Algunas reflexiones sobre la actualidad política, útiles para la acción

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En este editorial vamos a analizar breve, pero lo más rigurosamente posible, la situación en el Estado español y a nivel internacional.

En el Estado español el panorama político, especialmente el institucional, se ha tensionado extraordinariamente. El Gobierno de coalición, “el más progresista de la historia”, según nos contaban, está en la UCI y difícilmente podrá salir vivo de ella. Se encuentra en un estadio terminal que puede durar más o menos tiempo, como ocurre con muchos pacientes terminales, pero tiene además el riesgo de que varios de sus aliados desconecten algunas de “las máquinas que alargan su vida artificialmente”, porque no dependen de sí mismos. Es decir, un poco antes o un poco después habrá caída del Gobierno, elecciones generales y conformación, salvo sorpresas poco previsibles, de un gobierno con las derechas del Régimen (el de ahora, hay que recordarlo, es el de las izquierdas del Régimen).

El motivo formal de la caída son todos los escándalos de corrupción que se han hecho públicos en los últimos meses, aunque obviamente se tenían que conocer desde hace mucho tiempo. Sin embargo, los verdaderos motivos de la caída son dos, motivos que están además muy entrelazados: primero, que el Gobierno de Pedro Sánchez ha cumplido los objetivos principales que tenía encomendados por el capitalismo global para el Estado español: debilitar -y a ser posible, liquidar- a los movimientos populares, especialmente a los movimientos nacional-populares, y de paso intentar acabar con todos los movimientos sociales con cierta referencialidad. Y segundo, las transformaciones en el poder capitalista global, hoy hegemonizado por EEUU e Israel, pero en el que participa cada vez de una forma más entusiasta la UE y muy especialmente Alemania y los Países bálticos, que de manera creciente están contribuyendo a la puesta en pie de un proyecto nazi-sionista global, camino del IV Reich. Esta es la auténtica realidad, encabezada por Trump y Netanyahu, y a la que se ha adherido el nuevo Canciller alemán. En esa perspectiva, el Gobierno de Sánchez no tiene consistencia ni credibilidad internacional para jugar un papel protagónico, teniendo en cuenta que el Estado español sigue siendo, desde el punto de vista geoestratégico, de primera importancia.

Desde las voces que apoyan sin fisuras al actual Gobierno se proclama que hay que seguir, que aún quedan muchas cosas por hacer. Por hacer, desde un punto de vista auténticamente progresista, queda todo; simplemente cabe recordar una vez más que la Ley Mordaza aún sigue vigente después de ocho años de Gobierno de Pedro Sánchez, quien prometió que lo primero que haría al llegar a la Presidencia sería derogarla. La continuidad del actual Gobierno lo único que va a traer consigo es el reforzamiento de la extrema derecha, institucional y mediáticamente.

Hay que tener en cuenta lo que decíamos antes: el fascismo del siglo XXI, heredero del fascismo del siglo XX, tiene actualmente unas claras referencias internacionales y un proyecto global, impulsado a través de la guerra y el genocidio allí donde lo consideran necesario, tal como siempre han hecho, y como está ocurriendo actualmente en Palestina. Esto pone de manifiesto una vez más cómo los valores de la civilización humana se pueden pervertir y destruir con bastante facilidad a través de la manipulación política y mediática; el embrutecimiento de la mayoría de la sociedad israelí supone un claro ejemplo de ello.

Que no nos vengan después a decir que no estaban enterados de lo que estaba pasando, tal como ocurrió con muchos en la Alemania nazi (por supuesto una absoluta mentira, conocían en sus términos generales lo que estaba sucediendo). La humanidad está de nuevo ante una dramática encrucijada entre nazismo y civilización; y en esa encrucijada, actitudes tibias y poco consistentes, o incluso conciliadoras con el fascismo, no tienen cabida y son un auténtico desastre.

La caída del actual Gobierno no tendrá un efecto demoledor sobre las clases populares; muy al contrario, se abrirá un nuevo escenario donde las luchas sociales e incluso directamente políticas serán mucho más fáciles de impulsar que ahora. La victoria sobre el nazi-sionismo y su representación en el Estado español solo se conseguirá a través de la lucha popular, no desde la institucional, aunque ésta por supuesto pueda ser un elemento auxiliar de gran interés.

Una reflexión que ejemplifica lo que estamos diciendo se ha podido observar en el Comité Federal extraordinario del PSOE, celebrado el sábado 5 de julio. Emiliano Page, que desde luego no es precisamente una referencia para el movimiento comunero, fue quien tuvo una posición más crítica y exigente con Pedro Sánchez. A él la caída del Gobierno no le va a afectar significativamente. Sin embargo, Óscar Puente, actual ministro y sin chiringuito al que retirarse si cae el actual Gobierno, fue el más entusiasta defensor del “ni un paso atrás”, además de criticar agriamente al Presidente de la Comunidad de Castilla-La Mancha.

Page durante el Comité Federal del PSOE

Una consideración final. El actual Gobierno caerá formalmente por sus prácticas corruptas y chulescas. El anterior, el de Mariano Rajoy, cayó por más de lo mismo. La abdicación forzada de Juan Carlos fue por causas similares. La enfermedad de la corrupción afecta a todas las estructuras del Régimen del 78. De un recambio dentro de este Sistema podrido hasta la médula no cabe esperar ninguna solución ni mejoría. Es imprescindible un cambio de Régimen. La restitución del único Régimen legítimo de los últimos cien años en el Estado español, es decir, la República, mediante un proceso democrático, es absolutamente necesaria.

Izquierda Castellana, 7 de julio de 2025

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