Estado: se colocan bajo una perspectiva humanitaria, al menos en apariencia, con el lema formal de “No al genocidio”, al que se ha añadido con casi similar significación el apoyo a la Flotilla. Es obvio que esto es insuficiente, e incluso parcialmente erróneo, aunque ello no sea de forma intencionada. El conflicto en Gaza tiene un componente genocida, pero también un componente político de primerísima importancia al que hay que atender para conseguir una solución justa. Los Gobiernos occidentales se liberan de asumir responsabilidades concretas en la solidaridad real, como por ejemplo poner plazas hospitalarias a disposición de la atención a palestinos/as que no pueden ser tratados en su territorio, menos aún en las actuales circunstancias (cuestión que lleva reivindicando la Plataforma en Defensa del Sistema Sanitario Público de Valladolid desde hace al menos un año); y como esto, un montón de posibilidades de colaboración asistencial, que en estas circunstancias son imprescindibles.

Hace unas semanas se debatió en la ONU el plan impulsado por Francia y Arabia Saudí, que contó con el apoyo de 142 países que reivindican un Estado palestino que coexista con el Estado de Israel. Como condición previa para avanzar, planteaban la desaparición de Hamás como agente significativo, también en el frente político y social de Gaza y el conjunto de Palestina. El Gobierno español apoyó y apoya esa línea de trabajo. El plan de Trump, que parece más realista, incorpora de facto a Hamás como un factor clave para que éste pueda implementarse. Y de hecho, la posición favorable de Hamás en sus términos generales -aunque con matices de mucha importancia, a los que habrá que estar atentos/as-, ha tenido un efecto inmediato, generando expectativas de avance al menos hacia una tregua. El lunes 6 de octubre se ha realizado en Egipto una reunión presencial, por primera vez al menos oficialmente, entre una delegación de los EEUU (encabezada por Steve Witkoff y Jared Kushner), del Estado de Israel (representado por su Ministro de Asuntos Estratégicos, Ron Dermer) y Hamás (con Khalil al-Hayya al frente, a quien Israel trató de matar recientemente en Qatar). Como dato curioso, pero de cierto interés, las delegaciones de Israel y Hamás han compartido el mismo hotel.

Khalil al-Hayya durante una rueda de prensa

Una vez más queda patente que la capacidad analítica y resolutiva de Europa, al margen de las intenciones, está bajo mínimos. Como decíamos, nuestra valoración sobre Trump y su proyecto no han variado un ápice, pero eso no puede condicionar el análisis concreto de cada cuestión concreta, una elemental necesidad para el movimiento revolucionario. Estamos ante una cierta oportunidad de aligerar, al menos durante un tiempo, el sufrimiento del pueblo palestino. Habrá gentes de la progresía en el Estado español y en otros países europeos que consideren esto un “trágala”. Nosotros/as haremos lo que esté en nuestras manos para llevar esta reflexión al movimiento de solidaridad con Palestina; su calidad política aumentaría significativamente con ello.

La dirección de la Unión Soviética tenía muy claro lo que eran Hitler y su proyecto nazi, pero eso no impidió que impulsaran el llamado “Pacto germano-soviético” de 1939, que permitió que la entrada en la guerra de la URSS se retrasara unos años, tiempo fundamental para preparar al pueblo y al ejército soviético de cara a esa confrontación y que ésta finalmente resultara victoriosa para el movimiento antifascista.

Sería de importancia recordar también las impresionantes movilizaciones sociales contra la guerra sobre Irak, y todo lo que ello supuso. A pesar de toda la potencia social de ese movimiento de solidaridad, quien obtuvo un mayor rédito de éste fue el PSOE a través de las elecciones de 2004, pero el desmantelamiento de los países árabes más progresistas y antiimperialistas (Irak, y después Libia y Siria) fue llevado a cabo sin las menores contemplaciones, no solo con el asesinato de cientos de miles de personas, sino con la destrucción de la infraestructura económica, cultural, social, etc. de esos Estados, que aún no se ha recuperado. Y por supuesto, con un retroceso brutal de los derechos de las mujeres, como había ocurrido en su momento con Afganistán. Hay que aprender de la historia, no como una oportunidad, sino como una obligación. Si no vinculamos el masivo e impresionante movimiento de solidaridad con el pueblo palestino y contra el genocidio al avance de la posibilidad que se ha abierto en estos momentos de implementar un cierto proceso de paz, o de tregua temporal, por cuestionable que sea, estaremos de nuevo cayendo en hacerle el juego a los gobiernos occidentales en vez de reforzando realmente al movimiento de liberación palestino.

Izquierda Castellana, 7 de octubre de 2025

Unas notas biográficas sobre Khalil al-Hayya, representante de Hamás en las negociaciones, extraídas de Wikipedia:

“Khalil al-Hayya (Gaza, 5 de noviembre de 1960) es un político palestino que se desempeña como uno de los líderes interinos del buró político de Hamás. (…) Al-Hayya obtuvo su licenciatura en Artes de la Universidad Islámica de Gaza, su Maestría en Artes en Hadiz de la Universidad de Jordania y su Doctorado en Filosofía (PhD) de la Universidad del Sagrado Corán y Ciencias Islámicas. Se unió a Hamás tras finalizar su licenciatura, durante la Primera Intifada (…) Se le consideraba un estrecho colaborador del entonces líder de Hamás, Yahya Sinwar, y se le ha descrito como una de las pocas personas en las que Sinwar «sentía que podía confiar» (…) En 2009, se pronunció sobre medidas coercitivas como la obligación de que las abogadas usen hiyab y la prohibición de contacto físico en público, declarando: «Ni el gobierno ni Hamás han tomado ninguna decisión respecto a esas órdenes. Somos un movimiento de resistencia islámico que jamás obligará a nadie contra su voluntad». (…) En abril de 2024, declaró que Hamás aceptaría un alto el fuego con Israel, se dispondría las armas y se transformaría en un partido político, siempre y cuando se estableciera un Estado palestino independiente dentro de las fronteras previas a 1967. También aclaró que el Estado palestino propuesto requeriría el «retorno de los refugiados palestinos». (…) Al-Hayya también ha liderado las conversaciones de reconciliación con Fatah, el principal rival de Hamás. En enero de 2022, visitó Argelia junto con Husam Badran para participar en las negociaciones de reconciliación intrapalestina entre Hamás y Fatah, a invitación del presidente argelino Abdelmadjid Tebboune. (…) Se ha informado que entre siete u ocho familiares de al-Hayya, incluidos dos de sus hermanos, murieron en ataques israelíes contra su casa en 2007, en un intento fallido de asesinato en su contra. Posteriormente uno de sus hijos murió en un ataque aéreo israelí en 2008 mientras dirigía una brigada de cohetes. En 2014, otro hijo suyo, una nuera y un nieto fallecieron en un ataque aéreo contra su casa durante la Guerra de Gaza de ese año.”

Comparte este artículo: