¿Sabías que hace 500 años, unas mujeres se rebelaron contra un rey que quería imponer su voluntad sobre el pueblo de Castilla? ¿Sabías que esas mujeres se llamaron comuneras y que defendieron sus derechos y libertades frente al poder absoluto? ¿Sabías que esas mujeres fueron un modelo para otras comuneras que se levantaron en América Latina contra la opresión colonial?
En esta publicación voy a contar la historia oculta de las comuneras de Castilla y América Latina. Fueron unas mujeres que se atrevieron a desafiar el poder establecido y a luchar por sus ideales y por el bien común de sus pueblos.. Su historia es una historia de valor, de compromiso, de resistencia y de emancipación. Sin embargo, su historia también es una historia silenciada, olvidada, marginada por la historiografía oficial y por el patriarcado. Su historia merece ser recuperada, reconocida y difundida, como un ejemplo de dignidad y de rebeldía. Su historia nos inspira a seguir defendiendo nuestros derechos y libertades, y a no conformarnos con las injusticias y las opresiones. Su historia es también nuestra historia.
Voy a mostrarte cómo su memoria ha sido recuperada por la historiografía más reciente y el movimiento feminista como un ejemplo de resistencia y emancipación.
23 de abril de 1521, Villalar. El ejército del emperador Carlos V derrota a las tropas de los comuneros castellanos dirigidos por Padilla, Bravo y Maldonado. Los tres son degollados sin piedad en el cadalso a la mañana siguiente. De esta forma, los imperiales terminan con el sueño revolucionario de Castilla. María Pacheco, la viuda de Juan de Padilla, una mujer luchadora y rebelde, no se resigna a la derrota y resiste atrincherada en la ciudad de Toledo; pero Carlos V no tendrá piedad con ella. María, condenada a muerte, se verá obligada a vivir un triste exilio en Oporto, donde morirá sin llegar a recibir nunca el perdón real.
Antes, las ciudades castellanas se habían levantado en armas contra el rey con el grito de: «¡Comunidad! ¡Viva el pueblo y abajo el mal gobierno!». Las comuneras de Castilla fueron las mujeres que participaron en la guerra de las Comunidades de Castilla, un levantamiento armado contra el rey Carlos I entre 1520 y 1522. Algunas de ellas fueron esposas, hijas o hermanas de los líderes comuneros, como María Pacheco, esposa de Juan de Padilla; Beatriz de Bobadilla, esposa de Juan Bravo; o María de Mendoza, hermana de Antonio de Acuña.
Otras fueron protagonistas por su papel en la defensa de las ciudades rebeldes, como María Sánchez en Segovia; Isabel de Ayala en Toledo; o Catalina de Balmaseda en Tordesillas. También hubo mujeres que apoyaron la causa comunera desde la cultura, como Teresa de Cartagena, autora del libro Arboleda de los enfermos; o Ana de Rojas, poeta y amiga de Garcilaso de la Vega.
Las comuneras de Castilla se enfrentaron a un contexto histórico difícil, marcado por la ausencia del rey Carlos I, que se había marchado a Alemania para ser elegido emperador (sería llamado Carlos V); por el descontento social y económico provocado por las demandas fiscales y el favoritismo hacia los flamencos (hoy belgas); y por la crisis política y dinástica originada por la situación de la reina Juana I, madre de Carlos I y legítima heredera de Castilla, que estaba recluida en Tordesillas por su supuesta locura. Las comuneras defendieron los derechos y libertades de las ciudades castellanas frente al poder real y señorial, y reclamaron una mayor participación política y una reforma religiosa.
Las comuneras de Castilla tuvieron un papel activo y relevante en la guerra, tanto en el ámbito militar como en el político y social. Participaron en las juntas comuneras, organizaron milicias, recaudaron fondos, asistieron a los heridos, resistieron los asedios y combatieron en las batallas. Algunas de ellas murieron o fueron capturadas y ejecutadas por los realistas. Otras lograron escapar o negociar su perdón. Las que sobrevivieron tuvieron que afrontar las consecuencias de la derrota comunera: el exilio, la confiscación de sus bienes, la marginación social o la represión inquisitorial.
María Pacheco fue una de las líderes comuneras más destacadas. Era una noble castellana, esposa de Juan de Padilla, el capitán general de las Comunidades. María Pacheco y Juan de Padilla, degollado en Villalar el 24 de abril de 1521, alentaron la revuelta de las Comunidades de Castilla y lucharon hasta el final contra el poder absoluto del emperador Carlos V y la ambición de los nobles, tanto castellanos como flamencos. Tras la derrota y ejecución de su marido en la batalla de Villalar en 1521, María Pacheco se hizo cargo de la resistencia en Toledo, la única ciudad que seguía fiel a la causa comunera. Durante casi un año, mantuvo el desafío al rey Carlos I, organizando la defensa de la ciudad, recaudando fondos, negociando alianzas y dirigiendo la Junta de Comunidades. Finalmente, ante el asedio y el hambre, María Pacheco capituló en febrero de 1522, con la condición de que se respetaran las vidas y los bienes de los comuneros. Sin embargo, el rey no cumplió su palabra y ordenó su captura. María Pacheco logró escapar a Portugal, donde, como dije arriba, vivió exiliada hasta su muerte en 1531 a los treinta y cinco años de edad, abandonada por su familia.. Fue conocida como “la leona de Castilla” o “la última comunera”.
Teresa de Cartagena fue una escritora y religiosa castellana del siglo XV. Fue una de las primeras autoras que escribió en castellano y defendió los derechos y la dignidad de las mujeres. Su obra más conocida es Arboleda de los enfermos, un tratado que escribió tras recuperarse de una grave enfermedad que le afectó al habla y al oído. En este libro, Teresa de Cartagena relata su experiencia personal y critica a los hombres que menosprecian a las mujeres y les niegan el acceso al conocimiento. Teresa de Cartagena fue una mujer culta e independiente, que se atrevió a expresar su pensamiento en una época dominada por el patriarcado y la intolerancia.
María Sánchez fue una mujer comunera que se destacó por su papel en la defensa de Segovia. Era una labradora que vivía en el barrio de San Lorenzo y que se unió a la causa comunera junto con su marido y sus hijos. Cuando las tropas realistas asediaron la ciudad en 1521, María Sánchez organizó a las mujeres del barrio para colaborar en la resistencia. Con palas, picos y azadas, cavaron trincheras y levantaron barricadas para impedir el avance de los soldados. También transportaron piedras, agua y alimentos a los combatientes, y asistieron a los heridos. Su valor y su fe fueron reconocidos por sus compañeros comuneros, que la eligieron como capitana de su batallón
Hay una conexión entre las comuneras de Castilla y América Latina. La lucha comunera de Castilla inspiró a otros movimientos populares que se dieron en las colonias españolas de América, especialmente en el siglo XVIII. Por ejemplo, la rebelión de los comuneros en el Virreinato de la Nueva Granada (actual Colombia) fue una protesta contra las reformas fiscales y administrativas impuestas por el rey Carlos III, que afectaban a los intereses de los criollos y los indígenas. Los rebeldes tomaron el nombre de comuneros en alusión a los de Castilla y llegaron a formar una Junta Suprema de Gobierno en la ciudad de Socorro. Sin embargo, la rebelión fue sofocada por las tropas virreinales en 1781.
Otro ejemplo fue la rebelión de Túpac Amaru II en el Virreinato del Perú, que también se inició en 1780 como una respuesta a las reformas borbónicas y a la opresión colonial. El líder indígena José Gabriel Condorcanqui, que se hacía llamar Túpac Amaru II en honor al último inca, se proclamó descendiente de los comuneros de Castilla y pretendía restaurar el imperio incaico. Su movimiento se extendió por varias regiones del Perú, Bolivia y Argentina, pero fue finalmente derrotado y ejecutado por las autoridades españolas en 1781.
Estos y otros levantamientos comuneros en América Latina fueron antecedentes de las guerras de independencia que se produjeron a principios del siglo XIX. Los comuneros expresaron su descontento con el sistema colonial y su aspiración a una mayor autonomía y participación política. Además, difundieron las ideas de la Ilustración y el liberalismo, que cuestionaban el absolutismo monárquico y defendían los derechos del pueblo.
También hubo mujeres comuneras destacadas en América Latina. Micaela Bastidas era una mestiza peruana, esposa de Túpac Amaru II, el líder indígena que se rebeló contra el dominio español en el Virreinato del Perú. Micaela Bastidas fue una colaboradora activa de su marido, organizando el abastecimiento, el reclutamiento y la comunicación de los rebeldes. También participó en algunas acciones militares y aconsejó a Túpac Amaru II sobre las estrategias a seguir. Fue capturada junto con su esposo e hijo por las tropas realistas en 1781. Fue torturada y ejecutada públicamente en el Cuzco, junto con otros familiares y seguidores de Túpac Amaru II. Su muerte fue un símbolo de la resistencia indígena y mestiza contra la opresión colonial.
Además de Micaela Bastidas, hay otros ejemplos como Manuela Beltrán, Tomasa Tito Condemayta o Bartolina Sisa. Estas mujeres participaron en diferentes rebeliones contra el poder español en el siglo XVIII, ya sea organizando al pueblo, liderando batallones o enfrentando a las autoridades coloniales. Estas mujeres comuneras mostraron su valentía y su compromiso con la libertad y la justicia de sus pueblos.
La Revolución Comunera en el Paraguay fue un movimiento de rebelión contra el poder colonial español que se desarrolló entre 1721 y 1735. Fue protagonizado por los encomenderos y los criollos de la provincia del Paraguay, que se opusieron a los abusos y las arbitrariedades del gobernador Diego de los Reyes Balmaceda y de la Compañía de Jesús. Los comuneros tomaron el nombre y el ejemplo de los comuneros de Castilla, que se habían sublevado contra el rey Carlos I en el siglo XVI. Los comuneros paraguayos defendieron sus derechos y libertades frente al absolutismo monárquico y reclamaron una mayor autonomía y participación política. También expresaron su descontento con el sistema económico y social que favorecía a los españoles peninsulares y marginaba a los indígenas y a los mestizos.
El papel de las mujeres en la Revolución Comunera del Paraguay fue destacado. Algunas mujeres lucharon junto a los hombres en la revolución, y se cree que algunas incluso tomaron parte en las batallas.
Por ejemplo, se menciona a una mujer llamada María Josefa de los Santos, que fue una de las pocas que acompañó a José de Antequera y Castro en su huida a las misiones jesuíticas. También se dice que fue la única mujer que estuvo presente en el juicio y la ejecución de Antequera en Lima.
Otra mujer comunera fue Juana María de Lara, que fue una de las líderes de la resistencia contra el gobernador Martínez Fontes en Asunción. Según la tradición, ella izó la bandera roja con una estrella blanca que simbolizaba la revolución y arengó a los comuneros a defender la ciudad. También se dice que participó en el combate y que salvó la vida de Fernando Mompox cuando fue herido.
Las consecuencias de la Revolución Comunera del Paraguay fueron negativas para el pueblo paraguayo. Los líderes comuneros fueron ejecutados o exiliados, y sus bienes fueron confiscados. Los pueblos originarios fueron sometidos a un mayor control y explotación por parte de los españoles y los jesuitas. Los criollos perdieron su derecho a elegir a sus autoridades con la abolición de la Real Cédula del 12 de septiembre de 1537, que les permitía nombrar al gobernador por voto popular. La Corona reforzó su poder y su presencia en el Paraguay, limitando la autonomía y la participación política de los habitantes. La Revolución Comunera marcó el inicio de un largo período de opresión y aislamiento para el Paraguay colonial.