Tras una larga enfermedad, esta madrugada ha fallecido Enrique de Castro, amigo y cura en esta parroquia de Entrevías.Con tristeza por la marcha y alentando la Esperanza que él nos transmitió, le despediremos mañana Jueves día 16 a las 13:00h. en el crematorio de la Almudena. pic.twitter.com/ZSfk6iKfAp
— San Carlos Borromeo (@EntreBorromeos) February 15, 2023
En el año 1973, Enrique y su compañero Fernando Carracedo revolucionaron el Alto del Arenal con sus misas participadas, abiertas a la gente. «Colocábamos los bancos de la iglesia en semicírculo y en el mismo plano el altar, que desde ese momento se convierte en mesa», contaban.
Tardó poco en correrse la voz de lo que estaba ocurriendo en la parroquia de Castro: el cambio de casullas por vaqueros, la retirada de las velas de a duro y el cestillo, la supresión de las misas de niños “porque no había que engañarles” o su confesión “porque los niños no pecan”.
“En ese momento –resume– el Evangelio dejó de ser doctrina y moral para convertirse en acción social. Para convertirse en lo que es: la buena noticia de hacer que la gente coma, tenga agua o una vivienda digna”.
Las autoridades infiltraron policías en las celebraciones y Enrique comenzó a recibir las visitas de la Brigada-Político Social.
¡Cura Rojo! En 1975 se lo llevaron a la DGS y también a la cárcel de Carabanchel hasta once veces. ¡Bendita ‘transición’!
Después, en los 80, llegó la lucha contra la droga y la oposición de algún compañero de la parroquia San Pablo por cobijar a los yonquis del barrio, le obligaron a mudarse a San Carlos Borromeo, la Iglesia de Entrevías.
Allí creó la Asamblea de Madres contra la droga. “En el año 85, durante treinta días, estuvimos denunciando en los medios los puntos de venta de droga; pero, por encima de eso, la connivencia y la corrupción policial que llevamos hasta el Congreso de los Diputados ante la pasividad de la Justicia”, cuenta Enrique.
Años después, San Calos Borromeo se volcó en la inmigración y en buscar casas, no para dar acogida, sino para compartir con personas sin recursos.
La parroquia se convirtió en hervidero de movimientos sociales con las Semanas de Lucha Social, que arrancaron con una protesta en la Catedral de la Almudena, y los encierros con insumisos, okupas, etc….
Pero la aparición de Enrique en TVE hablando con normalidad de homosexualidad, aborto y defendiendo la desaparición del Vaticano y la publicación de su último libro «La fe y la estafa», colman la paciencia del ultraconservador Rouco Varela, que en el año 2006 amenaza con el cierre de San Carlos Borromeo. Pero la lucha sigue y Borromeo (así, a secas) es la ‘sede’ de numerosos colectivos activistas como Madres contra la Represión y de un sinfín de asambleas y reuniones.
En 2015, la Borromeo recibe el premio de Derechos Humanos. La Borromeo es como un paraguas donde muchas personas y colectivos hemos tenido refugio ante los tormentos de la vida y las tormentas de la injusticia. Gracias por todo y hasta siempre, Enrique.
