Pronto entraremos en el 2025, año en el que Trump tomará posesión como presidente de los EEUU para una segunda presidencia (sucederá el 20 de enero). Si el 2024 ha sido un periodo en el que se han producido acontecimientos muy significativos, algunos de los cuales probablemente tendrán una gran repercusión en el devenir histórico de la humanidad, muchos indicios señalan que el 2025 tiene toda la potencialidad para ser un año especialmente “generador de acontecimientos”.
La herramienta principal de l@s revolucionari@s en este momento histórico es el manejo racional del conocimiento y del pensamiento, cosa que por otra parte ha sido siempre así. El imperialismo ha utilizado desde siempre el ataque a la razón, al pensamiento racional, como una de sus herramientas favoritas. El filósofo marxista húngaro G. Lukács lo describe de forma muy documentada en su obra “El asalto a la razón”, centrando su análisis/reflexión en la estrategia del capitalismo en la etapa de ascenso del nazismo, y explicando cómo el ataque a la filosofía racional alemana del siglo XIX (referencial en la época, hasta el punto de que Lenin la consideró una de las tres fuentes integrantes del marxismo) fue un preludio imprescindible para el ascenso político del nazismo. En este segundo ciclo de avance del nazismo -en su formato nazi-sionista- ese ataque al pensamiento racional alcanza cotas difícilmente imaginables hace no tantos años. Una vez más debe destacarse cómo la denominada “filosofía queer” es una de las herramientas ideológicas favoritas en esa cruzada contra el pensamiento racional, siendo una de las banderas principales del Partido Demócrata americano, así como de todas sus franquicias en el mundo. El Partido Demócrata obviamente no es Joe Biden, sino todo un potente entramado de intereses que, entre otras cosas, nos empujan hacia la III Guerra Mundial. Pero no solo, el consumismo, el ultraindividualismo con el narcisismo como máximo exponente, impregnan los “valores” que desde los medios de comunicación de cualquier tipo y nivel se trasladan a la sociedad. El “uso de la mujer” como instrumento publicitario en un sentido cada vez más perverso y totalmente contrario a las ideas que dicen defender desde las instituciones es una expresión muy grave de la hipocresía y doble moral del sistema capitalista español.
Nuestra obligación individual y colectiva como seres humanos que apostamos por un auténtico cambio progresista capaz de derrotar al imperialismo del siglo XXI, y de esa manera colaborar en la construcción de un futuro digno para la humanidad, es ser capaces de convertirnos en una herramienta capaz de analizar con rigor la realidad, para lo cuál es imprescindible el estudio lo más profundo de ella, así como “pensar” o “idear” aquellas alternativas para superarla en un sentido revolucionario, cumpliendo por supuesto con el criterio de factibilidad. Si avanzamos de forma significativa en ese proceso, estaremos en las mejores condiciones para alcanzar la victoria, siempre y cuando nuestra teoría política esté intrínsecamente asociada a la práctica; es decir, que se sepa ponerla al servicio de las clases populares.
El pasado 3 de septiembre publicamos un editorial titulado “Kakistocracias”, en el que reflexionábamos sobre el significado de ese término y su materialización en el caso de la gobernanza en el Estado español. Recientemente el periódico británico The Economist ha elegido “kakistocracia” como palabra del año 2024, vinculándola con la composición del próximo gobierno de Trump; el diario Cubano Granma, en un artículo de Francisco Arias Fernández, también se hace eco de ese concepto.
Vamos a intentar impulsar en este editorial un ejercicio práctico sobre ese proceso que reivindicamos y que da título al texto: recuperar la capacidad de pensar racionalmente.
Hace unos días apareció en algunos medios de comunicación españoles, especialmente El País y La Vanguardia, que el periódico The Economist había evaluado a la economía española como “la mejor del mundo” en 2024. Tal consideración, tenemos que reconocerlo, nos causó profunda sorpresa. Es sintomático de cómo funciona el “staff mediático” en este país que no se hiciera la menor investigación y reflexión sobre ello, pues parece obvio que poco tiene que ver con la realidad-real. Por nuestra parte, hicimos una somera investigación sobre el tema y sus antecedentes. Este “premio” tiene pocos años de existencia; un dato que puede ser interesante desde el punto de vista comparativo es que en 2023 The Economist consideró nada menos que a Grecia como la economía que se desempeñó mejor.

El periódico The Economist, dirigido a las clases medias-altas, es una publicación semanal en lengua inglesa con sede en Londres y fundada en 1843, que actualmente está incorporado a The Economist Group, controlado en un 50% por las familias Rothschild y Agnelli, mientras que el otro 50% de las acciones son propiedad de diversos inversionistas privados. The Economist tiene una Unidad de Inteligencia (tal cual) que se encarga de reflexionar -no solo en el ámbito económico, sino también en el político y geoestratégico- y concluir cómo sacar el mayor provecho para su periódico y especialmente para los intereses que defienden. Por supuesto, son partidarios de la globalización y del libre comercio, y están absolutamente adheridos al pensamiento económico liberal, reconociendo explícitamente que buscan influir en los cargos de responsabilidad política y económica a nivel internacional. Por otro lado, es seguramente conocida la línea de actuación que ha seguido la familia Rothschild a lo largo de su dilatada historia como cualificados representantes de la vida política y económica a nivel internacional, muy especialmente vinculados al sionismo y a la defensa de los intereses del Imperio británico, motivo por el que la Corona les concediera un título nobiliario (el de barón de Rothschild, otorgado en 1885).
Obviamente The Economist no da puntada sin hilo. Intentamos construir una hipótesis sobre por qué hacen un editorial laudatorio sobre la economía española desde un periódico de matriz británica, liberal y sionista. La hipótesis más plausible que se nos ocurre es que esté relacionado con el intento de recuperar influencia por parte del Reino Unido en la Europa continental, una vez que éste ya no está integrado en la UE. En su momento, una gran parte de los analistas del Estado español (especialmente los vinculados al Grupo PRISA) consideraron que el “Brexit” era un tremendo error que los británicos acabarían pagando con el paso de los años. Resulta que quienes más están pagando los problemas que se han venido agudizando en la Unión Europea son los países de la parte continental. Es evidente que ahora hay un problema en la hegemonía de la UE, una vez desaparecido o enormemente debilitado el eje franco-alemán. Estos países deberían de ser sustituidos por otras entidades, algo que no es nada fácil. Hay movimientos que buscan que el espacio que deja la entente franco-alemana sea sustituida por la coalición entre Polonia y los Países Bálticos, recuperando la histórica alianza entre el Reino de Polonia y el Gran Ducado de Lituania que tanta importancia tuvo entre los siglos XIV y XVIII. Dicha opción es de difícil viabilidad y de un altísimo riesgo para la supervivencia, no de la UE, sino de Europa como realidad política, por la beligerante posición antirrusa de estos países. Una alternativa más factible sería la de una alianza con los antiguamente denominados PIGS (Portugal, Italia, Grecia y España) para que jueguen un papel más importante del que actualmente tienen de cara al mantenimiento de la UE, aunque sea a trancas y barrancas y en un nuevo diseño. Se trataría de mover hacia el sur del continente la vertebración de esa futura Unión Europea.


Hecha esa hipótesis, nos pusimos a investigar sobre si tal cuestión tenía que ver con la realidad material de los datos que se pueden recoger a través de diversos medios. Y efectivamente, hemos encontrado algunos indicios de que esta hipótesis no está completamente alejada de la realidad. Los británicos trabajan con planificación y un cierto rigor, como demuestra su salida a tiempo de la UE. En estos momentos de debilidad en la dirección de la UE, una posible alianza entre estos países del sur del continente (con un peso específico mediano o pequeño) y el Estado más importante del conjunto de Europa, que tiene un vínculo estrechísimo con los EEUU, con o sin Trump, hace que ese proyecto no sea una mera ingenuidad.
El Imperio británico fue hasta principios del siglo XX la primera potencia mundial; aún conserva muchas hechuras de esa circunstancia. Tampoco hay que obviar que los países de la Europa mediterránea en algún momento de su historia tuvieron en mayor o menor medida una relación semicolonial con el Reino Unido; en el caso de Grecia y Portugal esto es claro, mientras que en el caso de España simplemente hay que recordar cómo el proceso de industrialización que se llevó adelante en algunos territorios del Estado, o la modernización de la agricultura (especialmente la viticultura en Andalucía), vinieron de la mano del capital británico. La historia de las Minas de Río Tinto, que por cierto fueron propiedad de los Rothschild, es un ejemplo de ello.
Obviamente hay que seguir investigando y reflexionando sobre esta cuestión, pero lo que parece una auténtica estupidez es que haya comentaristas que se coman de un solo bocado el caramelo envenenado proporcionado por The Economist.
En los últimos días está apareciendo en diversos medios -entre otros, los citados al principio de este editorial- que hay una disociación entre el sentimiento percibido por la población de la realidad económica y las cifras objetivas de esta realidad, concluyendo que el problema es que la gente no se entera de la realidad-real. La maquinaria de la manipulación mediática está empezando a fallar estrepitosamente. En cualquier caso, para documentar que la situación socioeconómica real en el Estado español es francamente precaria, vamos a aportar algunos datos:
La economía española es totalmente dependiente del sector servicios, muy especialmente del turismo, hasta principios del XXI también de la construcción, lo que le da una especialísima volatilidad; alrededor de 16,4 millones de personas trabajaban en el sector servicios en el 2023, mientras que en la agricultura solo lo hacían un millón y en la construcción se ha pasado de 2,5 millones en 2008 a 1,4 en 2023. La tasa de desempleo en 2013 se situó por encima del 26% (en el primer trimestre de 2013 la cifra de desempleados superó los 6,2 millones de personas, cuando prácticamente se venía de una situación de casi pleno empleo en los años anteriores). En enero de 2024, España aún seguía encabezando la mayor tasa de desempleo de la UE. La pobreza infantil está por encima del 25%. En relación con la vivienda, cada día aparecen informaciones que reflejan la creciente dificultad para el acceso a ese bien imprescindible para la vida. En educación, los sucesivos informes PISA dan una clara radiografía del deterioro del nivel de conocimientos y del nivel cognitivo de los/as escolares. A ello hay que añadir, desgraciadamente, el progresivo deterioro del Sistema sanitario público en el conjunto del Estado y en cada una de sus Comunidades. Si esto es ser la mejor economía de la OCDE, es decir, del mundo capitalista, vamos muy mal.
Finalmente, en los pasados días hemos asistido a dos graves accidentes, el del carguero ruso Ursa Major frente a la costa murciana y el del avión de transporte civil azerbayano en Kazajistán, con 67 personas a bordo. Ambos han sido denominados como actos de sabotaje terrorista; en el caso del carguero, de forma ya muy oficial por la naviera propietaria y con muchos visos de verosimilitud. La sala de máquinas de un barco puede arder en determinadas circunstancias, pero es prácticamente imposible que explote, salvo que ello sea inducido. Sería bueno recordar la historia del Acorazado Maine, la embarcación yanqui atracada en el puerto de la Habana que fue destruida por agentes del propio ejército norteamericano, y que sirvió para articular una campaña criminalizadora -en la que participó hasta Buffalo Bill- que terminó con la declaración de la guerra a España. La guerra hispanoamericana de 1898 supuso la pérdida de las posesiones ultramarinas que le quedaban al Imperio español y que pasaron directamente a estar bajo control de EEUU: Cuba, Puerto Rico, Filipinas y los archipiélagos de las Marianas y las Carolinas en el Pacífico, de gran importancia estratégica en aquel momento como islas carboneras, donde se recargaba de combustible a los diversos navíos que hacía la ruta de América a Asia. Esa importancia no sólo no ha decaído, sino que se ha reforzado en un escenario geoestratégico internacional cada vez más complejo y tensionado.
Izquierda Castellana, 26 de diciembre de 2024