A vueltas con la investidura

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Finalmente Felipe VI, el actual Jefe del Estado español, ha encargado a Feijóo formar Gobierno, siguiendo la norma no escrita -pero realmente existente durante la Transición- de que el candidato más votado sea el primero en intentarlo. En caso de no conseguirlo, el segundo más votado tendrá tal encomienda; en ese caso, Pedro Sánchez. Desde los medios de comunicación más instrumentales al llamado “Gobierno de Progreso”, la hipótesis de que Feijóo fuera el primero en intentar formar Gobierno se consideraba como algo inaceptable y rechazable (solo basta con echar un vistazo a la hemeroteca). Una vez esto ha ocurrido, siguiendo la estrategia de comunicación sanchista, han pasado a contar que tal cosa es una maniobra más que inteligente del superestratega de La Moncloa: “Feijóo se cocerá en su salsa, y además no va a salir investido”. Empiezan a expresar cierto temor a un tamayazo, cosa que no parece muy verosímil, pero ellos sabrán el porqué de sus preocupaciones.

Con todo ello, que Feijóo se quede en una investidura fallida en lo relativo a conseguir ser presidente del Gobierno es más que posible. Pero el proceso puede tenerle diversas utilidades para proyectar una determinada imagen política. Sobre todo no hay que olvidar que el PP tiene mayoría absoluta en el Senado y gobierna en una buena parte de las Comunidades Autónomas. Parece que Pedro Sánchez, después de la evolución de Junts, tiene más posibilidades de ser investido presidente, pero con una precariedad parlamentaria, por la heterogeneidad de las alianzas, que pocas iniciativas reales va a poder llevar adelante, salvo aquellas al servicio de la guerra y el imperialismo. Ello supondrá aún una mayor pérdida de soberanía y peso específico del Estado español en el contexto internacional, tal como viene ocurriendo en los últimos años.

El movimiento comunero del siglo XXI pretende derrotar al Régimen del 78, al Régimen de la II Restauración Borbónica, pero para nada queremos que la potencialidad de intervención de un Estado republicano -que agrupe a los pueblos que libremente así lo deseen- nazca sin capacidad de influencia internacional en todo aquello que nos atañe, en ocasiones de forma muy directa: la lucha por los derechos del pueblo saharaui; la posición ante la guerra; las alianzas internacionales, políticas, económicas y militares, etc.

Queremos que ese nuevo Estado de los pueblos, que ha de nacer sobre las cenizas del actual y no sobre ciertas reformas de este, juegue un auténtico papel a favor de la paz, del progreso, de la solidaridad internacional, contra la guerra y la destrucción de la naturaleza, cuyos principales responsables son el imperialismo y sus secuaces. El vertido de aguas radiactivas de Fukushima al Pacífico es un claro ejemplo de lo que decimos.

Queremos una República popular que defienda de verdad la lucha y los derechos de las mujeres y que acabe con la violencia de género, esencialmente vinculada al sistema capitalista patriarcal. Todo ello para obtener resultados tangibles, no para hacer politiquería.

Estos años pasados de “Gobierno de Progreso” han sido liquidadores para el conjunto de los Pueblos del Estado español, pero muy especialmente para Castilla.

Este tiempo nos demuestra también que el bloque dominante español está dividido, y que ya no goza de la unidad que tuvo en otros momentos. Ahí están la fracción del bloque dominante autodenominado de izquierdas, que tiene de izquierdas lo mismo que Zelensky; y la fracción del bloque dominante autodenominado de derechas, que al menos no miente tanto sobre cuáles son sus auténticas intenciones. Ninguno de ellos plantea soluciones aprovechables para nuestro pueblo. Solo la ruptura con el Régimen actual y el inicio de procesos constituyentes nos puede llevar a la victoria, que sin ser una tarea fácil no es imposible. Las condiciones maduran en el plano estatal. Mientras, en el plano internacional estas nunca han sido mejores que en la actualidad. Por poner un ejemplo, la II República, en un escenario internacional como el actual, sin duda habría triunfado sobre el fascismo.

Para finalizar este editorial, queremos expresar nuestra sorpresa porque la sesión de investidura coincida con el 48 aniversario de los fusilamientos de militantes del FRAP y ETA el 27 de septiembre de 1975, así como con la posterior concentración de apoyo al franquismo en la Plaza de Oriente con falangistas traídos de “todos los rincones de España”, presidida por Franco y Juan Carlos. Esta cuestión, la celebración de la sesión de investidura en esas fechas, es una auténtica vergüenza y una demostración de la falta de memoria y sensibilidad democrática del conjunto de las instituciones del Régimen de la Transición, que seguimos sufriendo.

Ilustración de Raúl Arias sobre los últimos fusilamientos del franquismo

Izquierda Castellana, 24 de agosto de 2023

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