Donald Trump, el Führer yanqui del siglo XXI

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En primer lugar, queremos señalar que esta definición no la hacemos en un sentido hiperbólico ni insultante. No. Consideramos tal cuestión una realidad muy real. Cuanto antes seamos conscientes de ello, mejor podremos combatir ese proyecto neonazi que ya está en marcha.

Intentamos construir una línea argumental lo más sólida y documentada posible para ilustrar esa consideración. No creemos que Trump esté loco o que sea un ignorante, al contrario, consideramos que su proyecto requiere amplios conocimientos históricos, políticos e incluso antropológicos, por su parte o por la de su equipo.

En nuestro editorial anterior analizábamos y caracterizábamos el proyecto político de Trump y sus aliados como un proyecto fascista y guerrerista. Esto nos lo hemos de tomar muy en serio, porque son las opciones a las que históricamente ha recurrido el imperialismo en decadencia para seguir dominando el mundo; y además, aunque ese proyecto tenga aparentes o reales aspectos de enajenación, está cuidadosamente elaborado, tiene en cuenta la experiencia de la primera Presidencia de Trump para corregir errores y, en un sentido más amplio, parece evidente que también han estudiado la experiencia del nazifascismo en el siglo XX, sus déficits y las cuestiones que lo llevaron a un relativo fracaso. Y decimos relativo porque, aunque militarmente perdieron la guerra, sobre todo por la aportación de la URSS, política e ideológicamente el nazi-fascismo sobrevivió, y con el paso del tiempo se ha reforzado, tal como podemos comprobar en la actualidad.

Vamos a repasar algunas cuestiones que sirven para ilustrar lo que decimos, comenzando por aquello que puede servir para explicar el ascenso del fascismo, en particular en los EEUU, y en general en buena parte del mundo occidental.

En la primera toma de posesión de Donald Trump hubo una gran respuesta social de rechazo, destacando una movilización de cientos de miles de personas en Washington y otras muchas actividades de resistencia en diversos lugares. La movilización alrededor de la última toma como Presidente se ha reducido a la mínima expresión.

Medio millón de personas se manifestaron en Washington contra Trump durante la denominada «Marcha de las Mujeres» el 21 de enero de 2017, un día después de su primera toma de posesión presidencial

Entre ambos acontecimientos se ha producido el mandato de Biden, durante el que se impulsaron dos guerras especialmente dramáticas: la intervención en el Este de Europa contra Rusia y muy especialmente la guerra genocida contra el pueblo palestino, que ha supuesto una auténtica conmoción en la sociedad norteamerica, especialmente entre sus sectores progresistas; además esto ha estado aderezado con significativos elementos de corrupción, centrados muy especialmente en el hijo de Joe Biden, Hunter Biden, al que por cierto ha amnistiado preventivamente antes de finalizar su presidencia. Obviamente hay muchas otras cosas que habrá que ir desgranando, como las llamadas guerras culturales, pero la síntesis es que el último mandato demócrata en EEUU ha servido para desmovilizar a la gente y allanar el camino a una nueva presidencia de Trump, que adquiere ahora nuevos bríos con un proyecto y un equipo para impulsarlo mucho más modelado que en la ocasión anterior. Similares procesos sociales inducidos, han acontecido también en Europa Occidental, especialmente en el Estado español.

Es del mayor interés analizar las primeras medidas del programa de Trump, y muy particularmente las que ya ha empezado a implementar.

La expulsión de inmigrantes, hecha en un formato absolutamente racista e inhumano. Ciertamente los movimientos migratorios son asuntos complejos cuya solución necesita de una cierta planificación, pero la deportación de inmigrantes que está llevando adelante la actual Administración yanqui (aunque hay que recordar que no fue iniciada por ellos) está asociada a una política de estricta criminalización de esos sectores sociales, trabajadores/as que impulsan y mantienen en buena medida la economía norteamericana, tal como ha indicado la actual Presidenta de México, Claudia Sheinbaum.

Esta auténtica barbarie, que hay que denunciar, es una de las principales promesas electorales del trumpismo; sirve para alimentar a través del chauvinismo ese necesario re-empoderamiento de la sociedad norteamericana, que tiene su autoestima seriamente dañada por los gravísimos problemas que le afectan desde hace décadas sin ser capaces de encontrar soluciones. El empoderamiento fascistoide es “un truco” empleado históricamente con buenos resultados, pero siempre con carácter temporal.

Otra cuestión que puede parecer banal y con poco recorrido objetivo, que así será, es el cambio de denominación de algunas localizaciones geográficas: Golfo de América, al que se denominaba y seguirá denominando internacionalmente, o eso esperamos, como Golfo de México; y el cambio de nombre del Monte Denali en Alaska, el mayor de Norteamérica, que pasará a llamarse McKinley, suplantando así a la denominación nativa. William McKinley fue el 25º Presidente de los EEUU, y ostentaba tal cargo durante la guerra hispanoamericana de 1898, que parece ser que es una de las referencias fundamentales para Trump. Es a partir de ese momento que Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam pasaron a ser territorio yanqui, mientras que Las Carolinas y Las Marianas se vendieron al Imperio alemán. Aunque, como decíamos, el recorrido práctico de tales cuestiones sea limitado, el simbólico es de gran significación.

Montaje con el Monte Denali y el Presidente McKinley

De las cuestiones planteadas hasta ahora por la administración Trump, quizás la que ha causado más sorpresa es la de la ampliación territorial de EEUU mediante la anexión de Groenlandia, Canadá y la recuperación de la jurisdicción sobre el Canal de Panamá. Con estos planteamientos están expresando sin disimulo cuál consideran que es su “Lebensraum”, su espacio vital imprescindible para volver a ser la gran potencia imperial mundial. No es una chirigota, aunque algunos medios o agentes, especialmente en el Estado español, hayan querido derivarlo por ese camino.

Groenlandia es un territorio dependiente de Dinamarca, muy extenso y con grandes recursos, que cuenta además con una situación privilegiada desde el punto de vista geoestratégico, pero con una población escasísima y, por tanto, sin apenas capacidad de resistencia (si esa fuera su voluntad, que tampoco parece que lo sea). En cuanto a Dinamarca, hay que recordar que no opuso resistencia al proceso de anexión por parte de la Alemania nazi, y que incluso el rey danés del momento, Cristián X, llegó a felicitar al responsable militar del ejército ocupante por la eficacia de la invasión.

“El general Himer contestó que, personalmente, lamentaba mucho presentarse ante el rey con semejante misión, pero que no hacía sino cumplir con su deber de soldado […] Hemos venido como amigos, etcétera. Cuando el rey preguntó si podría conservar su guardia personal, el general Hier replicó […] que el Führer seguramente le permitiría conservarla. Estaba convencido de ello. El rey se sintió visiblemente aliviado al oírlo. En el curso de la audiencia […] el rey venció la tensión y, al fin, se dirigió al general Himer en estos términos: «General, ¿puedo, como viejo soldado, decirle una cosa? ¿De soldado a soldado? Ustedes, los alemanes, han realizado una vez más algo increíble. ¡Hay que admitir que es un trabajo magnífico!»” 

William L. Shirer, Auge y caída del III Reich, Editorial Planeta, 2010, vol. II, p. 108.

En esta ocasión, la resistencia danesa a la posible anexión de Groenlandia por parte de los EEUU no parece que vaya a ser mucho mayor. La única resistencia seria que se puede esperar a esta línea de acción es la de Rusia, que obviamente no puede permitir que Groenlandia en su conjunto pase a formar parte de los EEUU, porque eso significaría en buena medida el control del Polo Norte, cada día llamado a tener una mayor importancia en las rutas internacionales de navegación, a través de las cuales se mueven más del 90% de mercancías a nivel mundial.

Rutas de Navegación del Ártico

Con respecto a Canadá la cosa parece un poco más compleja, pero eso no impedirá que avancen en esa dirección. La historia de ambos países está muy interrelacionada: Canadá fue colonizada por ingleses y franceses, enfrentados por el control del territorio, pero además recibió un gran aporte de población leal a la Corona Británica cuando las Trece Colonias que formarían posteriormente los EEUU se independizaron a finales del siglo XVIII, mientras Canadá se mantenía bajo la órbita de Londres. Las tropas británicas, especialmente las acantonadas en la colonia, llegarían a invadir Washington en 1812 y a prenderle fuego al Capitolio y a la Casa Blanca como represalia por los ataques yanquis contra los puertos canadienses. Hay un antecedente histórico que queremos citar para ver que la cuestión no es tan inviable como a primera vista pueda parecer:

“Hitler tuvo una larga conversación con Colin Ross, «experto» alemán en asuntos norteamericanos, que acababa de regresar de dar una serie de conferencias en EEUU, donde había hecho su contribución a la propaganda nazi. Cuando Ross observó que en EEUU prevalecía «una tendencia imperialista», Hitler preguntó (según las notas taquigráficas del doctor Schmidt), «si esta tendencia imperialista no reforzaría el deseo de EEUU de un Anschluss de Canadá, en cuyo caso se vería enfrentando con Inglaterra»”.

William L. Shirer, Auge y caída del III Reich, Editorial Planeta, 2010, vol. II, p. 87.

Como es conocido, a pesar de la independencia formal de Canadá en 1867, la jefatura del Estado la sigue ostentando la Casa Real británica, y el país es una pieza relevante de la Commonwealth.

El caso de Panamá es completamente diferente. El Canal de Panamá es una cuestión de primer nivel no sólo para el país en que se ubica, sino para el conjunto de Latinoamérica; y ésta ya se ha comenzado a levantar seriamente contra la política expansionista de la Administración Trump. Además de los posicionamientos ya esperables -los de Cuba, Venezuela o Nicaragua-, hay que destacar muy especialmente el de México, a través de su Presidenta, Sheinbaum, y el de Colombia a través de Petro, aunque las versiones sobre su posición en relación con la deportación de inmigrantes sean aparentemente contradictorias. También hay que destacar la posición de la Presidenta de Honduras, Xiomara Castro, que ha convocado con carácter urgente e inmediato una Cumbre de la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) el próximo 30 de enero para organizar la denuncia y resistencia a la política de Trump en relación con Iberoamérica.

Para ir finalizando este editorial, quisiéramos hacer un apunte sobre la irrupción de DeepSeek, el sistema de Inteligencia Artificial chino cuya aplicación es gratuita y cuyo coste para su puesta en marcha ha sido mucho más barato que los modelos de IA occidentales, unos 6 millones de dólares, comparados con los 100 millones que han costado los modelos estadounidenses y los 1.000 millones con los que se pretende financiar a otros. Algo similar ha venido ocurriendo con parte del armamento utilizado en los actuales escenarios de guerra, especialmente en Europa Oriental y Oriente Próximo: con recursos mucho más limitados los hutíes de Yemen y la resistencia palestina han conseguido resultados espectaculares. Es lo que tiene la lucha popular, que la convicción, la inteligencia y el corazón suplen con creces el derroche económico -y de recursos en general- de la reacción y el imperialismo.

Acto de entrega de cuatro militares israelíes a cambio de la liberación de 200 presos palestinos

La lucha contra el nazi-fascismo-sionismo, encabezado por los EEUU de Norteamérica, es y seguirá siendo hasta su derrota -que sin duda llegará, pues lo contrario sería el fin de la civilización- la lucha más significativa de la humanidad en esta parte del siglo XXI. Las necesarias alianzas que hay que forjar para dar esta lucha antifascista han de estar guiadas por esos criterios, con el objetivo claro de vencer. El proceso en el Estado español y en Europa no será fácil. La actividad estratégica del poder para desarmar ideológica y políticamente al movimiento popular ha sido sistemática e intensa, pero solo han conseguido parcialmente sus objetivos, y hay capacidades suficientes para impulsar la lucha antifascista y antiimperialista, especialmente cuando el marco internacional hoy es favorable a ello.

Izquierda Castellana, 28 de enero de 2025

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