En este editorial abordaremos por un lado la situación internacional, especialmente en Oriente Medio por los interrogantes que se están generando alrededor de la retirada casi total del Ejército sionista del Sur de la Franja de Gaza, y, por otro lado, la situación en el Estado español, explicando, desde nuestro punto de vista, qué es lo que se juega en las próximas elecciones de Euskadi y Cataluña.
El hecho de que iniciemos el editorial por la situación internacional no es caprichoso. En estos momentos, la situación internacional condiciona en lo esencial la evolución y el futuro del Estado español y del conjunto de la Unión Europea. El Estado español ha ido perdiendo de forma progresiva la soberanía sobre los territorios bajo su jurisdicción, proceso iniciado durante la guerra antifascista, cuando el apoyo de los ejércitos nazi-fascistas a Franco se hizo a costa de concesiones significativas de esa soberanía, al menos en determinados terrenos, y continuó intensamente -y ya sin discontinuidad alguna- durante el franquismo y hasta el momento actual. Después de perder el Eje nazi-fascista la IIª Guerra Mundial, el Régimen franquista se vio obligado a hacer importantes concesiones a EEUU para poder incorporarse al bloque occidental bajo su paraguas: los acuerdos político-militares de 1953 constituyen el hito fundamental en ese proceso de dependencia del Estado español hacia EEUU. La ausencia de ruptura con el Régimen franquista y la puesta en marcha de la Transición política, tal como la conocemos hoy, es uno de los factores que condicionaron la no recuperación de esa soberanía política, cultural, etc. del Estado español, y que lo convierten en una “semicolonia” del imperialismo angloamericano y con amplísimas dependencias del europeo. Los procesos políticos en Euskadi y Cataluña, impulsados por las “fuerzas soberanistas”, no han influido sobre el núcleo del problema -la recuperación de la soberanía del Estado español en el ámbito internacional-, pero suponen una limitación de la soberanía estatal en esos territorios. En lo teórico y en lo práctico desde Izquierda Castellana siempre nos hemos situado, y nos seguimos situando, como partidarios/as del derecho de autodeterminación de los pueblos, pero en lo que en absoluto estamos de acuerdo es en la vampirización por parte de las burguesías autonomistas de Cataluña y Euskadi de elementos que debilitan aún más la capacidad de decisión internacional del Estado español, y que repercuten muy particularmente y de forma negativa en Castilla como territorio enmarcado en ese Estado.
El domingo 7 de abril, de una forma profusa, los medios de comunicación se hicieron eco de la retirada, casi total, del Ejército de Israel de los territorios del sur de la Franja de Gaza. En nuestra opinión esa maniobra tiene un alcance táctico y responde a la necesidad de desplazar a las tropas sionistas de aquellos emplazamientos donde estaban siendo especialmente castigadas por la resistencia palestina (en los últimos días hubo un número importante de militares fallecidos y heridos en el sur de la Franja); por otro lado, la actual fase de guerra ya supera los seis meses, y tanto los recursos humanos como los materiales necesitan descanso y recuperación. No creemos que sea una retirada estratégica, ni condicionada en lo fundamental por aspectos políticos externos al conflicto. Las declaraciones de Netanyahu, celebrando una derrota casi total de Hamás, no tienen nada que ver con la realidad. Hamás, la resistencia palestina, está ganando la guerra tanto en el plano político como en el militar, aunque sea a costa de mucho sufrimiento, pero esa más que probable victoria es un proceso complejo y que aún se alargará más en el tiempo. Aunque no podemos adivinar el futuro, la reflexión, con toda la información que hay sobre la mesa, apunta en esta dirección.
En estos momentos hay diversas circunstancias con una fuerte capacidad de influencia y condicionamiento en la región, que vamos a enumerar. En primer lugar, la más destacable es la resistencia del pueblo palestino, tanto social como política, así como en cuanto a sus vanguardias armadas. Es probable que la “inteligencia occidental”, incluyendo la israelí y la estadounidense, no tuvieran una idea clara de la potencialidad que la resistencia está demostrando. Desde el punto de vista político, es evidente que la resistencia palestina está ganando el conflicto al Estado de Israel. A ello han contribuido de forma muy significativa las auténticas barbaridades que el Ejército sionista lleva a cabo sobre el pueblo palestino, barbaridades que han tenido un importante punto de inflexión, al menos mediáticamente, en el ataque al convoy de World Central Kitchen, que ha generado conmoción en la opinión pública occidental. Las recientes declaraciones del líder de esa asociación, José Andrés, sobre las prácticas militares de Israel, identificándolas como un genocidio, son expresión de esa inflexión. La hambruna crece a pasos agigantados en el territorio de Gaza, lo que también es un elemento de gran significación e impacto desde el punto de vista social y político. Por otro lado, los apoyos de diversas entidades en la zona a la resistencia palestina, desde los hutíes en Yemen con el bloqueo en el Mar Rojo, pasando por las intervenciones de Hezbollah en el norte de Israel y de otras fuerzas aliadas en Irak y Siria también tienen gran importancia en este escenario. Finalmente, el factor iraní sin duda es de suma relevancia. Algunos achacan la retirada del Ejército israelí del sur de la Franja de Gaza al temor a la respuesta iraní, pero en nuestra opinión no creemos que este último factor sea el fundamental. La respuesta de Irán a la agresión sionista contra un edificio diplomático de este país en Damasco está demostrando madurez e inteligencia, tomándose el tiempo y los análisis necesarios antes de llevarla adelante. A todos estos elementos hay que sumar los propios conflictos que se están produciendo en el seno de la sociedad israelí, así como las movilizaciones en defensa de Palestina que se desarrollan en EEUU y en el mundo occidental y que están jugando un papel significativo en la evolución de la opinión pública. Hay que tener en cuenta la situación electoral en Estados Unidos y las dificultades que el Gobierno de Netanyahu le está trayendo al candidato y actual presidente Joe Biden en lo relativo a su reelección. En definitiva, creemos que el elemento principal de esta retirada tiene que ver con las propias necesidades de la guerra en la Franja de Gaza, en lo militar y en lo político. No hay que obviar que las tropas israelíes se quedan acantonadas a una hora de camino del lugar en el que se encontraban, lo que desde luego no es un repliegue a cientos de kilómetros.
Estas consideraciones no significan que no creamos que el conflicto político-militar en la Franja de Gaza y en Palestina no progrese adecuadamente para los intereses de la Resistencia, tal como ya hemos dicho antes y como hemos sostenido desde el inicio de este proceso. Sin embargo, el ilusionismo voluntarista que afirma que “todo está ya resuelto” tampoco suele ayudar mucho a solucionar los conflictos reales.
En el otro gran escenario de conflicto bélico con el imperialismo, en Ucrania, las fuerzas rusas están avanzando con cada vez menos resistencia por parte de Kiev. No hay que perder de vista tampoco el calentamiento de la situación en el Mar Meridional de China en relación con Taiwán, que en los últimos días ha tenido un cierto recrudecimiento con las maniobras militares de EEUU, Japón y Filipinas, y las organizadas en paralelo por el Ejército Popular Chino en las mismas aguas, dejando claro que no están dispuestos a que las potencias extranjeras determinen el devenir histórico de esa región.
En relación con la situación en el Estado español, en las próximas semanas habrá Elecciones Autonómicas en Euskadi y Cataluña, con muy poco margen para las sorpresas. Sin ningún género de dudas y en todo el sentido del término, se trata de Elecciones Autonómicas. Los elementos rupturistas que se dieron en esos ámbitos territoriales en épocas anteriores han desaparecido, al menos de momento, del panorama electoral. No es de extrañar que El País esté encantado con la evolución de las cosas en Euskal Herria, y muy especialmente con la de EH Bildu, que no presenta contradicción alguna ya con el Régimen del 78. Las elecciones en Cataluña y en Euskadi son, por tanto, elecciones plenamente integradas en el Régimen de la IIª Restauración monárquica española, donde cualquier veleidad rupturista ha quedado apartada, lo que es toda una victoria para el Régimen, al menos coyunturalmente. Respecto a las Elecciones Europeas de junio, parece que casi todo está bastante atado, excepto lo que atañe al resultado de las fuerzas de algunos países de la UE que cuestionan la actual estrategia de apoyo sin matices a Ucrania como plataforma de guerra frente a Rusia, lo que ha evolucionado favorablemente en diversas consultas electorales llevadas a cabo recientemente. El dato de mayor interés respecto al Estado español en estas Elecciones Europeas es constatar el grado de derrota del PSOE a manos del PP, lo que parece ya un hecho cierto y difícilmente reversible.
Hace unos días decía Feijóo que teníamos la peor clase política de toda la Transición, incluyendo al PP, apreciación que compartimos plenamente. El grado de deterioro del Gobierno, de la oposición y del conjunto de las instituciones parece difícilmente empeorable, pero tal cosa sin duda ocurrirá. La actual generación de la Monarquía borbónica, después de su restauración con la reforma del Franquismo, está dejando en buen lugar a sus predecesores en cuanto a corruptelas y bajezas. Felipe y Letizia no son para nada mejores que Juan Carlos y Sofía, y tienen mucha menos “densidad” que la que tenían los anteriores titulares de la Corona. Aparentemente Letizia es una especie de Juan Carlos en cuanto a su golfería, y Felipe un mindundi. Ahora ponen las expectativas en la Princesa de Asturias, Leonor, quien no parece que tenga ninguna cualidad que haga presuponer que, en caso de llegar a reinar -intentaremos que no sea así-, vaya a ser más capaz que sus antecesores. Mientras, Pedro Sánchez comulga con todo esto y con lo que haga falta. Su posición frente a la guerra que se desarrolla en Ucrania es infame. El abandono del Sáhara es digno de un tahúr de la peor especie, y los oscuros negocios que su mujer y él puedan mantener con la monarquía alauita y el bloque dominante que la sostiene, deben ser nefastos. En relación con el genocidio contra el pueblo palestino, a sabiendas de que apoyar a Israel sin matices potencialmente tiene un elevado coste ante la opinión pública en el Estado español, el Gobierno intenta nadar y guardar la ropa, lo que es imposible en un conflicto de esta naturaleza por su amplitud y consecuencias. Una vez más se lanza de forma ciega hacia cualquier cosa que crea que le es útil para obtener beneficios electorales, aunque en esta ocasión lo tiene muy difícil.
El PP no va a mejorar la gestión del Régimen del 78, porque el Régimen del 78 en sí mismo es inadaptable a las necesidades de las clases populares, como lo era su antecesor, pero su victoria probablemente favorecerá el impulso del movimiento en contra de éste.
El Régimen cada vez es más decrépito, aunque pretenda vestirse de modernidad, más degradado y corrupto, aunque a base de inyectar dinero en una visión clientelar y pseudoperonista de la acción sociopolítica consigan mantener un cierto apoyo entre algunos sectores. Su gran logro ha sido incorporar a la derecha y a la izquierda soberanista catalana y a la izquierda soberanista vasca de forma plena al Régimen. Esto no reforzará estratégicamente a este y debilitará a las izquierdas soberanistas de esos pueblos.
La apuesta internacional del Estado español y todos sus apoyos está claramente equivocada desde el punto de vista de la defensa de los derechos de las clases populares de las naciones del Estado, y además pagarán un alto precio por ello, pero es muy coherente con la defensa de los intereses de las minorías oligárquicas españolas, así como de las catalanas y vascas, que son parte integrante de ésta y que están acopladas a la perfección a la realidad del Régimen como semicolonia del imperialismo yanqui.
Izquierda Castellana, 8 de abril de 2024


