La máquina capitalista de la ocupación: Cómo el lucro corporativo sostiene el apartheid israelí

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Un análisis basado en la entrevista de Al Mayadeen con Francesca Albanese, Relatora Especial de la ONU para Palestina

La ocupación israelí de Palestina no es sólo un proyecto político y militar, sino un negocio multimillonario. Así lo expuso Francesca Albanese en una contundente entrevista con Al Mayadeen, donde desmenuzó cómo el capitalismo global —con sus corporaciones ávidas de ganancias— alimenta la maquinaria de represión, despojo y apartheid contra el pueblo palestino.

La industria armamentística: Guerra como commodity

Empresas como Lockheed Martin (EE.UU.), BAE Systems (Reino Unido), Leonardo S.p.A (Italia) y otras gigantes de la defensa no sólo venden armas a Israel, sino que utilizan los territorios ocupados como laboratorio de pruebas. Drones, bombas de precisión y sistemas de inteligencia son comercializados luego como «probados en combate real» para incrementar las ganancias; una inmensa cantidad de dinero sangriento generado en esta era de necrocapitalismo en que estamos inmersos, facilitado por grandes empresas de la logística como Maersk que se ocupan de que la maquinaria de la muerte nunca pare en tierras palestinas.

El dato crudo: Según el Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI), Israel es el 10° mayor exportador de armas del mundo, con ventas que superan los $12.300 millones anuales. Gaza y Cisjordania son el escenario perfecto para perfeccionar la tecnología que luego se vende a regímenes represivos. Las israelíes Elbit Systems e Israel Aerospace Industries incrementan sus cuentas anuales alzándolas sobre miles de cadáveres.

Asentamientos ilegales: El negocio inmobiliario del colonialismo

Bank Leumi, HSBC, Barclays, BNP y otros bancos internacionales han financiado proyectos en asentamientos ilegales, pese a que la ONU los considera crimen de guerra. Empresas como Caterpillar proveen maquinaria para demoliciones de viviendas palestinas, mientras constructoras como Shikun & Binui erigen urbanizaciones exclusivas para colonos en tierras robadas.

Estas colonias son alimentadas por multinacionales como Carrefour (Francia) y potenciadas como destinos turísticos por los grandes del sector, Booking y Airbnb. Todos los grandes del entramado económico empresarial occidental acuden como buitres al festín de la muerte.

La lista parece interminable e incluye a todos los sectores; agua, petróleo, agricultura, ferrocarril…

La ironía brutal: Mientras la UE condena «formalmente» los asentamientos, fondos de inversión europeos y estadounidenses inyectan capital en ellos. Es capitalismo puro: el colonialismo del siglo XXI se monetiza con hipotecas y prospectos de negocio.

Vigilancia y represión: El Big Tech al servicio del apartheid

Compañías como NSO Group (creadora del spyware Pegasus), AnyVision (reconocimiento facial) y Google y Amazon (con contratos millonarios en computación en la nube para el ejército israelí) han convertido a Palestina en el Gran Hermano más sofisticado del mundo.

El caso más escandaloso: El sistema «Blue Wolf» (Lobo Azul), un programa de identificación biométrica usado en Cisjordania para rastrear palestinos, fue desarrollado con apoyo de startups de Silicon Valley.

Financiación internacional: El dinero no huele a sangre

BlackRock, JPMorgan Chase, Vanguard, Pimco (Allianz) y otros fondos de inversión poseen acciones en empresas que operan en asentamientos y comparten los bonos que financian el genocidio. Bancos europeos, pese a sus declaraciones de «derechos humanos», otorgan créditos a empresas israelíes vinculadas a crímenes de guerra y aseguradoras como AXA no dejan pasar su parte en este terrible negocio.

El doble rasero: Mientras Europa impone sanciones a Rusia por la guerra en Ucrania, el comercio con empresas israelíes implicadas en la ocupación sigue intacto.

Conclusión: El capitalismo como cómplice estructural

Albanese no duda en señalar el núcleo del problema.

La ocupación es rentable. Mientras haya ganancias, la comunidad internacional mirará para otro lado

La impunidad corporativa es total, gracias a un sistema que prioriza el libre mercado sobre el derecho internacional.

¿Hasta cuándo seguirán los gobiernos y los ciudadanos permitiendo que su dinero —a través de pensiones, impuestos o consumo— financie este negocio sangriento?

 

(Fuentes: Entrevista en Al Mayadeen, datos de SIPRI, UNCTAD, y reportes de Human Rights Watch y B’Tselem)
Ilustración: producción propia.

 

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