Contando mentiras

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En España no hay racismo, ni corrupción, ni manipulación del voto, ni terrorismo de Estado, ni policía corrupta. Y además, la familia Borbón, propietaria de la Jefatura del Estado, es ejemplar, empezando por su patriarca, Juan Carlos I, que trajo la democracia y otras muchas maravillas. Los que dicen lo contrario son simplemente “los enemigos de España”.

Aquí todo es ejemplar, hasta la prensa, que se encarga de informar con precisión cada día de lo que acontece en el territorio propio y más allá. No hay más que comprobar el rigor informativo e intelectual con el que nos “cuentan”, nunca mejor utilizado el verbo, lo que ocurre con la guerra en Ucrania y todo lo relacionado con ella. Hay una antigua canción infantil llamada “Vamos a contar mentiras”; en el Estado español, y de forma cada vez más generalizada en el mundo occidental, esa es la filosofía que inspira la labor de los medios de comunicación y el entramado institucional en su conjunto.

Todo tiene un final, y parece que estamos en el principio del fin del Régimen del 78 y también del marco internacional en el que se encuadra desde su nacimiento, el imperialismo angloamericano. No deja de ser curioso que haya sido durante un proceso electoral cuando hayan ido apareciendo con toda su crudeza y amplitud las taras del Régimen y de sus instituciones. Es lo que tienen las elecciones, que para ganar votos las diversas bandas contendientes necesitan airear los trapos sucios de sus contrincantes, y eso, en un grado de corrupción como el que ya existe, lleva a que la mierda aparezca como la cuestión estructural y generalizada que realmente es.

A Pedro Sánchez y compañía, que cada vez se parece más al Pedro del cuento infantil, el de “que viene el lobo”, se le ocurrió la genial idea de anunciar en los mítines electorales de los viernes las medidas que iba a tomar en el Consejo de Ministros del martes siguiente, lluvia de millones de por medio, con la finalidad de resolver imaginariamente los problemas graves que se interponen en el camino de su “victoria electoral”. Por supuesto, mentira tras mentira, a sabiendas de que la UE va a poner en marcha a partir de 2024 -de hecho, ya han empezado con los preparativos- un régimen fiscal severo para disminuir de forma abrupta el déficit público, ya inasumible, en una situación de crisis económica como la que está padeciendo el Sistema, pero que nos repercute a todos/as.

Pero aún hay personajes más poseídos por el pensamiento mágico malicioso que Pedro Sánchez. Ahí está el corrupto Borrell, convertido en “mariscal de campo virtual” con un claro espíritu criminal, formando equipo con Von der Leyen, también corrupta hasta la médula y con similares impulsos criminales. Es el signo del capitalismo no ya tardío, sino podrido. Si transitamos el camino que nos trazan, estamos perdidos como género humano.

La legitimidad del Régimen del 78 y sus políticas actuales están bajo mínimos. Su supervivencia se hace en base a generar cada día más dificultades para la vida digna en todos los sectores sociales: juventud, mujeres, campesinado, mayores, trabajadores de la industria y de los servicios, estudiantes, etc. Hablar hoy del mundo de la ciencia y la cultura es casi una pura entelequia. Todo se ha reducido a la cocina, y los concursos de televisión son una expresión de ello. Consideran que el único futuro que tienen los pueblos del Estado pasa por el turismo en cualquiera de sus variantes, asociado con la sobreexplotación de la naturaleza y de la clase trabajadora: energías alternativas basadas en la liquidación de terrenos agrícolas, precarización de la vida laboral, con el consiguiente aumento de los accidentes laborales y de las muertes, incremento de la violencia de género y su banalización, a lo que tanto ha contribuido el Ministerio de Igualdad, etc.

Fuente: eldiario.es

Este Régimen tiene que ser liquidado por la lucha popular, porque no solo no es útil para el avance social, sino que cada vez genera un mayor sufrimiento, y en vez de resolver los problemas, los reproduce y los acentúa de forma notoria. 40 años de Régimen de la Monarquía borbónica evidencian esto, pero cada vez se hace más claro y ostensible. O acabamos con el Régimen monárquico protofascista del 78 o este acabará con nosotros. Es una cuestión de pura supervivencia.

En el movimiento comunero estamos en esa tarea, y hasta el final. Conocemos los riesgos porque en alguna medida ya los hemos sufrido, pero los asumimos porque tenemos dignidad, patriotismo y plena confianza en las capacidades de nuestro pueblo.

Izquierda Castellana, 26 de mayo de 2023

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