La “agenda oculta” del imperialismo, de la que el “Gobierno de Progreso” es plenamente cómplice
En el pasado siglo, el proyecto nazi tuvo una doble agenda oculta, hacia el interior y hacia el exterior. En el interior de Alemania se trataba de neutralizar y liquidar toda oposición. El proyecto nazi se revistió de diversos elementos progresistas, empezando por el propio nombre (nacionalsocialismo) o el reconocimiento formal de ciertos derechos de las clases trabajadoras, aquellos que por supuesto no cuestionasen el objetivo principal de aquel Régimen: la recuperación de la hegemonía y de la tasa de ganancia del gran capital germano, que al fin y al cabo fue quien financió el ascenso y sostenimiento del Régimen nazi. Este ascenso también estuvo acompañado de una serie de leyes que pretendían apuntalar una visión progresista del nacionalsocialismo; como un hecho no menor, entre las primeras leyes inspiradas por el Gobierno nazi y aprobadas en el Reichstag se encuentran aquellas relativas a la defensa de los animales. El nazismo, tal y como está ocurriendo ahora, impulsaba una ideología transhumanista que le permitía configurar en el imaginario social una categoría de infrahumanos, en este caso desde un punto de vista racial y de clase. Paralelamente se elevó la consideración de determinados animales: un perro para los nazis era mucho más valioso que un rojo, un judío o un gitano. La persecución también se extendió a los homosexuales, muy especialmente a partir de la Noche de los Cuchillos Largos en 1934. Sobra hacer paralelismos con la actual situación. Quizás el episodio históricamente más conocido para hacer irrumpir aspectos secretos de esa agenda oculta fue el incendio del Reichstag, del que se responsabilizó a los comunistas, especialmente al dirigente búlgaro de la III Internacional, Georgi Dimitrov.

En el juicio en su contra, este consiguió desenmascarar la maniobra y finalmente se supo que los responsables de la destrucción del Parlamento habían sido los propios nazis. El otro campo principal de esa agenda oculta fue el rearme alemán para preparar la II Guerra Mundial. El Tratado de Versalles, que configuró las condiciones que se impusieron a Alemania después de la derrota en la Gran Guerra (1914-1918) impedía que Alemania rehiciese sus ejércitos, incluyendo la Marina y la Aviación. Los nazis rompieron ese acuerdo e iniciaron un proceso -secreto, pero intenso- de construcción de sus ejércitos, algo que lograron en pocos años.
Aunque este ejemplo de “agenda oculta” es tal vez el históricamente más significativo, no es una excepción en el Sistema capitalista. Entre otros casos destacables está el de la voladura del Acorazado Maine en el puerto de la Habana por los yanquis, que supuso la justificación para el inicio de la guerra hispanoamericana en 1898. Actualmente estamos asistiendo a un nuevo caso histórico de gran alcance de esas “agendas ocultas”, que van aflorando cada vez de forma más explícita. El incumplimiento de los acuerdos de la OTAN con Gorbachov o el incumplimiento de los Acuerdos de Minsk para resolver el problema del Donbass son ejemplos que condicionan en muy buena medida la actual guerra de la OTAN contra Rusia que se desarrolla en suelo ucraniano.
El imperialismo y el capitalismo occidental atraviesan una gravísima crisis, no solo económica, sino también social, moral, artística, cultural (en los últimos años no hay producciones culturales de interés en el mundo capitalista) y científica (estancada en Occidente, dedicándose a dar vueltas sobre las mismas cosas). ¿Cuáles son los valores hegemónicos en la sociedad occidental? El individualismo más atroz y el irracionalismo más bárbaro. El principal objetivo del imperialismo/capitalismo es recuperar la hegemonía, sobre todo en el plano económico, pero en las actuales circunstancias les resulta imposible conseguirlo por vías ordinarias. Por ello necesitan recurrir a la guerra cada vez de forma más intensa y global.
Nos encontramos en la situación en que los grandes poderes del Sistema imperialista-capitalista a nivel mundial están dando un nuevo impulso a lo que podríamos llamar el nazi-fascismo del siglo XXI, en el que desde el punto de vista ideológico juega un papel muy importante el pensamiento queer y sus derivados, como el transhumanismo. Del viejo nazi-fascismo han reciclado, especialmente en los EEUU, un conjunto de cuestiones en diversos campos. Es bien conocido cómo en su momento el bloque dominante yanqui favoreció administrativa y financieramente la emigración de una parte del aparato nazi alemán a los propios EEUU, y que allí jugaron un papel más que significativo (Dornberger, von Braun, von Ohain, etc).
El llamado Gobierno de Progreso, especialmente Podemos, se presta de forma consciente a impulsar tal proyecto en el Estado español, en especial reforzando y legislando sobre las bases filosóficas e ideológicas del pensamiento queer. La otra pata de ese proceso es la implicación absoluta en la guerra de la OTAN contra Rusia en Ucrania.
No les está resultando fácil, y la resistencia a ambos aspectos de esa política con “agenda oculta” es cada vez mayor. Quizás de nuevo, como sucedió con la resistencia antifascista en los años 20 y 30 del pasado siglo, los pueblos del Estado español y particularmente Castilla, con Madrid a la cabeza, estemos a la vanguardia de esa resistencia.

EEUU tiene una muy débil tradición cultural en positivo. En sentido estricto, no tienen una producción artística propia. La tradición cultural fundamental de los yanquis está basada en la violencia, el crimen y la rapiña desde sus orígenes. EEUU se construyó inicialmente sobre el genocidio de los pueblos indígenas o su destrucción cultural y humana. Podríamos decir que la historia de los EEUU de Norteamérica es la de la fase más depredadora del capitalismo; una historia de violencia sistemática contra los pueblos originarios, el robo de territorio a los Estados limítrofes, como el caso de México, o el saqueo de otros más distantes mediante las invasiones que llegan hasta nuestros días. El pueblo ruso, por el contrario, tiene una larguísima tradición cultural en todos sus aspectos: literatura, danza, teatro, música… y, por supuesto, en el terreno de la ciencia y la tecnología. Pero sobre todo, Rusia fue el primer país que protagonizó una Revolución socialista, y eso el capitalismo ni lo olvida ni lo perdona.
El Gobierno español, como representante cualificado del bloque dominante español y en consonancia con el capitalismo europeo e internacional, ha optado claramente por un bando en la guerra que se desarrolla en Ucrania: el del neofascismo y el del capitalismo ultraliberal. Esta opción es plenamente coherente con el pensamiento franquista y da continuidad a la División Azul. Como en aquella ocasión, no solo se está optando por el “bando de los malos”, sino también por los más que potenciales perdedores.
Izquierda Castellana, 10 de febrero de 2023