“Cuando se tiene razón, ni la muerte puede acallarla”

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Toledo fue una vez una ciudad sitiada por las tropas del proyecto impulsado por la monarquía de los Habsburgo, que no era sino el de un Imperio capitalista en su fase mercantil que ya extendía sus tentáculos por Europa, América y África. Después de la batalla de Villalar, esta urbe, liderada por María Pacheco, una mujer tenaz y comprometida con la causa del pueblo a pesar de sus orígenes aristocráticos, resistió durante meses de privaciones el cerco de un ejército que los superaba en número y en recursos, pero jamás en razón. La ciudad fue finalmente sometida el 3 de febrero de 1522, esto es, hace exactamente 502 años. En el acervo popular, que se siga recordando a María Pacheco, a Juan de Padilla y a la Revolución comunera después de cinco siglos, en Villalar, en Toledo o en otros lugares, tiene que ver en parte con los elementos épicos, míticos y legendarios construidos alrededor de tal gesta, aspectos que innegablemente cuentan con trascendencia desde el punto de vista emocional; pero, sobre todo, se recuerda la Revolución comunera por la profunda dimensión social, económica y política de un proceso histórico que está profundamente arraigado en la memoria del pueblo castellano como el punto de inflexión entre lo que pudo ser y lo que efectivamente fue, como el momento en que un proyecto radicalmente innovador y adelantado a su tiempo fue desbaratado por la fuerza de las armas, el dinero y el poder que ostentaba la clase dominante. O en otras palabras, a los comuneros esencialmente se los recuerda con respeto, cariño y admiración porque tenían razón, y no han faltado en la posteridad sucesos que así lo evidencian.

Estudiar el pasado sólo tiene interés si nos sirve para entender y transformar el presente. Para conocer mejor nuestra historia, quienes apostamos por preservar el legado comunero como algo útil para la acción política en la actualidad, queremos impulsar una serie de actividades en las ciudades castellanas que nos permitan recorrer una rica tradición rebelde y luchadora. Nuestro pueblo puede presumir de haber protagonizado episodios históricos de gran dignidad colectiva. El sano orgullo, sin tropezar con el chauvinismo, es un elemento imprescindible para la articulación de cualquier movimiento popular auténticamente progresista. Castilla, aunque cuenta con un nada desdeñable embrión, está tremendamente necesitada de un movimiento comunero adaptado al siglo XXI que nos dignifique y que sirva para orientarnos en los tiempos difíciles en que vivimos, repletos tanto de retos como de oportunidades.

La agenda política de quienes se han llamado comuneros a lo largo del tiempo ha ido nutriéndose naturalmente de aspectos ideológicos basados en la justicia social, la soberanía, la solidaridad, la igualdad, el republicanismo, el socialismo, el feminismo o el internacionalismo. A lo largo de cinco siglos, cualquier expresión política correcta en Castilla ha querido ponerse al amparo de la Comunidad, tomándola como insustituible referencia. Ser comuner@ hoy es denunciar la explotación y luchar contra la miseria de la clase trabajadora; es defender los servicios públicos; es apostar por un medio rural habitable y un futuro para nuestra tierra; es defender los derechos de las mujeres ante la ofensiva patriarcal, venga esta ofensiva apadrinada desde la derecha o por una presunta izquierda; ser comuner@ es señalar que Castilla necesita convertirse en un sujeto político que ponga freno al ninguneo al que la somete el Régimen del 78, porque cualquier transformación económica, social, política y cultural en el Estado español tendrá que pasar necesariamente por una Castilla consciente de sí misma y de su papel; ser comunera/o es combatir el guerrerismo del sistema capitalista occidental, que ambiciona encontrar en el conflicto militar una tabla de salvación para su decadencia.

Ser comunera/o hoy significa apoyar la lucha de los pueblos por su liberación nacional y por su dignidad, haciendo su causa nuestra en la práctica de una solidaridad internacionalista que sea lo más efectiva posible. Desde el corazón del Toledo comunero, el 3 de febrero recordaremos muy especialmente a Palestina y a su heroica resistencia, convencidos/as de que, en esta ocasión, los sitiados pueden resistir las pretensiones del imperialismo, en este caso del sionista, e infligirles una importante derrota. Para profundizar en la situación en que se encuentra Palestina y en las tareas de la solidaridad, durante la jornada contaremos con la presencia de la militante Amira Cheik Ali. Asimismo, se presentará la Fundación Doris Benegas, un nuevo instrumento para ese movimiento comunero que en esta etapa histórica tenemos que terminar de alumbrar.

¡Viva María de Pacheco!

¡Viva la Castilla Comunera!

¡Viva la Resistencia palestina!

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