Los apoyos del Gobierno en funciones, encabezado por el duopolio Pedro Sánchez-Yolanda Díaz, insistieron hasta el hastío en que votar era una obligación sacramental porque se dirimía nada menos que la elección entre el fascismo y la democracia; y que aquell@s que optaran por la abstención como opción política consciente estaban “condenados a los infiernos”. Ciertamente es factible que en la última semana de la campaña electoral, en esa en que legalmente no se pueden publicar encuestas -aunque sí hacerlas, tal como ha reconocido el CIS de Tezanos- esa campaña intimidatoria tuviera algún efecto en la opinión pública, y es posible que tal cuestión esté en la base de que la diferencia en votos y escaños entre el PP y el PSOE fuera menor de lo esperado. Pero en lo fundamental, los resultados del 23J lo que han puesto de manifiesto es el desgaste del Régimen del 78, el de la II Restauración Borbónica. Este está en una situación de crisis de tal gravedad que ya es totalmente ineficiente para gestionar la gobernanza del Estado español. Más de11 millones de personas optaron por la abstención, el voto en blanco o nulo. Es decir, el sector más mayoritario de la sociedad. Y ello tuvo un claro trasfondo político. Desde el movimiento feminista se llamó a la abstención o al voto nulo; desde sectores importantes del movimiento soberanista catalán se hizo un similar llamamiento, así como desde el movimiento comunero. La abstención tuvo un especial eco en algunos barrios obreros de Madrid. En síntesis, podríamos decir que la abstención o el voto nulo se ha consolidado en la actual coyuntura como la opción rupturista más cualificada, desde luego así ha sido en Castilla.
No es de extrañar que todas las fracciones del Régimen tengan auténtico pánico a la repetición de las elecciones. Estamos en pleno jolgorio para ver quién se queda con los mejores trozos del reparto del pastel institucional: el Congreso y el Gobierno con sus respectivos ministerios. Aunque en principio el PP de Feijóo cuenta de entrada con 172 diputados, a cuatro de la mayoría absoluta, el duopolio Sánchez-Díaz mantiene que tiene asegurada la continuidad del Gobierno, aunque ciertamente no explican las cuentas. En cualquier caso es una opción que no hay que descartar, porque como decíamos en nuestro anterior editorial, Pedro Sánchez es el hombre de la OTAN y del imperialismo en España, valoración que podemos aplicar con todo el rigor al conjunto de su Gobierno. Nos han pretendido vender la moto de que ellos representan la izquierda (además, la izquierda que lucha contra la derecha). Vamos a detenernos aquí para aportar alguna reflexión sobre tal cuestión. ¿Es de izquierdas dar la espalda a la lucha del pueblo saharaui por su soberanía y apoyar sin el menor escrúpulo la opción de Marruecos de convertir ese territorio en una provincia del reino alauita? ¿Es de izquierdas apoyar la guerra que se desarrolla en Ucrania contra Rusia por parte de la OTAN?¿Es de izquierdas colaborar, cuando no son los protagonistas, de las masacres sobre los inmigrantes en los territorios de Ceuta y Melilla? ¿Es de izquierdas incumplir las promesas electorales y aún por encima reforzar las leyes represivas, tal como ocurrió con la Ley Mordaza y el Código Penal? ¿Es de izquierdas promulgar leyes que beneficien a aquellos que ejercieron violencia de género de forma descarada y previsible?¿Es de izquierdas mantenerse de brazos cruzados ante la auténtica matanza de mujeres que se está dando a lo largo de 2023, muy especialmente en las últimas semanas?Podríamos seguir, pero creemos que con los ejemplos es más que suficiente. Este no es un Gobierno de izquierdas.

Las opciones de Gobierno que se ofrecen actualmente no van más allá de las que representaban el partido conservador y el partido liberal en la Primera Restauración Borbónica y que concluyó con la proclamación de la II República. Actualmente esa es de nuevo la alternativa, la proclamación de la III República y la puesta en marcha de procesos constituyentes para que los Pueblos del Estado decidan cómo debe de ser esa III República. Ahora mismo, lo que están tratando es de ver quién va a gestionar durante un tiempecillo la continuidad cada vez más precaria del Régimen del 78. Pedro Sánchez, a pesar de haber perdido las elecciones, tiene la posibilidad de hacerlo, derivada de ser el preferido del imperialismo y la OTAN, y tiene unos cuantos méritos para ello de los que puede alardear: la neutralización de una parte significativa del movimiento soberanista catalán y la incorporación al Régimen del 78 de la izquierda abertzale son dos cuestiones de indudable mérito. Pero también es muy cierto que en el plano internacional y geoestratégico las cosas pintan muy mal para el imperialismo. En Ucrania, a pesar de la manipulación mediática, las cosas difícilmente les podrían ir peor. En Asia y a nivel global son incapaces de frenar el avance en todos los terrenos de China. Los BRICS se muestran cada vez más como una alternativa al utilitarismo imperial. Según sus cálculos, Rusia tendría que estar acabada, especialmente a nivel internacional; y de pronto no pueden ocultar que su papel en África es cada vez mayor, muy especialmente en el Sahel. Amenazan con llevar adelante una intervención militar en Níger si la actual Junta de Gobierno no repone en sus cargos al presidente que a Francia y EEUU les interesa; el 10 de agosto probablemente tomarán la decisión definitiva sobre tal asunto. Empezaron muy gallitos, pero fueron rebajando el tono, porque con el evidente fracaso militar en Ucrania tienen bastante, aunque tampoco pueden dejarse arrebatar espacio a su proyecto neocolonial. Probablemente habrá intervención militar encabezada por Nigeria, pero instrumentalizada por el imperialismo occidental en Níger, en lo que sería un paso más hacia la guerra global, pero también hacia la más que probable derrota del imperialismo.
La dirigencia occidental se ha hecho terraplanista, totalmente estúpida, pero tienen aún mucha fuerza bruta en sus manos y la hegemonía de los medios de comunicación, que son aún más beligerantes que los propios ejércitos; sin duda van a utilizar todo su potencial para mantener el poder.
La película Oppenheimer es una buena exposición de la filosofía del imperialismo. No había ninguna necesidad objetiva para utilizar la bomba atómica, pero la utilizaron doblemente porque el imperio yanqui quería demostrar que eran los que tenían mayor capacidad destructiva del mundo. Acabar con el imperialismo y sus aliados es una necesidad vital para la humanidad. Nos jugamos nuestra supervivencia.
Izquierda Castellana, 10 de agosto de 2023