Crisis, irracionalismo y fascismo
En los años previos a la llamada I Guerra Mundial o Gran Guerra, pero muy especialmente en el periodo de entreguerras, se dio un significativo impulso al «pensamiento irracional» o «pensamiento mágico». Esta corriente adquirió la forma de una gran cruzada en contra del pensamiento racional y científico. Uno de los ejes clave de esa cruzada, esencialmente reaccionaria y protofascista, fue sobre la teoría del conocimiento. Después veremos cómo el crecimiento y desarrollo del fascismo político necesitaron de ese proceso previo (el impulso a la irracionalidad) en el campo de las ideas, de la filosofía.
En el último tercio del siglo XIX, e incluso durante la primera parte del siglo XX, se logró un gran impulso al conocimiento y sobre todo a la teoría del conocimiento mediante la metodología científica. Por ejemplo, se pudo establecer en base a tal método que las enfermedades transmisibles (infecciosas) necesitaban una estructura viva capaz de materializar esa transmisión. Después se fueron conociendo y clasificando los diferentes organismos con tal potencialidad: bacterias, virus, hongos, priones, etc. Esto, visto en perspectiva, puede parecer algo muy simple y sencillo, pero ese descubrimiento supuso un cambio radical en la concepción y abordaje de la enfermedad, y por supuesto de las epidemias.
La metodología científica para ampliar el campo de los conocimientos confronta desde siempre con el formato mágico del conocimiento. Son ejemplos históricos bien conocidos las revolucionarias aportaciones a la astronomía de Nicolás Copérnico y Galileo Galilei durante los siglos XVI y XVII, al defender y demostrar la existencia de un modelo heliocéntrico -esto es, la concepción de que la Tierra y los otros planetas giraban alrededor del Sol-, frente a la concepción medieval, que era geocéntrica (la Tierra como centro del Universo). La contribución de ambos al conocimiento de la astronomía chocó con la condena por parte de la Iglesia Católica, en cuanto ese conocimiento, científicamente adquirido, colisionaba con el conocimiento «divinamente institucionalizado».
La ofensiva brutal del irracionalismo protofascista en la época de la I Guerra Mundial y de la época de entreguerras se dio en el marco de una profunda crisis del sistema capitalista. Esta crisis fue precisamente la condicionante estructural principal de la Gran Guerra, pero también de la enorme crisis de sus modelos políticos, lo cual llevó al impulso de diferentes movimientos revolucionarios en diversos países europeos, y muy especialmente en el Imperio ruso con la Revolución soviética. El atraso económico y político del Imperio ruso, así como su gobernanza totalmente irracional, fueron algunas de las bases para el éxito de la Revolución soviética. Rusia era en aquel entonces, tal como es ahora el Estado español, el eslabón débil del capitalismo occidental.
Los irracionalistas cuestionan el método científico como método para ampliar el campo de los conocimientos y contraponen métodos puramente idealistas, como por ejemplo el de la intuición (no confundir con la inducción o deducción).
A los primeros representantes del irracionalismo contemporáneo, filosofía de especial repercusión en Alemania, se les podría denominar «grandes filósofos», porque aun teniendo una línea de pensamiento errónea y claramente reaccionaria, gozaban de un cierto nivel intelectual en su desarrollo. Hablamos de personajes como Schopenhauer o Nietzsche, pero a medida que la filosofía se fue ajustando más a las necesidades políticas del fascismo, el relevo fue tomado por puras escorias de la filosofía, como Rosenberg, quien fuera el ideólogo preferido del nazismo*.
El irracionalismo nunca fue derrotado plenamente como corriente filosófica, pero con la derrota política y militar del nazi-fascismo (que, por cierto, tampoco fue plena) este quedó seriamente arrinconado, o más bien convenientemente replegado. A partir de los años ochenta del siglo XX, pero muy en especial en los últimos veinte años, asistimos a un nuevo impulso del irracionalismo. Como en su etapa más florida anterior, este viene asociado a una profunda crisis estructural del capitalismo y de sus formas de dominación políticas y culturales.
Obviamente el irracionalismo no se presenta como tal; este se envuelve en aquellos ropajes adecuados que le permiten vender su producto, atrayendo a determinados sectores de la sociedad que por sus características son fácilmente manipulables.
Varias de las corrientes irracionalistas de nuestra época se originan en los EEUU. Entre ellas tenemos una de especial importancia por su repercusión en el movimiento social, tal cual es el pensamiento queer. Presentando formalmente como una corriente de rebeldía, es de una utilidad estratégicamente inestimable para la consolidación del sistema patriarcal-capitalista en estos tiempos.
Parte de ese pensamiento irracionalista se encuentra plenamente instalado en el Gobierno. Como ejemplo más emblemático de ello está el llamado «Ministerio de Igualdad» y su proyecto de «Ley para la igualdad plena y efectiva de personas trans», desde el que se está impulsando una batalla de fondo contra el movimiento feminista. La ausencia más que significativa de las organizaciones de esa órbita en las convocatorias del 25-N contra la violencia sobre las mujeres ha sido muy expresiva de esto que decimos.
El pensamiento irracional ha ocupado también en muy buena medida la respuesta a la pandemia Covid-19 en los países capitalistas, que en el caso del Estado español podemos decir que es absoluta (es muy recomendable la lectura de este texto, publicado en el British Medical Journal: «Covid-19: politización, «corrupción» y supresión de la ciencia«). El desprecio por el estudio concreto de la evolución de la pandemia en el Estado español; el rechazo institucional por dos veces a la solicitud hecha por un cualificado grupo de científic@s a través de la revista The Lancet al Gobierno español para realizar tal estudio, sin que tan siguiera tuviera respuesta a ello; la falta de transparencia en todos los datos, llegando a negar la información sobre la composición del «comité científico que asesoraba al gobierno» (argumentaban que para proteger a sus miembros, ¿y quién protege al conjunto de la sociedad de ese comité?); la negativa de la UE a dar información sobre el nivel de gastos en relación con la compra de las vacunas, ¿por qué será?…
El pensamiento mágico se extiende también a la creencia de que las vacunas resultarán la solución final global al problema de la pandemia, lo cual demuestra una mezcla de ignorancia y manipulación sobre el asunto. Por supuesto que no nos oponemos a las vacunas, todo lo contrario, pero exigimos que estas cumplan toda la normativa científica en su elaboración antes de ser administradas a la población. Hay abundantes ejemplos históricos de sus efectos adversos cuando esto no ha sido así.
El gran filósofo húngaro Georg Lukács hace en su libro «El asalto a la razón» (publicado en 1959) un análisis del mayor interés filosófico y político sobre el ascenso del irracionalismo y su conexión con el fascismo. Desde luego no podemos esperar a que pase este ciclo político para denunciar la conexión entre el nuevo irracionalismo y los nuevos fascismos, más peligrosos que los que recurren a las viejas liturgias ya denostadas por la mayoría de la sociedad, tal como es el caso de Vox.
Izquierda Castellana, 26 de noviembre de 2020
* A. Schopenhauer (1788-1860) fue un destacado representante del pesimismo filosófico, que se caracteriza por negar el progreso de la civilización.
F. Nietzsche (1844-1900), muy influenciado por el anterior, es conocido por su nihilismo; puso el acento en el individualismo y en la idea del «superhombre», rechazando la razón como una atadura.
A. Rosenberg (1893-1946) fue uno de los ideólogos principales del nazismo, defensor de la teoría de la superioridad de la raza aria y estrecho colaborador de Hitler.