Siete días han pasado desde el asesinato en la madrugada del sábado 3 de julio en A Coruña de Samuel. A pesar de que hay numerosos vídeos que recogen el desarrollo de los hechos y testigos presenciales de gran credibilidad (que ofrecen descripciones detalladísimas de lo ocurrido, así como del número de participantes en el asesinato a golpes), la policía aún no tiene una hipótesis suficientemente sustanciada o “modelada” sobre el -sin duda razonable alguna- crimen fascista y homófobo.
La forma de matar a Samuel fue bárbara. Agredir en grupo mediante puñetazos y patadas, una vez en el suelo y hasta la muerte, es de una crueldad absolutamente inhabitual y solo practicada por grupos fascistas. Cabe recordar la muerte de Jimmy, el hincha del Dépor asesinado en Madrid por ultras del Atlético el 30 de noviembre de 2014.
Sería muy conveniente situarse por unos segundos en la situación por la que pasó Samuel, la de ser golpeado por un numeroso grupo hasta su fallecimiento. Esta forma de matar solo ocurría con cierta frecuencia en los asesinatos de “rojos” por los fascistas en el marco del levantamiento de julio de 1936 en aquellas zonas que quedaron bajo mando franquista.
Es curioso observar en paralelo cómo desde la Jefatura de Policía o la delegación del Gobierno en Galicia se filtran datos que objetiva y potencialmente favorecerán a los asesinos en el proceso judicial, al que algunos de ellos -por mucho que tapen y oculten desde las instituciones responsables de esclarecer este crimen- se tendrán que enfrentar.
Si un crimen es de carácter homófobo y/o fascista tiene el agravante del delito de odio, y ello debería llevar un incremento de las penas. La Policía ha filtrado ya varias veces que no parece probable que haya sido un crimen homófobo, y la razón que dan para ello es que agresores y agredido no se conocían previamente de nada. ¿Es creíble tal cuestión? Por supuesto que no. Las testigos han reiterado que el agresor inicial, antes de comenzar esta, le llamó “maricón”, y que similares expresiones se repitieron de manera reiterada en la segunda parte de la agresión (la de carácter grupal que finalmente produjo la muerte de Samuel). Estamos hablando de una madrugada en una zona de copas en la Playa de Riazor en A Coruña. Para imaginarse que alguien es “maricón” habitualmente no hace falta tener una amistad estrecha y larga; a menudo el aspecto de las personas que en gran parte han superado el temor a expresar su orientación sexual facilita esa identificación. Por otro lado, las agresiones fascistas u homófobas no suelen ir precedidas de conocimiento profundo de los agresores hacia los agredidos, ni tan siquiera superficial. Los agresores fascistas u homófobos seleccionan a sus víctimas simplemente por “las pintas”; no les hacen falta más datos. La otra cuestión que reiteran las fuentes policiales y de la que los medios se hacen eco de forma totalmente acrítica es que el agresor inicial estaba ebrio, es decir, que no tenía pleno control sobre sus actos.
No sabemos con exactitud quiénes son o a qué sectores sociales pertenecen los agresores de Samuel, pero las prácticas policiales se acercan mucho a lo que podríamos denominar encubrimiento. Por algo será.
Para más inri, y eso sí que lo resuelven antes de 48 horas, sin necesidad de investigación alguna y solo recurriendo a su inventario, la Policía de Madrid informa con todo detalle a sus medios favoritos (OkDiario, ABC, etc.) que detrás de los sucesos de la manifestación de Madrid del lunes 5 en homenaje a Samuel y denuncia de su asesinato estaban los mismos grupos que respondieron en Vallekas a la provocación de Vox durante la pasada primavera. Cómo no, citan de forma desvergonzada a la Coordinadora Antifascista e Izquierda Castellana, entre otras organizaciones. La lentitud e ineficiencia policial, depende de qué casos se trate, se convierte en «eficacia y rapidez absoluta».
La Policía Nacional viene demostrando a lo largo de los años una tremenda incapacidad científica y una descarada parcialidad ideológico-política. Todos los asuntos relacionados con los intentos de encubrir la actividad delincuencial de los Gobiernos del PP que ahora están saliendo a la luz, o los intentos de “montar pruebas” contra el movimiento republicano y soberanista catalán son ejemplo de ello.
En reiteradas ocasiones, militantes de nuestra organización hemos sufrido montajes policiales que finalmente han podido ser desmontados en los juicios correspondientes. El último, el realizado en la Audiencia Provincial de Madrid en el pasado diciembre por los hechos ocurridos en una manifestación contra la corrupción monárquica y por la República en octubre de 2014.
Esta Policía heredada del franquismo es absolutamente incompatible con un Estado democrático y de derecho.
Para finalizar este artículo queremos reflexionar sobre el cómo se ha ido filtrando la información sobre el asesinato de Samuel a los medios y a la opinión pública. Los hechos ocurrieron en la madrugada del viernes 2 al sábado 3 de julio. El sábado 3 por la tarde estaban convocadas en Madrid y otras ciudades manifestaciones en relación con el Día del Orgullo. Haber conocido esa información en toda su amplitud antes de la manifestación de Madrid obviamente hubiera supuesto una conmoción para la mayoría de l@s asistentes. De nuevo creemos que estamos ante un tremendo ejercicio de manipulación mediático-policial. La primera información sobre la cuestión aparece a las 11:32 en La Opinión de A Coruña. Reproducimos textualmente:
Un joven de 24 años ha fallecido esta mañana en el Complexo Hospitalario Universitario A Coruña tras haber sido agredido de madrugada, sobre las tres de la mañana, en la zona del paseo marítimo con la avenida de Buenos Aires, según confirman fuentes de la Delegación del Gobierno.
La Policía Local intervino en un primer momento, pero la investigación la lleva ahora la Policía Nacional. Fuentes cercanas al caso indican que el fallecido, de iniciales S.L.M., fue agredido en la calle y que no se utilizaron armas en la pelea. Por ahora no hay detenidos. Fuentes cercanas a la investigación apuntan también a que la agresión comenzó porque el joven estaba haciendo unas fotos o una videollamada y un grupo de personas le increpó y le dieron una paliza.
La Policía Nacional está ahora revisando las cámaras de seguridad de la zona para tratar de identificar a las personas que participaron en la agresión.
Los servicios médicos intentaron reanimar a la víctima durante dos horas. El joven tenía múltiples golpes en la cabeza, aunque la causa del fallecimiento la confirmará la autopsia.
A las 14:25 la Agencia Europa Press recoge la información con similares características a la del periódico citado.
Es muy significativo observar cómo la información en su auténtica dimensión no se conoce hasta el domingo 4 de julio, y ello además porque las testigos principales, ante las informaciones aparecidas, contaron la versión de los hechos.
Esta manipulación mediático-policial es habitual en el Estado español. Cuando se produjo el asesinato de Carlos Palomino en Madrid por parte de un militar fascista la información se congeló durante muchas horas para intentar limitar su repercusión social.
Sería de interés hacer una reflexión más. Imaginémonos cuál hubiera sido el tratamiento mediático si algo parecido hubiera ocurrido en Rusia o en Bielorrusia.